La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 26

                                       DAMIAN Y VICENTA SE HACEN NOVIOS

   Por el otro lado, parece ser que se les había despejado el horizonte, tanto a Damian como ha Amparín, pues tanto el hijo como la hija, llevaban tiempo saliendo en compañía. Al menos a Damian y  fue de una forma espontánea.
     Contaban que estando Damian en el bar de al lado de la notaria, tomándose una cerveza, después de cerrar a las 2 de la tarde y que llego un matrimonio y al ver que estaba la notaria cerrada, entraron en el bar y lo vieron en compañía de otro señor, y como se conocían, nada mas entrar se fueron al encuentro y es que no en balde, les hacían ellos todo el trabajo de notaria.
      Una vez saludados el recién llegado señor, le presento a su mujer y a su hija y Damian al estrecharle la mano quedo prendado, al menos de la hija.

     - ¿Hemos hecho tarde? – pregunto el señor “Pasiego”, como todos los que le conocían le llamaban.
     - ¡No, usted en casa nunca llega tarde! - les invitó a que tomaran algo a lo que ellos se negaron, argumentando que les estaban esperando.

     - Es que te hemos visto desde el coche y por eso ha sido entrar.

     - ¡Pues nada, entramos enseguida y le atiendo!

     - ¡Te quedaríamos muy agradecidos, Damián!

     Y así lo hicieron, entraron y les sacó los documentos que iban buscando, y mientras  el matrimonio buscaba lo que les interesaba, él quedó fijo en aquél monumento de hija que tenían, los padres, con el afán de encontrar lo que buscaban, no se daban cuenta de lo que pasaba a su alrededor, pero ellos si que aprovecharon para intercambiarse los teléfonos, pues luego más adelante cuando lo contaban dijeron que no fue un flechazo, sino un disparo al corazón, tanto en el del uno como en el del otro. Al rato después de tanto mirar y revolver, encontraron lo que deseaban con la ayuda de Damián y ya satisfechos y conformes, se dispusieron a marcharse, no sin antes agradecerles el favor muy encarecidamente.

       - A su disposición señores -  les despidió Damián, y es que el señor ”Pasiego” era uno de los mejores clientes que tenían.

     La hija le gustó porque él sabía mejor que nadie donde intentaba meterse, y lo consiguió, cuando lo dijo en casa, todos se asombraron:

     - ¡Pero si es uno de los más ricos de Valencia! - dijeron
     - ¿Que me vais a decir a mi?- respondió Damián - si les llevamos nosotros todo lo que tienen, pero no creáis que es por eso, no creáis que es por el dinero, la chica ya la veréis, a mi me ha gustado y es suficiente - argumentó Damián.

     Y con el tiempo, que es el mejor consejero, se despejó todo, llegaría a ser una gran señora, sencilla, agradable, lo que se dice una gran mujer, pero lo más bonito, es que era hija única y de presencia ya quedó dicho, era un monumento, o sea, que eran tal para cual. Damián tampoco se merecía menos.

     Por otro lado, la hija también se hizo novia, pero tuvo gracia la cosa, pasó que Vicenta estaba en la clase de los más pequeños y una mañana, se puso una niña a llorar dando gritos, y entonces Vicenta, como estaba al cargo de ellos, se le acercó y le dijo:

     - ¿Que te pasa cariño?

     Y ella no dejaba de llorar, la cogió de la mano, se la llevó con ella, y la sentó a su lado, haber si se le pasaba, se conformó un poco, pero viendo, al rato, que no le hacia caso, porque Vicenta tenia que cuidar también a los demás, pues muy espontánea, se levanto, y se puso en las rodillas de la maestra llorando

     - ¡Pero bueno!, ¿que te ocurre? ¡No llores más, que te vas a poner malita! – le dijo, con dulzura, Vicenta
     Pero ni por esas, ya sin saber que hacer, la cogió y se la puso sentada en sus rodillas, le acercó su cara a la suya y le dijo:

     - ¿Dime que es lo que quieres?

     - ¡Quiero que seas mi mamá! – contestó ella, tan espontánea

     - ¡Pero Maite!, ¿como quieres que sea yo tu mamá? – 
 a Vicenta le hizo gracia la ocurrencia de la niña

     - ¡Es que todas las niñas tienen mamá, y yo no!

     - ¡Ya lo se, Maite, tu mamá está en el cielo!

     - ¡Si, pero tu puedes ser mi mamá! – insistía la niña

     - ¡Mira, te vas a poner con tus compañeras, y deja de llorar!

     - ¡No, yo no me voy, me quedo aquí contigo! – sentenció, convencida

     - ¡Bueno, pero no llores!
 
     Y así hasta que llegó el momento de terminar la clase. Al levantarse, como todas y marcharse, le dio un beso a la maestra y se marchó como las demás. Cuando volvió al día siguiente, llegó y le dio un beso de nuevo, y se sentó, de nuevo a su lado, Vicenta no le dijo nada, aunque dijo para sí ¡ya se le pasará!. Y así estuvo otros dos días más, sin quererse separar de la maestra y ésta, al final, le dijo muy seria:

     - ¡Mira, tienes que sentarte con tus compañeras!

     Y Maite se puso a llorar de nuevo, entonces no le dijo nada más, pero si le dio una nota

     - ¡Le das esta nota a tu papá!

     Y como siempre, le dio un beso al despedirse, en la nota le ponía si podía venir después de la clase a hablar con ella, y así fue, el padre cuando vio que salían las niñas, se acercó y se saludaron, Vicenta le contó el comportamiento de la niña.
El hombre se llevó una gran sorpresa, dijo que él no sabia nada, y que en esos momentos estaba que no pensaba en nada más que si no fuera por ella no respondía por su vida:

     - ¿Usted cree que yo estoy para esas cosas? Le dijo el padre

     - Yo me lo figuro pero quería saber la opinión suya

     - ¡Pues puede usted creerme que es invención de ella, se ve que observa a las demás niñas con sus madres y le ha dado por hay, en fin, juzgue usted como quiera, pero le digo la verdad!

     Y esa fue la charla que tuvieron, había sido cosa de la niña. Pasaron los días y mira por donde Vicenta se fijó que la niña se había hecho amiga de otra niña y le propuso que si quería sentarse con ella, ésta aceptó, y así fue como se la pudo quitar de encima.
 
     Pasó todo aquel curso y parte del siguiente, y un día el  padre fue a recogerla y al verla como entregaba a las niñas,  desde aquel día de la charla, no la había vuelto a ver y entonces la saludo desde lejos, con la mano, ella le devolvió el saludo, y al parecer el creyó que le había insinuado que esperase y así lo hizo, con la hija en la mano espero que se marcharan las dos chicas, y cuando salio la maestra la abordó

     - ¿Quería usted hablar conmigo?

     - ¡No! - contesto Vicenta

     - ¡Ah, pues me he confundido!- contesto él
     Claro, desde la vez anterior a esta ya había trascurrido mas de un año, y los ánimos se habían serenado, pero parece ser que los dos estaban interesados en lo mismo, porque quedaron en volverse a ver en otra ocasión, y que no estuviera la niña con ellos.
     Tal fue el interés, que termino como quería Maite, siendo su mama. Desde luego que el hombre era un buen partido, era muy parecido a su hermano Damián, y hubo quien dijo  ¡la historia se repite!, porque como Damián, el termino por llevar la finca, porque ya éste iba menos por Albuixech, y es que ya se estaba haciendo mayor. Le vino muy bien, y además era de allí del pueblo y lo conocía muy bien.
     La niña tuvo su mamá, como ella quería y la maestra tuvo a su niña, le agrado bastante porque desde entonces, fue su ojo derecho en el colegio, lo mismo que en la casa, pues llego a quererla como una hija ¡quererla de verdad!
 
     Paso un tiempo y todos enterados de los planes, pensaron en casarse y al enterarse Damian y la novia, propusieron:

     - ¿Podríamos hacerlo los cuatro ese mismo día?
     Pero José, el novio de Vicenta, no lo vio oportuno, el era viudo y así lo comprendieron los demás, además él quería casarse en la iglesia de su pueblo, como había hecho la vez anterior, también a Vicenta le hacia ilusión ejercerla en su trabajo y así sus alumnas podrían acompañarla, y es que ella a las niñas la querían mucho, por eso le advirtió que todas fueran a acompañarla. Ella también les hizo un regalo a cada una de las niñas, para que tuvieran un recuerdo de su profesora.

     Acordaron que la boda seria a últimos de Junio, cuando empezaran las vacaciones y así pudieron ir todas las madres con las niñas del pueblo.
     Estuvieron todos en la boda, en la iglesia no se cabía, fue todo una gran fiesta y es que la simpatía que imantaba la profesora contagiaba a todos. Así que fue un acontecimiento como nunca se había visto otro igual. Y así lo recordaron todos.

     En  cuanto a Damián, celebraron su boda en el mes de Agosto, ya que hay menos actividad de trabajo. Lo celebraron, como sus padres, en la iglesia de San Agustín, como era costumbre hacerlo en esa familia, ya era una tradición celebrar los acontecimientos en esa iglesia.

     ¿Y que decir de la boda?, allí se junto la flor y nata de la fantasía combinada con el ¿quien puede mas?,y eso fue lo que pensó el marido de Vicenta cuando le propusieron casarse el mismo día. Pero a pesar de esas cosas inevitables todo salió muy bien, como era de esperar, entre ellos quedo en que fue el cual puede más. Y la otra había sido el romanticismo, la conveniencia, porque Maite ese día encontró a su madre, por la que tanto suspiraba.

     De esta manera quedaron Damian y Amparín solos, sin nadie de que ocuparse, pues los mayores habían faltado ya todos y los hijos estaban casados, entonces fue cuando les dio por pensar todo lo que había quedado por detrás, ahora José, el marido de Vicenta se hice con el puesto que ocupaba Damian, que junto con el marido de Rocío, llevaban la finca y Damian quedo como supervisor de todo.
     Y así transcurriría el tiempo, hasta que les llegara a ellos, también, la hora.

     A Damián tampoco le hubiera importado descansar en el pueblo que lo vio nacer, en aquél cementerio pequeño y tranquilo, como son los de los pueblos, pero ya se lo había pedido su mujer primera que lo enterraran en el panteón familiar, y lo mismo Amparín, ya que ambas habían suspirado por él y entre ellas no había rencor sino una palabra tan preciosa como es decir AMOR.

     Y esta ha sido la historia de aquél chico que tuvo que emigrar de su pueblo buscando el bienestar de él y de los suyos, y la suerte lo llevó a dar con ese pueblo llamado Albuixech, tan agrícola, al lado del mediterráneo, y encontrarse con una familia tan maravillosa también marcada por la tragedia. Y es que el destino siempre tiene guardadas cosas, aunque nosotros no nos lo esperemos, pero él supo impactar en ellos por buena persona que era y tan capaz para aguantar tanto sacrificio, y ellos por generosos supieron aunar que a pesar de los vaivenes del tiempo  supieron mantener con dignidad hasta los últimos días. Y es que tanto los unos como los otros se merecían un final como este. ¡Que todos descansen en paz!

 

                                                                        Vale.