La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                               Capítulo 24

                                                MERCEDES SE HACE NOVIA

   Todo quedó reestablecido de nuevo, cada uno en sus quehaceres, un día Damián, el hijo, de dijo a su madre:

     - ¡Mercedes sale con un amigo nuestro!

     - ¿No me digas?

     - Si, Yo los he visto juntos varias veces, creo que ella os lo dirá pero para que lo sepáis

     - Pues si te digo la verdad, me alegro mucho. ¿Y lo conoces tú?

     - ¡Si, y tú también!

 

     - ¿Yo? – preguntó intrigada Amparín

     - Si, es un amigo de la universidad, y ha venido alguna que otra vez con nosotros – le explicó Damián a su madre quién era, y finalmente su madre lo recordó

     - ¡Pues mira, me gusta!, ¿y qué estudiaba?

     - ¡Medicina, quería ser médico!, ¡tú no digas nada, ya se sabrá de modo oficial cuando ella lo diga en la casa!

     Pasaron unos días y efectivamente, Mercedes lo dijo en casa, señal de que el asunto iba por buen camino. Quiso decirlo en aquellos momentos, porque esa semana había dicho él que quería presentársela a sus padres y entonces quería Mercedes, que lo supieran también los suyos. Al conocer la noticia, su padre le dijo:

     - Pues mira, tú también dile él que nosotros también lo queremos conocer
 
     Y así fue, al domingo siguiente lo llevó a la finca, que según ellos ya habían estado, claro llevaban a tantos que ya no se acordaban de él. Y cuando lo llegó, se despejó la duda, vieron que lo conocían de haber estado allí comiendo y bañándose en la piscina.
     Les dijo que su padre también era médico, cardiólogo, y tenia, además, una clínica privada y trabajaba en el hospital La Fe de Valencia.
     Damián, le dijo que si la cosa iba en serio, no tenía inconveniente en conocer a sus padres. Y así fue, pasado unos dos meses, avisó el día que iría a conocerlos. Esta vez los recibieron en la casa de Valencia.
     Ese día fue una celebración grande, Además de todos ellos, estuvieron la abuela Mercedes, la tía Rocío, toda la  familia, en honor a Merceditas, que ese día era la estrella de la casa, y ella, tan discreta como era, con ese empaque de gran señora que había heredado de su madre, y del padre, tenia de los dos, tanto era así, que era una mujer que los hombres tenían que volver la cabeza y mirarla tres veces.
     A decir verdad, el chico tampoco desmerecía a la familia, pues eran tal para cual, lo que se dice una pareja de bandera.
     En las familias, cayeron los dos muy bien, se veía en la alegría que estaban tanto los unos como los otros, parece ser que había acertado, aunque eso el tiempo lo diría, pero de momento eran todos conformes.

     Se despidieron deseándoles a los novios que no los defraudaran y los padres que la casa la tenían a su disposición para cuando lo desearan, y que les devolvieran la visita. Damián estaba que no cabía de gozo, del paso que había dado su niña, como él la llamaba. Cuanto se acordaba de su mujer, porque aunque estaba muy orgulloso con la mujer que tenia, era imposible quitar la huella tan grande como le había dejado aquella mujer maravillosa, su gran amor, su Amparo. Y así se lo dijo a Amparín, cuando todo había pasado.

      - ¡Cuanto me he estado acordando de tu madre esta tarde!    
 
     - ¡Si a ella le hubiera gustado lo mismo! – contestó Amparín muy conforme
     Damián, cuando escuchó la contestación de su mujer, dijo para sí:
 
     - ¡Nos estará viendo, seguro, y  que contenta estará viendo a su hija con tanto como la quería – luego se acercó a Amparín - ¡Lo mismo he pensado yo, cariño mío-   la abrazó y la beso repetidamente –

     - ¡Y no pienses que por eso te hago de menos! – dijo, cuando la hubo besado

     - ¡Ya lo se, Damian, te entiendo perfectamente, se que los dos seguimos queriéndola lo mismo, con ese amor desinteresado como nos tenemos los tres, por eso Merceditas es carne de los tres, nuestra carne, es mi hermana, pero la siento como si fuera mi hija!, ¡a ti no puedo tomarte a mal que quieras a la que yo tanto he llegado a querer, aun sin conocerla, que fue mi madre!.
     - ¡Gracias Damian, Me siento orgullosa de ti, y me siento aun mas querida, por ti! - y le devolvió las caricias que el le había manifestado a ella.

     Luego, ya todo más tranquilo, hablo Damian con su hija y le dijo:

 

     - La elección ha sido aceptada, tienes el permiso nuestro para cuando dispongáis querer casaros, pues ya tenéis edad suficiente para ello, y estáis colocados sin importaros el porvenir. La casa corre con todos los gastos que te corresponda a ti, tanto de la boda como del viaje, cuando ellos digan nosotros estamos de acuerdo con lo que se acuerde

     - ¡Gracias papa! - respondió la hija, con esa sinceridad que era su virtud.
     Un día anuncio Mercedes que iban los padres de Jesús, que así se llamaba el novio, a casa para ver como se ponían de acuerdo para los gastos de la boda y decidir quienes iban a ser los padrinos, y todo cuanto hubiera que decidir.
     Ellos eran prudentes, como con las carreras que habían hecho  y con sus amigos, les dijo que nada de etiquetas, como la vez anterior y lo mismo que cuando le devolvieron la visita que la harían en el campo y así conocerían la finca  les pidieron que les hicieran una paella, que según el hijo, la señora Mercedes las hacia muy bien.

     El día acordado, se presentaron el matrimonio, además de un chico y una chica que tenían mas, vieron toda la finca detenidamente, y una vez que comieron, tras los de los postres, empezaron a hablar, y como personas educadas, llegaron a un acuerdo en todo, solo que ellos llevarían mas invitados.

     - ¡Pero eso da lo mismo! – les indicó Damian.

     Decidieron que cada una de las familias correría con la mitad de los gastos que hubieran: convite, viaje y todo, en fin, quedaron como lo que iban a ser, buenos consuegros.

     Los padrinos, quedaron, en que serían Damián por parte de la novia y por la parte del novio, su madre.