La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 23

                                                VUELVEN A IR AL PUEBLO

   Al enterarse, la señora Mercedes, lo que le había pasado a su consuegra, la señora Amparo, le dijo a su hijo Damian:

     - Nos haría mucha ilusión a tu padre y a mi ir a nuestro pueblo, ya que desde que salimos de él no hemos vuelto y ya ves, a nuestra edad nos podría pasar lo que a tu suegra, la señora Amparo.

     - Pues si tenéis ilusión me parece muy bien, yo también lo había pensado, ir con mi mujer, Amparín, pues se lo prometí cuando nos casamos y todavía, entre unas cosas y otras no lo hemos hecho, pero ahora va a ser el momento de hacerlo ya que todo esta en calma, los chicos están atendidos con la señora Teresa, y aquí los días que faltemos los solucionan entre Rocío y su marido, vamos a esperar a las fallas, que son días de fiesta grande aquí, y no es cosa de marcharse, y nada mas pasar San José, prepare usted y nos marchamos en el coche los cuatro. Se lo voy a decir también a Amparín para que prepare, supuesto le hará mucha ilusión.    
     Esa noche lo propusieron, y Rocío cuando lo oyó se puso muy contenta de que sus padres se fueran a hacer ese viaje y Damián le dijo a su hermana:

     - Cuando vengamos nosotros, cogéis y os marcháis vosotros, con mi coche, supuesto Ramón lo lleva igual que yo.

     - ¡Pero que alegría nos das! - tanto fue así que se levantó y beso a su hermano.

     Y así lo hicieron, el día 25 de Marzo cogieron y se marcharon los cuatro con intención de pasar unos días en el pueblo y para primeros de abril que era Semana Santa se acercarían a Sevilla a ver las procesiones, más que nada para que las viera Amparín y así lo hicieron.
     Pasaron  unos días en el pueblo, y dijeron de ir a Sevilla a ver las procesiones, pero los padres dijeron que se fueran los dos solos, que ellos lo pasarían mejor en el pueblo, ya que llevaban muchos años sin ver a sus familiares y amigos.
     ¡Anda y que no disfrutaron contándoles lo bien que lo pasaban en Valencia y la suerte que habían tenido, pero mas el hijo, que por el había sido todo.

     Muchos no se acordaban ya, pero otros decían:

     - ¿Esta es otra mujer que la que vino la otra vez?

     La madre los saco de dudas y les contó la historia.

     Damian y Amparín fueron hasta Sevilla en su coche, se alojaron en un hotel por donde pasaban casi todas las procesiones, Y Amparín tanto se emociono, que no tubo por menos, que en algún momento derramar lagrimas, y mas recordando a su madre, lo paso tan bien allí, y ahora ella era la que lo estaba disfrutando. Damian tuvo también muchos momentos de emoción, en recuerdo de Amparo, aquella gran señora, y de lo bien que lo había pasado con ella. Ahora la historia se repetía con su propia hija, el siempre sin lagrimas, pero roto por dentro. ¡Cuanto aguanta el cuerpo aunque sea para bien!, llegó a pensar.

     Estuvieron hasta el sábado por la mañana, por ver “El Encuentro”, que es uno de los mejores momentos de las procesiones de Sevilla, y terminada esa procesión se marcharon al pueblo en busca de los  padres.
     El domingo por la mañana emprendieron viaje en su “Opel”, el magnifico coche que tenían, en el viaje fueron hablando de lo bien que lo habían pasado los unos y los otros, tanto fue así que la señora Mercedes dijo que no le hubiera importado haberse quedado allí, en el pueblo, y es que estaban hay sus raíces y su infancia. Al señor Jacinto, le pasaba lo mismo, pero pensaba y decía:

     - ¿Que hacemos allí los dos solos con la edad que tenemos?, ¿Quién nos iba a cuidar? - y llevaba mucha razón el buen hombre

     - No os preocupéis, que ya os traeremos a los dos, y estaréis con los vuestros para siempre – respondió Damián

     Y así transcurrió el viaje, cada uno contaba como le había ido, todos coincidían en que lo habían pasado muy bien, había sido difícil de olvidar.
     Cuando llegaron le dijeron a Rocío y s su marido:

     - ¡Ahora os toca a vosotros!

     Pero a estos no les hacia tanto gozo, así es que lo dejaron para un tiempo más adelante.
     Pero desgraciadamente no tardaron mucho tiempo en ir, porque a los dos meses de venir del viaje, al señor Jacinto le dio un infarto y murió instantáneamente. Llamaron al médico del pueblo pero no pudo hacer nada por el buen señor, Y esta vez si que les cogió a todos por sorpresa, fue un desconcierto total para todos.
     Dispusieron, como ya tenían acordado, llevarlo al pueblo y ponerlo en un nicho doble, con el fin de luego poner a su mujer con él, Y así descansarían para siempre los dos juntos. Fueron al pueblo, acompañándolo, Mercedes, su mujer, Damián y Amparín, Rocío, su marido no pudo ir porque debía quedarse al cuidado de la finca, también lo acompañaron los tres nietos. Fueron en dos coches, el de Damián y en el que su hijo se había comprado, un  Seat 124D.
     En el pueblo le hicieron también unos funerales, a los que acudieron todo el pueblo, no quedó nadie sin darle el último adiós, prueba de que lo apreciaban mucho todos allí.
     Al día siguiente, tuvieron que regresar, supuesto todos tenían que cumplir con sus obligaciones del trabajo.

 
     Otro miembro de la familia que los había dejado, sólo quedaba de los mayores la señora Mercedes, que muy afligida volvió con sus hijos y sus nietos, que era lo que le quedaba, porque su compañero se había ido, y la había dejado con mucha pena.

     No podía olvidar de los cincuenta y tres años que habían estado juntos. Descanse en paz Señor Jacinto.