La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                               Capítulo 21

                                                 POR FIN SE ACLARÓ TODO

   Y ésta escritura lo estaba, los notarios sabían por que lo decían, pero no quisieron seguir adelante, pensaron que era un problema que tendrían que resolver sus padres.
      Cuando llegaron el sábado siguiente, lo primero que quisieron fue hablarlo con sus padres, y así fue como tuvieron que descubrir el porque Merceditas llevaba el segundo apellido distinto, o sea el de su madre, y es que Damián, el padre, y sus abuelos eran oriundos de Valdepeñas, y en ese pueblo se dan mucho los apellidos compuestos, y tanto en la pila de bautismo como en el juzgado se lo pusieron completo, pero en el colegio, y su vida diaria, utilizaban solo el primero. Su nombre y apellidos completo era Mercedes García y Jiménez, por su padre, y ella solo llevaba Mercedes García de Mateos, y así parecían que eran dos, cuando en realidad era un solo apellido, y por eso la niña no se daba cuenta, Damián trataba de convencer a sus hijos, pero ellos de esos asuntos entendían mas que él, y no podía con ellos, hasta que intervino Amparín y les explicó a los dos la verdad del porqué de los apellidos.
     Merceditas al oírlo no pudo por menos que asombrada preguntar:

     - ¿O sea que tú no eres mi mamá?

     - ¡No Mercedes, tu mamá  está en el cielo, ahora tu mamá  soy yo, tu tenías diez meses cuando ella se nos fue, y me dejó a mi, tu hermana a tu cuidado, y por eso siempre te he considerado como si fueses mi hija, aunque en realidad soy tu hermana, siempre hemos querido decírtelo, aunque queríamos esperar hasta que fueses mayor!

     Merceditas, al igual que los demás hermanos, no salían de su asombro - ¿Y es que no soy mayor con dieciocho años? – preguntó

     - ¡Si, pero es que siempre nos parecía que no era el momento a tu padre y a mi! – respondió Amparín

     Entonces Merceditas pegó un grito desgarrador y cayó al suelo, todos se asustaron, la cogieron y la llevaron a su habitación, allí permaneció toda la tarde sin querer hablar con nadie, ni tomar nada, asustados por su comportamiento, llamaron al médico que la estuvo reconociendo, pero los tranquilizó diciendo que no tenía nada grave, solo una fuerte impresión, pero se le iría pasando.

     El domingo por la mañana le preguntó a su abuela si sabía a que hora eran las misas, quería ir a la Iglesia para pedir por su mamá, le dijo, ya que nunca la había conocido.
     La acompañó su tía Rocío, y ésta contó que se confesó y comulgó, y que estuvo durante toda la ceremonia llorando y pidiendo por su madre. Desde ese día no faltó ningún domingo a misa, y por las noches pedía por su madre en sus oraciones. Desde aquel día, pedía constantemente que le contaran cosas de ella a todos los que la habían conocido, Merceditas los escuchaba en silencio, y no era raro verla echar lágrimas mientras escuchaba con mucha atención todo cuanto le contaban. Siempre preguntaba si a ella la había querido.

     Amparín quiso sincerarse con ella, y al sábado siguiente, después de comer, la invitó a dar un paseo por el campo, y fueron hablando de lo que había pasado desde que su padre, Damián, entró en la finca, como las impresionó a las dos, a la madre y a ella, aunque Amparo estaba ya casada, y sin faltarle nunca el respeto a su marido, se interesó por él

     - ¡lo mismo que yo! – siguió contando Amparín -, y es que tu padre era capaz de enamorar a cualquiera, así es que las dos caímos en sus redes, y te voy a decir la verdad, yo caí mas, porque al nacer tú, yo enloquecí por ti y se puede decir que yo te he criado, lo que yo mas deseaba era tenerte a mi lado y mas cuando mamá faltó,  me aferré a ti, y por nada ni por nadie quería que se te llevaran de mi lado.
     - ¡A mi tu padre me gustó desde el primer día que lo vi, pero luego al casarse con mamá perdí todo el interés por él, luego al morir ella, tu padre me llegó a amenazar con irse con sus padres y contigo a su tierra, y yo cegué, y no sabía a que renunciar para impedir que te quitasen de mi lado. Cuando le dije a la abuela Vicentica que tenía pensado casarme con él, me contestó que si no tenía un chico de mi edad para echarme de novio, pero cuando le dije que nos abandonaba y se te llevaba, ella tembló y contestó: - ¡con lo bien que va la finca! – yo quise entender que no lo dejara marchar, y la abuela Amparo fue aun mas lejos, me dijo: - ¡no vas a encontrar otro igual a él! – y es que como te dije anteriormente, a mi tampoco me disgustaba, pero es que solo de pensar que había estado casado con mi madre, me parecía que era algo malo, pero era tanta la presión que tenía al ver que podía quitarte de mi lado, que al fin cedí, y eso fue todo. Somos hermanas, y es verdad que te lo tenía que haber contado antes, juzga como mejor te parezca, pero eso fue lo que pasó, siempre he querido tenerte a mi lado, y siempre, aunque era consciente de que eras mi hermana,  te he tenido como a mi hija, y eres y serás lo que más he querido!

     Se abrazaron y estuvieron besándose y llorando hasta que no les quedó lágrima alguna, cuando se separaron habló Merceditas:

     - ¡Todo lo que me has contado me parece maravilloso, y no te reprocho nada, lo que si te pido es que desde este momento nos tratemos como lo que en realidad somos, hermanas, tu eres mi hermana mayor, pero no le quites el privilegio a nuestra madre de llamarla mamá, que debe de ser lo mas hermoso que pueda escuchar una mujer, y que hasta ahora no lo ha podido escuchar de mis labios, estoy segura que, ella, desde el Cielo se sentirá orgullosa de que las dos podamos llamarla así, mamá!

     - ¡Tienes mucha razón, Mercedes, desde este momento seremos como a ella le hubiera gustado que fuéramos! -   se abrazaron otra vez

     - ¡Lo que también te voy a pedir es que me cuentes muchas cosas de ella, si era guapa, si era simpática, cariñosa, todo lo que recuerdes de ella, yo te escucharé, y no me cansaré de escucharlas una y otra vez, ya que tu estuviste tanto tiempo con ella! – dijo Mercedes

     - ¡Por mucho que te cuente, nunca llegaré a decirte como era en realidad, pues para mi era la perfección hecha mujer, y aunque se pueda pensar que exagero por ser mi madre, no es verdad, es que era única!
     - ¡Era una belleza como mujer, alta, medía 1,70, y un cuerpo escultural, a decir de cuantos hombres la han conocido, tenía unos ojos grandes y negros que deslumbraban hasta de noche, y tenía un trato con la gente que no había quien no saliera encantado de cómo era, alegre, sencilla, “por donde pasaba dejaba huella” he oído decir muchas veces, no he hablado con nadie que la hubiera tratado que no hablase bien de ella, elegante, y saber estar, en una palabra, era una señora. Quien mejor te la puede describir son los abuelos, y mas aun tu padre, se que todavía suspira por ella y eso a mi me hace feliz!
     - ¡Y ahora quiero que sepas una cosa, Mercedes, todo eso de los apellidos, lo tenemos presente tu padre y yo, porque  tal y como están las cosas, toda la herencia de los abuelos recaerá en mí, lo de los abuelos maternos y la de los paternos, ya que el abuelo que era notario, lo dejó todo para la abuela Amparo, mientras viva, y para mamá, y al faltar mamá, una parte te corresponde a ti, y tres a mí, con esto quiero decirte que solo tienes esa parte, como herencia tuya propia, además de lo de tu padre, para los tres, pero ya estamos avisados por los notarios del estado en que está todo, y tenemos pensado, tu padre y yo, arreglarlo todo antes de que ellos lo dejen, para que vosotros no tengáis que ver en esas cosas por ser interesados, y de esta forma hacer escrituras nuevas y poneros a los tres hermanos herederos universales de las dos familias, porque yo te quiero tanto a ti como a tus dos hermanos, que son mis hijos!

     - ¡Gracias hermana! – respondió, emocionada, Mercedes

     - ¿Tu crees que hubiera sido capaz de haberlo hecho de otra forma?, ¡y tu padre igual, si supieras la que trae con la herencia, pero yo ya se lo he dicho en varias ocasiones, sois los tres herederos por igual de todos los bienes de la casa: finca, enseres, la casa de Valencia y la notaría, todo lo que hay es para los tres, y a tu padre se le nombrará administrador de la herencia, así se dejará, todo atado y bien atado antes de que se jubilen los notarios.

     Ocurrió que el año que les tenían que dejar la notaría, coincidió con la llamada a filas de Damián, para hacer el servicio militar, no fue malo del todo, porque le tocó hacerla en la propia Valencia, en capitanía militar, y solo hizo el periodo de instrucción, y lo demás lo hizo trabajando con su hermana en la notaría, según contaban eran unos chicos encantadores con el público, y bien preparados que los habían dejado sus antecesores.
     Cuando empezaron les dijeron sus padres:

     - Hasta que pase un tiempo, todo lo que vayáis ganando, lo vais guardando para vosotros, hasta mas adelante que os vaya bien y no tengáis apuros.

     A Vicentica le dijeron lo mismo, que la casa corría con los gastos que tuvieran y claro, así les podía ir bien, y eso es lo que querían sus padres, que no pasaran apuros al comenzar, y es que como se suele decir, el que tiene buenos comienzos, ventaja que lleva, y eso fue lo que les pasó a los hijos de Damián y Amparín con sus casas propias, como ellos tenían, que todo fue bienestar, y es que la finca daba para todos.