La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 20

                                              LA CARRERA DE LOS HIJOS

    Damián estaba radiante de alegría, después de que Amparín le demostrara ese interés por su hija, que era la única preocupación que él tenía, porque se decía que al nacer su hijo, quizás hiciera de menos a la niña, pero demostró que no, que seguía siendo su hija, como a ella misma le gustaba decir, y eso hacía plenamente feliz a Damián. El tiempo fue transcurriendo el tiempo para esa gran familia, Merceditas cumplía ya los tres añitos y acordaron llevarla al colegio del pueblo, para que tomara contacto con otros niños de su edad, y ya cuando fuera mayor la llevarían a otro colegio privado, donde la selección y los estudios fueran mas directos, pues querían que le dieran una buena educación y a ser posible una buena carera, aunque por ese tiempo, las mujeres y teniendo posibles, como ellos tenían, no solían ejercerla, como fue el caso de Amparo, la madre, que estudió derecho, pero conoció a Vicente, su primer marido, y como éste tenía dinero , y nos les hacía falta, no quiso que ejerciera, y lo mismo le había pasado a Amparín, que estudió ingeniería y tampoco la ejercía, pero ellos querían que Merceditas sacara una carrera, al menos decían: “el saber ennoblece”, y “un don siempre es bueno”.

     Al año siguiente hicieron lo mismo con el niño, lo llevaron al colegio del pueblo, y al cumplir los cinco años lo cambiarían.
     Los primeros días los llevaba Damián en el coche, pero a la semana siguiente, se incorporaron con los compañeros que iban en un autobús, todavía era pronto, pero a los padres les gustaba que Merceditas fuera notario, como lo había sido su abuelo, el padre de Amparo, por eso en la casa de Valencia, la planta baja estaba dedicada a la notaría que al faltar éste, la alquilaron y seguía en esos menesteres, y ellos vivían encima, ya que era bastante grande. El pequeño Damián querían que hiciera la carrera de ingeniero agrónomo, ya que esa carrera se relacionaba con el trabajo de la finca de Albuixech, pero eso el tiempo lo diría, lo que de momento si que ocurrió es que Amparín volvía a estar de nuevo en estado, y pasado el tiempo tuvo otra niña, y otra vez le dio que pensar a Damián, si esa otra niña, le quitaba el protagonismo a Merceditas, para él es que era su ojito derecho, siempre estaba padeciendo por ella, y es que a él le parecía que haberse quedado sin madre, tan pequeña, le producía una ternura que no tenía por menos que compadecerse de ella, pero Amparín, constantemente le hacía ver que no tenía porque tener ese recelo, porque para ella continuaba siendo su hija mayor, y así volvió a convencer a su marido.

     También Rocío esperaba familia, y bien que se alegraron todos por la noticia, no por menos esperada, y también llegó el día, y tuvieron un niño que doblemente les alegró, ya tenían dos parejitas.
     Los abuelos estaban que no cabían en si de gozo, Damián les dijo que buscasen una mujer y les ayudara en las faenas de la casa, hasta que Rocío estuviera completamente restablecida, y era tan grande el bienestar de la casa que no se escatimaba nada, Ramón, su marido, también se lo merecía, había calado muy bien en la familia, y todos lo tenían en muy buena estima, y es que había demostrado ser un todo terreno, agradable y siempre dispuesto a darlo todo. Para Damián era como un amo más de la hacienda, y ahora con la nueva vivienda que les habían preparado, estaban más que contentos.

     - ¡Con que rapidez pasan los años! Se preguntaban viendo a los niños crecer, Vicentita, que así le habían puesto en honor al padre y a la abuela de Amparín, ya iba en autobús al colegio de Valencia, y Merceditas y el pequeño Damián, ya estaban terminando el bachiller, para incorporarse a la universidad, y se estaban planteando la carrera que iban a seguir, esto veía a cuento porque Damián le estaba planteando a su padre:

     - ¡Aunque todavía soy joven, papa, estoy pensando que en lugar de matricularme para la carrera de ingeniero agrónomo, hacer la de notaría, como mi hermana Merceditas, y así, entre los dos, llevar la notaría de la casa de Valencia, en lugar de tener que alquilarla, y llevarla los dos!, ¿qué te parece?

     - ¡Pues mira, me parece muy acertado! – respondía Damián, padre – lo consultaremos con tu madre, aunque ella va a aceptar lo que a vosotros mas os guste, pero lo hablaremos.

     Eso fue un sábado en la finca, y el padre le siguió explicando lo que era el campo, al día siguiente era Domingo y era costumbre ese día comer todos juntos, y después en la sobremesa, entre el café y la copa, y en amena charla, Damián le indicó a su hijo:

     - Anda, Damián, exponles a tu madre y a tus abuelos la idea que has tenido, y que me dijiste ayer.

     Y el joven, con su inocencia, lo explicó igual que se lo había explicado a su padre, tan serio y tan cargado de razones, y fue tal el éxito que tuvo, entre todos los presentes, que la propuesta fue aprobada, de buena manera por todos, y ésta siguió adelante.

     Y los años fueron pasando, y los chicos sacaron sus carreras, Merceditas y Damián se hicieron notarios, como tenían pensado, Vicentica, como todos la llamaban, se sacó la de profesora, en fin todos sacaron carrera universitaria, que es lo que los padres querían.
     A los chicos les hacía mucha ilusión ejercer de notarios, así es que el padre hablo con el que llevaba la de la casa de Valencia, y que ya venía de sus abuelos, y los pusieron a hacer prácticas, para así un día poderlas llevar ellos.
     Vicentica lo tuvo mas fácil, pues obtuvo una plaza de profesora en Albuixech, y así se quedó cerca de casa, también les venía bien a Merceditas y a Damián, porque la abuela Amparo, se ofreció para estar con ellos, allí estaban hasta el sábado que se marchaban todos hacía la finca.
     Un día que fue a llevarlos el padre con el coche, pasó a hablar con los notarios, pues eran dos hermanos y gemelos por cierto, estuvo hablando con ellos sobre como veían a los chicos, ya que les unía una gran amistad, y estos le dijeron que muy bien, al principio estaban algo despistados, cosa normal por otra parte, pero ya iban cogiendo un buen ritmo de trabajo, y se les veía mas sueltos, también le dijeron que sin duda, en cuanto pasaran unos cuantos meses, dominarían el oficio. A los actuales notarios les había venido muy bien, porque como le recordaron a Damián, estaba próxima su jubilación, en dos años llegaría.

     - ¡Pues prepárenlos bien, que ustedes no lo perderán! – les dijo Damián

     - Nosotros, cuando nos jubilemos, los dejaremos con toda la  seguridad de que estén bien preparados, y la llevarán igual que ahora se lleva, de eso nos encargamos nosotros – indicaron los notarios

     - Pues dicho queda, en ustedes lo dejo – respondió Damián despidiéndose

     Damián se marchó para el campo, cada semana cuando los chicos iban allí, llevaban un tema nuevo de lo que veían y lo que ocurría en la notaría, uno de ellos fue cuando los enviaron a archivar unos documentos, y descubrieron, buscando apellidos, los de sus abuelos, el señor Batista y la señora Vicentica, y les extrañó que vieron que habían dejado todo lo que tenían a su nieta Amparín, la madre de Damián y Vicentica, ya que Merceditas no llevaba ningún apellido de los cuatro que allí figuraban, y como llevaban ya un año allí, ya iban dominando algunas cosas, así es que como les extrañó, se lo preguntaron a los notarios:

     - ¿No habrá alguna confusión en estas escrituras?- preguntaron, confusos

     - ¡No, un notario no puede cometer ningún error, eso es lo que tenéis que tener muy claro, cuando un notario da fe de una escritura, es que está correcta!