La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 17

                                                  ¡POR FIN HUBO BODA!

   Ese mismo lunes quedaron en ir a hablar con el párroco de la iglesia de San Agustín, para eso se trasladó Damián por la tarde a Valencia, le contaron, también, el caso en el que se encontraban y les contestó lo mismo que los demás,  que sino había vínculos de sangre no había inconvenientes, fueron los dos y la niña, como no podía ser menos, y le dijo al vicario que iba a llevar los anillos de sus padres y es que su hermana a Amparín la llamaba mamá desde siempre y no quiso que la llamara de otra forma.
     Quedaron en que pondrían las amonestaciones y cuando cumplieran, que serían en tres semanas antes de la boda, Amparín quería casarse en la misma iglesia donde su madre se casó las dos veces y como lo hacen las de categoría, “Virgen” era lo que más deseaba y así lo hizo, a Damián también le hizo mucha ilusión que así fuera, todo lo prepararon sin prisas, que es como todo suele salir mejor.

 

     La boda fue perfecta, como tenían todo el tiempo del mundo lo habían ido organizando todo poco a poco y así salió todo, maravillosamente, ella llevaba un vestido que Damián, esperando en la puerta de la iglesia, cuando la vio bajar del coche no tuvo por menos que pensar:

     - ¿Pero tanto merezco yo, señor? Y no fue para menos, iba lo que se dice preciosa, hecha una joya y su hija ¡como la habían vestido!, si no la reconocían y es que no quiso que vieran los vestidos hasta ese mismo momento, iban las dos con el mismo traje de novia – para comérselas a las dos - pensó Damián. Pero lo más difícil para él estaba todavía por llegar,  una vez juntos en el Altar Mayor, no tuvo por menos que cerrar los ojos. El siempre decía que solía llorar por dentro, pero fue imposible aguantar tantos recuerdos como se le venían a la memoria, el sin mover un solo músculo, pero llorando como un niño, no quería secarse las lágrimas para que no le vieran desde la parte de atrás, por los movimientos, pero todo el cuello y la cara, los tenía que no podía mas de la tensión.
     Y es que eran muchos los recuerdos que se le venían encima, solo le pedía al Señor que le diera fuerzas, por que de seguir así no podría continuar. Que mal lo estaba pasando, y es que cada vez que se le representaba ese rostro tan divino que no se le podía ir del pensamiento, su amada, su mujer, y es que siempre la llevaba con el, y en ese momento estaba con ella.
     En un momento dado le tuvo que advertir el sacerdote:

     - ¿Damián, está usted ausente? 

     Y así era, la imaginación la tenía en el Cielo, donde él sabía que estaba  y tenía la certeza de que lo estaba mirando, como él la veía a ella, fueron unos momentos en que la tuvo presente, pues estaba fuera de sí mirando fijamente pero solo viendo a “su” Amparo.
     El sacerdote, viendo en que estado se encontraba Damián, quiso seguir la misa hasta verlo mas reanimado, y fue cuando alzó al Señor, y Damián le pidió que le sacara de su alucinación,  así ocurrió y pudo seguir con la ceremonia.
     Terminado el levantamiento, el sacerdote se dio cuenta de que se había pasado la crisis, y en ese momento los casó y les dio la bendición, y cuando llegó el momento de comulgar, lo hicieron con toda normalidad, porque ya todo se le había pasado, fueron unos momentos en los que solo el sacerdote vio por lo que estaba pasando Damián, porque ni Amparín se dio cuenta, ya que en su alegría no se fijaba en nada de lo que pasaba a su alrededor, al igual que los padrinos, que en este caso eran Rocío, la hermana de Damián y el tío-hermano de la madre de Amparín.

     El banquete fue en el Hotel Victoria, y no estuvo nada mal, se comió y se bebió con calidad y en cantidad, incluso hubo gente que estuvo toda la noche bebiendo, ellos se retiraron, no muy tarde, y durmieron en la suite del hotel, y al día siguiente salieron hacia la capital de España de viaje de novios.

     La luna de miel, en lugar de irse a Roma o a países lejanos, ellos escogieron un sitio más sencillo, pasaron unos días en Madrid, 
     Por supuesto  ninguno de los dos lo conocía y lo pensaron muy acertadamente ¿Para que ir tan lejos teniéndolo todo tan cerca? – pensaron - y así lo hicieron se hospedaron en el “Hotel Ritz”, ¡ahí es nada!, y como luego contaron de Madrid al cielo, en el mismo hotel les dejaron un guía y… ¡no les enseñó nada!, como luego vinieron contando

     - ¿Qué mas podemos ver y mejor? ¿Hemos visto de todo, y como quien dice en nuestra casa? - no paraban de hacer comentarios todo había sido maravilloso e inenarrable.
    

     Llevaron regalos para todos, y casi pusieron un museo con todo lo que trajeron: La Cibeles en miniatura, la Plaza de España con su Don Quijote y Sancho, el Monasterio de El Escorial, el Valle de los Caídos, los palacios de Aranjuez, la Casa del Príncipe, la Granja, la casa donde nació Cervantes, el Palacio de las Cortes, el Banco de España, la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, en fin casi todo Madrid tenía su representación en una habitación grande que dispusieron en la finca, allí crearon esa especie de museo y muchos del pueblo iban verlo. En fin, se puede decir, que salvo los malos momentos que tuvo Damián, toda la boda fue un éxito.