La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 16

                                                          LO ACERTADO

        Una mañana estaban desayunando el señor Jacinto y la señora Mercedes, cuando entró en el comedor Damián, enseguida la madre se levantó y le dijo:

     - ¡Anda siéntate y desayuna con nosotros!

     -  Madre, no te molestes que ya me sirvo yo solo que ya sé donde están las cosas y las puedo coger yo mismo – le contestó, diligentemente su hijo

     La señora Mercedes obedeció y siguió desayunando, Damián cuando reunió lo necesario para ese menester se puso a lo mismo, y es que siempre los padres, preocupados por sus hijos, le notaban desde hacía unos días que estaba como preocupado, él no decía nada, cuando se les presentó la ocasión de juntarse y estar solos, aprovecho la madre para decirle

     - ¡Te vemos tu padre y yo como preocupado, tu comportamiento no parece el mismo! - Damián no contestó, y su madre continuó – Estamos pendientes de todos tus movimientos y te vemos intranquilo

     - Pues no os extrañe – respondió Damian - con todo lo que hemos pasado atrás y ahora de nuevo volver a empezar como quien dice

     -¿Tú es que no ves bien esta boda? - Intervino el padre

     - Si padre, si que la veo bien como no la voy a ver bien si llevo enamorado de ella desde el día en que la conocí, lo mismo que de su madre, pero claro la acción era la madre que era la que era posible dadas las circunstancias y ahora es la hija pero me viene al recuerdo lo que Amparo ha significado para mí, me parece todavía muy prematuro

     - Pues hijo, dejadlo para más adelante - intervino la madre

     - Si todo fuera tan fácil lo dejábamos para más adelante, hay muchas cosas que todavía lo impiden. – dijo Damián

     - ¡Uy! Pues no veo que estéis metidos en ningún aprieto - dijo la madre

     - ¡No estamos metidos, pero si a punto…! - en ese momento vino un trabajador reclamando la presencia de Damián

     - Nos dejas con mucho cargo - dijo la madre

     - No os preocupéis que esto es cosa mía - y diciendo esto, Damián se fue con el trabajador, dejando a sus padres preocupados

     Por la noche, en la cena se juntaron otra vez, esta vez estaba también Rocío, el marido de ésta no estaba en la conversación porque Damián le había mandado a un recado y todavía no había llegado y volvieron con las mismas de por la mañana, entonces Damián les dijo muy claro

     - Vosotros no tenéis porque preocuparos por nada, todo funciona a la perfección, tocante a la finca y la existencia de todos, a mi lo que me ocurre es que como debéis imaginaros me han ocurrido cosas que no me esperaba y ahora ocurre lo mismo que estoy en un momento de decidir pero esto no tiene importancia para nadie y menos para vosotros ya que estamos los justos, o sea, los que tenemos que estar, aunque falte el marido de Rocío, Ramón, él pertenece a otra familia y no tiene por que enterarse y como sabía lo que iba a ocurrir lo he mandado a un sitio donde tardará algún tiempo pero sin ninguna importancia ¿me entiendes Rocío?

     - ¡Sí, si yo no digo nada! - dijo ella

     - Lo sé, porque nosotros nos entendemos, tocante a lo que me decís de que me encontráis un tanto extraño y al mismo tiempo no me ocurre nada de salud, pero a ver, ¿os parece poco que en un tiempo he perdido la ilusión de mi vida, una mujer que lo era todo para mi me deja una hija que es lo más grande que me puede dejar de herencia? y este es el dilema, tengo momentos de volverme loco de pensar que esa criatura no tiene madre

     - ¡Hijo…! – empezó a decir la madre, apenada

     - Nada madre que lo que me va a decir ya lo sé yo, que están los demás, ¿Pero usted cree que le pueden dar lo que su madre, esas caricias tan suaves que solo sabéis dar a los niños y nosotros como lo agradecemos, pues yo cuando lo veo se me parte el alma y eso es solo una cosa de lo que tengo junto con otros problemas mas. La niña está con su hermana y dice que es de ella, yo le he dicho que la tendrá hasta que cumpla los tres años, pues la educación me pertenece a mi que soy su padre y le he dicho más, que a la niña la queremos ver todas las semanas y así lo está haciendo, luego se me ha presentado un caso y es que se presentó el señor notario donde tiene las escrituras y me hizo ver el estado en que está. Todo esto que aquí quede, por eso os dije antes que estábamos los interesados ¿me entendéis, no?
     - ¡El padre de mi mujer Amparo, y también su abuelo Batista, se  lo dejó todo Amparín y a su mujer, la señora Vicentica, o sea,  que está todo en manos de Amparín, Merceditas, o sea, mi hija solo tiene el fruto de su madre, Amparo, y lo que yo pueda dejar o sea que Amparín es dueña de todo, es más, es dueña de lo que comemos nosotros!. Y esas son las cosas en las que estoy pensando, el mismo notario me aconsejó:
     “ ¡Esto no lo solemos hacer, pero usted es un señor que lo apreciamos y por eso lo hemos advertido en la situación que se encuentra todo a si es que usted queda pendiente!”

     - Me lo dijo como diciéndome: ¡cuidado! Como digo me parece pronto y la verdad en estos momentos no tengo ganas, no tengo ese ánimo que se debe de tener para una cosa tan importante y eso es lo que en estos momentos me ocurre y también pienso que el corazón de la persona puede cambiar de un momento a otro, y si lo dejamos para más adelante, ¿quién me dice a mí que Amparín puede cambiar supuesto es tan joven? Y entonces es cuando todo lo ganando hasta ahora se iría por la borda, ¿no les parece? quiero que lo sepan y que no paro de darle vueltas al asunto.

     - ¡Pues tu verás lo mejor que convenga, hijo - le contestó la madre

     - No que me convenga a mí, sino a todos y mayormente a ese pedacito de gloria que es Merceditas que es por la que estoy luchando, porque esa boda lo solucionaría todo y a todos – dijo Damián

     - Pues si, yo te he estado escuchando sin querer interrumpirte, pero según lo que nos has contado no tienes mucho que pensar, hijo – dijo el padre

     - ¿No? Usted me dirá – dijo Damián

     - Pues muy sencillo, los de fuera solemos ver mejor las cosas que el que está en ellas, me explicaré: a ti en estos momentos lo que más te preocupa es tu hija y haces muy bien, porque te entiendo y es lo mas imperioso en estos momentos, a si es que nos lo has puesto muy claro, solo tienes que hacer una cosa y es casarte, así de sencillo, los sentimientos hacía tu mujer no se te van, lo sabemos y sería de un desagradecido si no los tuvieras, pero hijo, con el recuerdo no se puede vivir toda la vida, si nosotros: tu madre, tu hermana y yo también estamos desde entonces traumatizados, pero como te digo el tiempo pasa y lo que hay lo tienes tan fácil de solucionar, ¿quién sabe si dentro de una semana o dos ya no puede ser?, porque tú piensa que Amparín, que es una joya, como lo era su madre, cambie de opinión pues el corazón de la persona suele ser cambiante, ¿y porqué no el suyo?, ella se roza con gente de su igual y de carrera, ¿quién te dice que no se encapriche de algún estudiante de su promoción?. En fin que viéndolo tranquilamente tienes la felicidad al alcance de tu mano y si la dejarás pasar estarías arrepintiéndote lo que te queda de vida y más aún la de tu hija que como bien dices, es la que tiene prioridad sobre todos y con mucha razón, a si es que yo lo veo así y ten por seguro que es el camino más fácil que tienes y que os queremos a ti, que eres nuestro hijo, y a tu hija porque es nuestra nieta. Píenselo bien y te darás cuenta que es el camino a seguir.

     Los tres estaban callados mientas estaba hablando el padre de Damián, éste lo escuchada callado porque sabía que su padre hablaba poco pero cuando lo hacía era una sentencia y esta vez caló muy dentro de él, lo mismo que a su madre y a su hermana, al terminar las dos aprovecharon todo lo que el patriarca de la familia había expuesto y con ese criterio lo aceptaron los tres.

Al día siguiente era sábado y esperaban que fuesen, como de costumbre, y muy puntuales a las doce, ya estaba el amigo taxista con las tres como tenían previsto, y como siempre que llegaban todo eran besos y abrazos los unos con los otros, la brujilla de la niña al que echó de menos enseguida fue a su padre que no estaba en esos momentos, llegaría más tarde preguntando:

     - ¿Dónde están las tres mujeres que faltaban en casa? Y al oírlo la chiquilla Salió corriendo diciendo:

     - ¡Aquí papá!, y se fundieron en abrazos y besos, el padre con la hija, luego saludó con un beso a su novia y después a la abuela, que a decir verdad las tres estaban por él, como todos estaban enterados de lo que iba la cosa, ya lo habían dejado claro con los abuelos, porque la abuela Vicentica se lo había dicho la semana anterior a Amparín que por cierto le dijo muy seria:

     - ¿Es qué tú no tienes chicos de tu edad?, pero ellas hablaron y debió de convencer la nieta a su abuela, y ésta terminó viéndolo bien y es que le dijo Amparín:

     - ¡Abuela si solo me lleva seis años!

     A lo que le contestó la abuela: -¡Ah!, pues tu abuelo a mi me llevaba cuatro años

     - ¡Ves!, pues casi lo mismo - dijo Amparín, y es que donde se dice que cuando una mujer quiere, todo el camino lo ve llano, ¿y que van a hacer los mayores cuando la juventud se quiere?, pues dejarlos y que sean felices que en verdad es lo fundamental y en ellos no había duda porque se venían queriendo desde que se vieron por primera vez.

     Y es que estaban destinados el uno para el otro porque sino hubiera por la intervención de la madre, seguro que se hubieran casado mucho antes pero tuvieron que esperar como si el destino les tuviera guardado para los dos y era precisamente eso, ¡el destino!.