La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 15

                                                     DE NUEVO EL AMOR

   Damián pensaba para sus adentros que si no hubiera sido por ellos con la suerte que habían tenido y por ese pedacito de su carne lo abandonaría todo porque si, había conseguido todo lo que buscaba, pero ahora que lo había conseguido  todo, le faltaba lo principal, “su” Amparo, mejor dicho lo que a él lo amparaba y lo guiaba, lo era todo para él.
     El sábado siguiente se presentaron a la hora de comer con el amigo de la casa, el taxista, y como siempre el recibimiento fue de locura cuanto la querían todos los de la casa había empezado ya a hablar mas seguido, y decía algunas frases, pero cada que vez llamaba a su papa, sus abuelos y su padre se emocionaban, y es que en verdad estaba para comérsela, Amparín también se sentía cómoda entre ellos, con su abuela Vicentica y no digamos  con abuela Amparo, se juntaban ambas consuegras y la señora Mercedes, que eran casi de la misma edad y lo pasaban estupendamente, hablando de sus cosas

     - Si aquí están ustedes en la gloria - les decía la señora Amparo - con este sol tan saludable y este aire, nosotros en la capital y encerradas en habitaciones

     - Pues yo se lo digo a mi nieta, que la niña lo pasaría aquí mejor, y es que ella siempre ha estado en la ciudad y la verdad, no se hace al campo

     - Amparo, que en paz descanse, estaba encantada aquí y es que tanto con un marido como con el otro debía de estar aquí, pero también es que le gustaba - decía la señora Vicentica.

     - ¡Y que paellas nos hacía!, ella y mi marido que fue lo que nos enseño, y ya ven las cosas, ya no están ninguno de los tres, yo cuando me pongo a pensar tengo que terminar llorando. Pues la vida nos deja unos recuerdos imborrables

     - ¡Así es! - contestaban las demás. Y se pasaban las horas de amena charla, conversaban de temas del campo y de la ciudad, algunos alegres, y otros mas tristes, pero siempre con el recuerdo de lo pasado

     Damián tenía claro lo que tenia que hacer y quería que pasara un poco de tiempo, pero a veces se preguntaba,  cuando estaba se sereno

     - ¿Y si mientras yo me decido o no, se presenta alguno y me quedo a la luna de Valencia? - porque el corazón, nadie es dueño de el y hasta que no tienes lo tienes seguro, no puedes decir que es tuya, aunque ella me esta esperando, creo yo, según las muestras que me da.

     Desde aquel día que tuvieron ya habían pasado como dos meses y ya había pasado más de un año desde la muerte de Amparo, así es que el jueves, como tenia dicho era el momento de ir. Aquella semana había pensado ir allí, se dijo:

     - Voy como si fuera a hacer alguna gestión en casa del abogado. Cogió su cartera y el autobús y lo llevo donde vio mas conveniente. Serian las doce del medio día y paso intencionadamente por el parque que frecuentaba la abuela con la niña y se fue directo a casa y salió a abrirle ella, porque la criada también estaba en el mercado, esa era la hora que escogía siempre para hacer la compra. Al verlo Amparín se extrañó:
 
     - ¡Huy, huy!, ¿tu por aquí?- Y la misma respuesta que le dio en su día a la madre

     - Vengo del abogado he terminado y me he dicho voy a ver a mi “joyita” -   La otra vez fue cierto, pero esta vez no, y es que se dio en pensar y se le figuraban “los dedos huéspedes”

     - Si quieres entrar un poco, pasa, pero la niña esta con mi abuela en el parque

     - Si me voy a ir allí, pues el tiempo siempre lo llevo justo

     - ¿Y no pasas aunque sea un poco?

     - Pues si voy a pasar y que me des un poco de agua que llevo un poco de sed – mintió. Ella, tan inocente le saco una jarra con un vaso y se lo lleno, lo cogió y se bebió dos dedos solo para aplacar un poco los nervios, pero no tenia sed, pudo comprobar Amparín

     - ¡Ya esta bien de la trama de venir de los abogados y nada de los arrendatarios que se niegan a pagar - al oír esa frase dicha por ella dijo:

     - ¡Digo esto, porque no puedo pasar mas tiempo sin ti y esto tenemos que arreglarlo!
 
     - ¡Bueno, Bueno!, ¿que te ha entrado?

     - ¡Lo que te digo!, ¡de lo contrario cojo a mi niña y nos marchamos a mi pueblo, porque para vivir no nos hace falta!

     - ¡No, pero a mi niña no te la llevas!

     - Pues hagamos algo para remediarlo.

     - ¿Y que podemos hacer?

     - ¡Pues casarnos!

     - ¡Jesús!, ¡que disparate!, ¿casarnos?, ¡casarme con un hombre que ha estado casado con mi madre!

     - ¡Eso no tiene nada que ver!

     - ¿Qué no tiene nada que ver?, ¿pero tu sabes lo que dices?

     - ¡Si,  y por eso lo digo, nos casamos y ya tienes a tu niña para siempre!

     - ¡Ay!,  Si pudiera ser tan fácil

     - ¡Si Amparo, es como te lo digo, le he preguntado al párroco que bautizo a la niña y me ha dicho que no hay ningún inconveniente porque entre tu y yo no existe ningún lazo de sangre!, ¡estuve casado con tu madre pero eso no impide que no puede existir nuestro matrimonio!, así de fácil. Esta tarde mismo vete a la catedral y se lo cuentas al prior y hacemos lo que él te aconseje, así el sábado cuando vayáis allí hablamos.

     Y diciendo estas últimas palabras se presento su abuela con la niña y ésta se abalanzó a sus brazos gritando

     - ¡Papa! - Damián la cogió en brazos y la beso

     Se despidió de las tres y se marcho, mas contento que otras veces, cuando éste se hubo ido, le preguntó la abuela a su nieta:

     - ¿A que ha venido este a estas horas aquí?

     - Pues me ha dicho que venia del abogado y que se ha pasado a ver a la niña

     - ¿A la niña o a ti?

     - ¿A mi? – Amparín se sorprendió de la certera insinuación de su abuela
 
     - ¿Que te crees que tu abuela es boba?

     - ¿A mi que me dice usted?

     - Aunque mirándolo bien visto es lo mejor que podríais hacer - le dijo la abuela - porque ponte a pensar y veras a donde vas a encontrar otro como el o parecido

     - ¿Pero eso no podrá ser?

     - ¿Qué no podrá ser?, ¿Quien lo puede impedir?

     - ¡Yo!, ¿diría que la Iglesia?
 
     - ¡La iglesia no puede ver ningún inconveniente cuando paséis por ella!

     - ¡A mi me ha dicho lo mismo Damián!

     - ¡Conque si!, ¡Ya me figuraba yo algo!

     - ¡Ya que lo sabes!, ¿qué te parece a ti?

     - Pues hija, yo no lo veo nada mal. Date cuenta si nos dejase y se fuera nos dejara la finca y nos dejara sin niña.

     - ¡Eso he pensado yo también!

     - ¡Pues entonces piénsalo bien!

     - ¡Pensemos las dos!

     - ¡A mi déjame de pensar niña, que ya pensé bastante cuando era joven como tu!- le respondió la abuela

     El sábado siguiente cuando fueron a la finca, y  aprovecharon casi todo el tiempo para estar juntos y hablar de sus cosas y le dijo Damián

     - A tu abuela Vicenta se lo dices tu, que ya se lo dije yo cuando tu madre a tus abuelos.

     - ¿Y que dijeron? - preguntó ella

     - Pues nada, pero tu abuela se puso a llorar,

     En Valencia fueron a ver al vicario, la abuela y Amparín, y éste les dijo que no había inconveniente si no había vínculos de sangre. O sea que todo se iba resolviendo favorablemente, a ella lo que le volvía loca era quedarse con la niña, por ella lo hacía todo, claro que a decir verdad el tampoco le desagradaba ya lo dijo el primer día que lo vio, que se lo comía con la vista. Y ella a el, que decir, le gustaba desde antes de hacerse mujer y es que cuando joven era una preciosidad, cuando Damián se fijo en ella,  y ahora la ocasión de unirse para siempre con el beneplácito de todos, porque en esta ocasión todos salían ganando, como la vez anterior, y es que en la vida como en la muerte el destino tiene estas cosas que unos pierden y otros salen triunfantes.    
     Como esta vez estaba a punto de ocurrirles a estos dos enamorados como era Damián y Amparín

     - ¡Que Dios les tenga destinado un largo y prospero bienestar, porque de esa manera repercutiría en los demás, como era en los abuelos, con esos años que ya tenían los cuatro y la joya que ahora se la repartían entre los dos y de esa forma dejarían de disputársela como un trofeo, mucha felicidad para todos que bien merecían la tenían! – era el sentir de todos cuantos les conocían  

     Parece ser que se le abría alguna puerta a Damián, al menos, parecía, que algo se le ponía favorable, y es que él no se podía equivocar, sabía que Amparín estaba por él y la niña hacía mucho en su favor, y no podía fallar, y es que cuando una mujer se empeña en una cosa, no hay quien le pueda hacer de desistir de ella, aunque no sea en su propio beneficio, pero en este caso si que lo era, porque se hacía con las dos cosas que mas quería, con su niña y con su Damián