La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                               Capítulo13

                                               LO QUE NADIE SE ESPERABA

         El primer verano de su nacimiento lo pasaron allí todos juntos y era ella, Amparín, la que la cuidaba, la bañaba, le deba el biberón, en fin, llegó a decir que era para ella.

     - Pero niña, si lo que tienes que hacer es casarte y tener tu una -  le decía de broma su madre

     - ¿Casarme? ¿ahora que incluso he dejado al novio? – su madre se quedó extrañada -, ¡es que no me gustaba!, ¿si hubiera sido como Damian...? - pues no se le iba de la cabeza.

     Aquel verano pasó y vino el nuevo año y con él  las fallas, como todos los años se marchaban a pasarlas a Valencia, ya había pasado mas de un año y la niña ya andaba, y aemás se había hecho un “bichillo” y no dejaba nada de parar, la hermana le reía todas las gracias que hacía, la llevaba a pasear, la subía en los caballitos que habían en las puertas de los establecimientos, le compraba golosinas, en fin que la niña se había hecho una “brujilla” y no quería estar nada mas que con su hermana. A si es que los padres se marchaban a ver fallas y a lo que fuera, y la niña ni los echaba de menos.

     Un día le dijo Amparo a su marido; - ¿sabes lo que me gustaría?, que fuéramos una tarde a los toros, ¿te acuerdas cuando fuimos en Sevilla lo bien que lo pasamos? 

     - ¡Ah, pues bien, vamos a por las entradas! - le contestó Damian.

     - Se acercaron a la plaza, ya que les cogía cerca y la sacaron para el día siguiente pues le gustaba mas, a Damián, el cartel de ese día, ya que toreaban tres toreros de su agrado. A Amparo le daba lo mismo, pues no conocía ninguno, sacaron dos barreras de sombra, donde sabía Damian que iban a estar a gusto. Al dia siguiente, empezó la corrida con normalidad y cuando ya iban tres toros pasados se hizo el descanso que se suele hacer que es mayormente para regar la plaza y señalar los círculos, o sea que da tiempo para comer o tomar alguna bebida. Damian compró dos refrescos de los vendedores ambulantes, los tomaron y Amparo notó que estaba muy frío y parece ser que se atragantó un poco, tanto fue así que se le hizo como un nudo en la garganta, ella no quiso decir nada, pensando que se le pasaría. Ya terminada la corrida cuando salieron de la plaza se lo dijo a Damian, y este le contestó:

     – ¿Quieres que entremos a un bar y tomemos algo a ver si se te pasa?

     Ella se excusó diciendo que ya se le pasaría, - Lo que si quiero es que nos vayamos a casa – le respondió

     Y así lo hicieron, cuando llegaron allí les esperaban todos, les preguntaron como lo habían pasado en los toros

     - Pues no ha estado mal – respondió Amparo – yo lo que vengo es con una cosa en el estómago que no se me va

     Entonces la madre le dijo – Mira te voy a dar unas pastillas que yo me las tomo cuando tengo pesadez de estómago y se me pasa en seguida

     Y así fue, se las tomó y mejoró un poquito. Se pusieron a cenar y ella no quiso tomar nada solo antes de acostarse, se tomó un vaso de leche y se durmió, pero a las dos horas se despertó con un dolor muy grande, no podía estar en la cama y se puso a pasear por la habitación, Damian se ve que no tenía ninguna dolencia por que no solo no se despertaba, si no que no paraba de roncar, cada vez mas fuerte, tanto que en uno de ellos, hasta el mismo se despertón, cuando vió a su mujer paseando de un lado para otro, le preguntó:

     - ¿Pero que haces mujer?

     - Pues mira, que no puedo estar acostada

     - Damián se levantó de un salto y le dijo – ¿quieres que llame al médico de la clínica?  

     Ellos tenían un seguro de la clínica donde habían dado a luz, al oírlos hablar, la madre también se levantó y fue donde estaban los dos, muy alarmada. Amparole contó lo mismo como ya le había dicho cuando llegaron de los toros y que además ahora no podía dormir

     - ¡Yo le digo que llamemos al médico de la clínica, pero ella no quiere! Intervino Damián

     – ¡Si hija! – dijo la madre - ¡llama Damian!

     Y así lo hizo. Se presentó el médico que la había atendido en el parto y una enfermera, le contaron lo que había ocurrido con el refresco, estuvieron reconociéndola y poco le pudieron ver y hacer. La llevaron a la clínica y allí le estuvieron haciendo todo tipo de pruebas.
     Estuvo ingresada dos días y no veían claro lo que podía ser, de momento le quitaron las molestias y la mandaron para casa.

     - ¡Ya le diagnosticaremos lo que pueda ser! – les dijeron

     Tardaron cinco días y cuando lo tuvieran claro, a ella le dijeron que le darían un tratamiento, luego a Damián, llamándolo a parte, se lo comunicaron...

     – ¡Mire, Damian su mujer tiene la enfermedad del siglo! -  Él en seguida lo captó pero se negó a creerlo, - ¡Le haremos un tratamiento pero no hay otra cosa!

     - El se puso como loco - ¡No puede ser! – gritaba, incluso  le tuvieron que inyectar un calmante.

     Cuando estuvo mas tranquilo, el médico le explicó y el sin querer lo tuvo que aceptar

     - Me gustaría que a su esposa no se lo contase, así como a sus mas íntimos, confío que usted, todo un caballero comprenda la situación y sepa asumirla, como corresponde a un hombre de su categoría

     Damian se puso a llorar en silencio, como lo hacen los hombres, se levantó del asiento en que estaba hundido y se despidió dándole al doctor la mano, entró en la sala donde tenían a su mujer y salieron de la clínica como si no hubiera pasado nada, le mandaron un tratamiento con el que se puso muy bien, como sería que pasado un mes o cosa así viéndola tan bién, Damian, fue a la clínica a hablar con el doctor y éste le dijo:

     - ¡Es normal, pero esa mejoría es pasajera, cuando pasen tres meses, o así, verá usted que todo ha sido un espejismo, pues la enfermedad sigue y cuando de la cara será fatal!

     Al pobre Damián le tuvieron que volver a atender por el estado en el que quedó, lo repusieron un poco y cuando se encontró mejor se marchó donde estaban los suyos sin revelarle a nadie lo que le había dicho el doctor.

    Ese plazo se cumplió y efectivamente, empezó a encontrarse mal y mal, hasta que no pudo dar mas de si, ella misma se daba cuenta que se moría y entonces quiso hacer testamento. Todo lo que poseía lo dejaba para sus dos hijas y su marido, Damian lo administraría, también dejó dicho que la enterraran en el panteón familiar de Valencia junto a su padre y su madre, cuando les llegase el momento, y si podía ser también, con ellos, su marido Damian. Hubiera deseado que a su anterior marido, Vicente, lo pusieran, también junto a ella, pùes también lo quería mucho, pero ya estaba con su padre, y también lo estaría junto a su madre, en el panteón  familiar de ellos.

      Y ese fue el final de esa gran mujer, que había dejado huella en todos los que la conocieron. El entierro fue una manifestación de duelo tanto en su barrio de Valencia como en su pueblo, Albuixet, y es que no había nadie que no la conociera, ni que no la quisiera pues fue una gran señora que dejó huella por donde pasó. Ahora todo quedaba en manos de Damian, éste llegó hasta coger una depresión pero tuvo que hacerse fuerte para guiar a todos y darles consuelo por que a veces los golpes son duros pero hay que sobreponerse a ellos, por que la vida sigue y no se puede quedar uno parado, que Amparo descanse en paz.

     Damían quedo que no podía hablar con nadie, creyeron que llegaría a ponerse enfermo, solo le consolaba estar con su hija, y lo mismo le ocurría a Amparín, y tanto fue así que se la llevó con ella a Valencia, con su abuela Amparo, y Damián iba a verla siempre que podía.

     Vaya golpe para ellos, pero no menos para la señora Amparo, perder a su única hija con cuarenta y cinco años, - ¡es para volverse loca! - decía la buena mujer, y de la joya que había dejado, y en ese delirio le quedaba que su nieta mayor era una mujer, y podía criar a la pequeña, aunque la niña tenía a su padre, a su tia Rocío, y a sus abuelos que podían hacerse cargo de ella, eso pensaba mientras deliraba.