La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 11

                                                         LO PROHIBIDO     
                         
   - ¡Como pasa el tiempo!, - comentó Damian a Amparo mientras desayunaban - parece que fue ayer y ya hace un año que faltó el señor Batista, nos estamos haciendo mayores.

     - ¡Si - contestó Amparo – y yo parece que tengo algo pendiente, conforme pasa el tiempo lo tengo mas en mente

     - ¿Y que es? -  preguntó, intrigado, Damian

     - Pues a mi no se me va de la cabeza, que me gustaría tener un hijo que fuera tuyo, ¿me hace una ilusión tan grande?

     - ¿Que me dices? - se sobresaltó él - ¡no me digas esos disparates!

     - ¿Disparates dices?, ¡Pues no hay otra cosa que me hiciera mas ilusión que ser de nuevo madre, he estado muchas veces en decírtelo y después de pensarlo no me he atrevido!

     - ¿Me lo dices de verdad?

     - ¡Como te lo digo!

     - ¡Que valor tienes, me dejas de piedra!, contestó él

     - ¡Pues si, y te lo vuelvo a repetir, no te puedes imaginar lo feliz que yo sería!
     Damian se quedó sin habla, callado, sin saber que contestarle, y ella siguió, - ¿Tu crees que siempre va a ser igual?,  los cuerpos cambian y quien sabe si esta vez no es lo mismo

     - ¿Y si es? respondió Damián, asustado

     - Yo estoy con que no pasaría nada – sentenció Amparo

     Y así estuvieron un buen rato con la discusión y con las dudas, al final se levantaron de la mesa tras el desayuno y cada uno se marchó a su trabajo, ella recogió los servicios y él donde estaban labrando con los caballos para sembrar el maíz, por el día debieron estar pensando en todo aquello, pues nada mas acostarse empezaron con el mismo tema, ella la que mas lo quería.
     Desde entonces no pusieron remedio y así estuvieron tres meses, hasta llegaron a pensar que ya no podría ser,  y ya sin miedo, pero mira por donde que al cuarto mes acertaron, de momento ella se asustó un poco, pero conforme iba pasando el tiempo hasta se puse mas que contenta, contentísima, pero no se le iba ese poquito de cuidado, a Damian cuando vio la cosa cierta no hacia nada mas que lamentarse pero otras veces decía que ¡no querrá Dios que pase nada! y él siempre tenía esa conformidad, a ella se le fue el recelo y se la veía feliz y animada, se había quitado la preocupación, pero cuando estaba sola y con el pasar de los dias, pensaba que ya se le venía el momento encima.
     Un fin de semana vinieron a pasarlo con ellos la abuela y la hija de Amparo, cuando les vio se alegraron mucho, le dijo la hija a su madre que tenía que decirle una cosa, Amparo la llevó a parte y cuando estaban solas le dijo

     - Salgo con un chico

     La madre le abrazó y le dijo:

     - Cuanto me alegro hija, yo también tengo que darte una gran noticia pues vas a tener un hermanito

     - ¡Oh mamá, no me digas que es verdad!

     - ¡Pues si hija, así es, tu eres la primera que lo vas a saber, después de Damian, como es natural!

     - ¿Pero mamá, y si te pasara algo como cuando me tuviste a mi? – Amparín, se asustó de verdad

     - ¡no querrá Dios! – quiso tranquilizarla su madre, y las dos estuvieron abrazadas y llorando durante largo rato.

     La madre la consolaba, pero ni por esas, hasta que salió Rocío y les dijo que la comida estaba en la mesa, fueron al aseo y disimularon el llanto que les había invadido durante largo rato, ya comiendo lo mismo, lo disimulaban lo mejor que podían pero la niña no pudo aguantar mas y dando un grito se levantó echa un mar de lágrimas y se marchó a su cuarto, detrás de ella fueron su madre y Damian.
     Amparín, al verse con ellos a solas empezó a culparlos sobre todo a Damian, él como podía, intentaba comvencerla, pero todo fue inútil, la dejaron sola para ver si se le pasaba, pero no pudo ser, no salió de su dormitorio hasta ser la hora de marcharse con su abuela a su casa de Valencia, con el taxi que les había traído como siempre que venían a la finca.

     Cuando volvieron a donde estaban los demas comiendo y tras haberla dejado sola, les preguntaron que le ocurría a la niña, y entonces Amparo, les comunicó el estado en el que se encontraba.
     Su madre al escucharla no tuvo por menos de decirle - ¡pero hija!, ¿es posible?, y se puso a llorar.
     Ya todos se habían enterado, y todos lo tomaron con un poco de disgusto, tanto fue así, que Amparo se marchó con ellas a Valencia, acompañándolas pero a decir verdad, quien realmente necesitaba que la acompañaran era a ella misma, debido al estado en el que se encontraba, pero allí se quedó con ellas unos dias, y Damian siguió solo en la finca hasta el sábado siguiente, que se marchó con la intención de traer al menos a su mujer, Amparo.
     El creía que se las iba a encontrar allí, tristes y que le reprocharían, como anteriormente habían hecho, pero no, durante la semana habían reconocido y todas confiaban en que no llegaría lo que tanto les preocupaba. Entró Damián casa y las tres salieron a recibirlo tan cariñosas como siempre, sin demostrar que ahí hubiera pasado nada

     - Bueno, vengo a por vosotras, que hoy es un buen día para celebrarlo, pues hoy es un día grande para toda la familia ya que vamos a celebrar el gran acontecimiento que nos espera.

     La abuela se acercó a Damian muy cariñosamente y le preguntó - ¿Has traído el coche con los caballos?

     - ¡No, nos vamos con mi amigo en el taxi!

     Y así lo hicieron, nada mas comer llamaron al taxista que siempre los llevaba y marcharon todos a la finca

     - Es que yo quiero que tus padres y mi suegra no estén enojados con nosotros, y mi hija pida perdón a todos por la conducta tan desagradable que tuvo con ellos por que al fin y al cabo, ellos no se merecen ese trato innecesario

     - Es igual Amparo – le respondió Damián, conciliador - mis padres todo lo comprenden

     - ¡Sí lo se, y por eso hay que hacerlo, por que ellos se merecen otro trato!

     - ¡está bien querida, lo que tu digas!

     Y así lo hicieron, cogieron el taxi del amigo y se marcharon. Cuando llegaron estaban todos impacientes por ver en que estado venían pero todo fue llegar y empezar a repartir abrazos y a reir como si no hubiera pasado nada, la niña nada mas bajar del coche fue en busca de su abuela Vicentica y varias veces le pidió perdón,

     - ¡Perdonarte?, de que te voy a perdonar si a mi no me has hecho nada hija?, comprendo que fue una cosa que te dio por ahí por la emoción pero ya lo he olvidado

     A los padres de Damian también les dijo que lo sentía y que la perdonaran, ellos le dieron la misma respuesta, lo mismo a la hermana de Damian y a su marido y en eso quedó todo, eso si, les prometió que no volvería a suceder.

     Ese domingo les hizo, la señora Mercedes, una paella de esas que hacen época ayudada por la señora Vicentica y la señora Amparo que como buenas valencianas la sabían hacer como nadie, de esas con buena leña de naranjo y agua de la marchal que es como se hace para que salga la auténtica y la buena Paella Valenciana, y todos tan contentos, tanto fue así que durante los postres y el café y con alguna copita que se tomaron, el señor Jacinto pidió permiso para alegrar la sobremesa, ya que estaban celebrando algo tan importante como el nieto que venía y con el beneplácito de todos, les dedicó unos fandangos que no los hubiera mejorado ni el propio Marchena, y como estaría la cosa de contenta que la madre y la hermana de Damian le pidieron a éste que se le viera la “grasia” él no quería pero viendo lo a gusto que se encontraban todos se arrancó como su padre por fandangos, se quedaron todos asombrados, salvo los suyos que ya sabían como cantaba, los demás se quedaron asombrados con esa voz fina que tenía y ese poderio que asombraba, su mujer hasta enrojeció al oírlo y la niña no tuvo por menos que abrazarlo y darle un montón de besos y es que aquello fue un descubrimiento para quien no lo sabia.

    Pasado el día volvieron a Valencia, la abuela y la niña pues esta tenía que seguir con sus estudios, desde luego, bien a gusto que se hubiera quedado allí, con lo bien que lo pasaba con la presencia de Damian pero no podía ser, la carrera era lo primero.

     El tiempo transcurrió hasta que llegó el día del acontecimiento, todos estaban como es de suponer, con mucho miedo, pero a todos se les quito cuando a la hora o cosa así de haberla ingresado apareció una enfermera con una niña en brazos que parecía un “querubín”, mas bonita no la había al decir de todos, aquello fue la locura, todos los allí presentes se abrazaron los unos con otros hasta que Damian preguntó - ¿y mi mujer como está?

     -¿Como va a estar? -  respondió la enfermera - ¡como usted contentísima!

     Y no era para menos después del susto que tenían todos, que día mas maravilloso había amanecido para aquella familia.

   Esta vez si hay que celebrarlo, decía Damian con lágrimas en los ojos, - ¡si es que no he vivido en todo este tiempo pasado!, y es que él se hacia culpable de todo si algo hubiera ocurrido pero como decía la abuela Mercedes

     - ¿Como iba a ocurrir algo malo, si Dios es muy misericordioso?

     Y como prueba, ahí tenían la “perla” que les habían mandado para el disfrute de todos. Los padres de Damian como no pudieron ir a la clínica, no paraban de rezar y pedir que no pasara nada, nada mas por su hijo, por que creían que todos lo culparían a él, pero cuando llegó él mismo con la buena noticia lo abrazaron los cuatro sin quererlo soltar, sus padres y su hermana, su cuñado que también estaba preocupado.

     Amparín, exultante no paraba de gritar - ¡Ya no estoy sola, que tengo una hermanita! - y así todos rebosantes de alegría que no era para menos después del susto pasado.

     Amparín estaba como loca con su hermanita, decía que ella la criaría y la tendría con ella en su habitación.

     - ¡Pero niña, eso no puede ser, tu madre tiene que darle el pecho! – le decía la abuela Amparo

     - ¡Pues yo la traigo para entonces!

     - ¡Si, y también te la llevas al colegio!

     - Pues porque no puedo – respondía, ella, con cariño

     - Mas vale, decían todos.