La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                               Capítulo 10

                                                   LOS PADRES DE DAMIAN
 
         Ya habían pasado cuatro años desde que llegaron y ya se habían acostumbrado a esta tierra y a su gente, había que ver a la señora Mercedes desenvolverse en el mercado, al principio decía que no les entendía, pero hasta que no le explicaban bien lo que le costaba no se decidía y es que no se fiaba

     -  Con esa lengua que tienen no les entiendo, el caso es que me caen bien pero no se que me dicen, y son muy amables, un día venía muy cargada y el señor que me despacho al ver lo que traía mandó a un chico para que me ayudase a traer la compra hasta la puerta de casa

     - Lo que tiene que hacer es coger amistad con los vendedores y siempre procurar ir al mismo sitio y verá como la tratan muy bien - le decía su nuera

     Se pasaban muchas horas hablando, a Amparo le gustaba que le contase cosas de Damian de cuando lo criaba, se daba cuenta, la señora Mercedes, de la pasión que sentía por su hijo, también es que le hacía mucha gracia a Amparo, esa gracia, andaluza, que tenía hablando, lo mismo que su marido el señor Jacinto, también la de la hija Rocío, le hacía mucha gracia su nueva familia de Damián,

     Todo fue transcurriendo en la mas absoluta normalidad, y la mayor de la felicidad, hasta que un día el señor Batista se puso enfermo, los médicos creían que no era cosa grave pero el hombre no reaccionaba, se veía que cada vez se encontraba peor, y poco a poco fue deterirándose su salud,  hasta que dejó de existir.

     La señora Vicentica, varias veces, había comentado con las mujeres que tenía mucha tristeza desde que faltó su hijo, parecía que no quería vivir, decía su mujer, y ahora el señor Batista les había dejado, para todos, y nunca mejor dicho fue una gran pena, por que era un señor muy respetado por todo el pueblo y es que era lo que de dice un buen hombre, ¡que Dios lo tenga en su gloria!
     Lo pusieron junto al hijo en un panteón familiar que tenían allí en el cementerio del pueblo, la casa quedó como es de suponer, Damian lo sintió mucho ya que el fue su descubridor y quién lo llevó a casa - ¡Todo se lo debo a él! -,  comentaba a los suyos con lágrimas en los ojos, Amparo también sintió mucho la perdida de su suegro, se querían y se respetaban mucho, “la niña”, como él señor Batista, llamaba a su nieta Amparín, cuando se enteró no paró de echar lágrimas desde que llegó hasta que se despidió de él y es que quería mucho a su “yayo”.
     En la casa se guardó luto durante mucho tiempo y es que fue un hombre que dejó huella en todos los que le trataron con eso queda dicho lo que fue el señor Batista.
     La señora Vicentica quedo en la mas onda de las tristezas, aunque Amparo no la dejaba sola en ningún momento, lo mismo la señora Mercedes, a sus años necesitaba el cariño de todos, y las dos estaban dispuestas a dárselo, como ella decía, - ¡con los cincuenta años que llevábamos juntos y todo eran recuerdos! - gracias que todos estaban por ella.
 Damian también se abrazó a ella después de todo lo pasado y le dijo:

     – Usted, mientras viva, no tiene por que preocuparse de nada aunque se sabe que no puede ser lo mismo pero si le vale de consuelo aquí estamos todos para usted para lo que quiera y hagamos falta pues todos los de esta casa estamos para lo que necesite, de eso me encargo yo.

     Y así era, no pasaba ningún dia que no la buscase y estuviera hablando con ella un rato, si no lo había podido hacer durante el dia, antes de acostarse le buscaba, y aunque estuviera en la cama, pasaba un rato con ella, y como se lo agradecía la buena señora, si estaba acostada le daba un beso, que el no se daba cuenta, pero ella se quedaba llorando de agradcimiento, ¡pobreta!.