La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                                Capítulo 8

                                                                LA BODA
                   
        Se había dado un paso muy importante aunque quedaba el mas decisivo, que lo supiera Amparín la hija

     - ¡Mamá si lo quería yo! - dijo después de oírlo

     - ¿Que dices niña?, ¡si es muy mayor para ti!

     - ¡También tú eres mayor que él!, o es que crees que yo no lo sé

     - ¿Pero qué dices? Si tu lo que tienes que hacer es estudiar y acabar la carrera y no pensar en novios todavía,

     - Yo se lo hubiera dicho y a lo mejor me hubiera esperado hasta que la hubiera terminado - y se puso a llorar

     La abuela trataba de consolarla diciéndole que ella se hiciera novia con uno de su edad pero ni por esas, a la madre cuando se lo dijo la hija esta si que no lo vio mal, que iba a hacer una mujer tan joven siempre sola? Porque la +hija se casaría algún día y lo vio muy bien y luego es que era un hombre de los que no se encuentran fácilmente, a si es que lo que todos creían que todo iban a ser pegas salio que todos lo entendieron, todos dijeron que hacía muy bien.
     Ya enterados todos los familiares y los amigos se dispusieron para la boda, se casarían en Valencia en la iglesia de San Agustín.

     Una vez casados se fueron a vivir al pueblo donde estaba la finca porque no iba a estar, Damián, todos los días yendo y viniendo, pues éste era imprescindible en la hacienda, así es que cuando vinieron de la luna de miel se instalaron en la casa que tenía Amparo de cuando vivía con su otro marido al lado de los suegros y los padres de estos, Amparín la hija se quedo en Valencia con la abuela pues no lo vino bien que le quitara el novio su propia madre.  

     Esa noche cogieron el avión y se marcharon a Roma de Luna de Miel, allí tenían una reserva para los dias que estuvieron en Italia. Visitaron el Vaticano, donde incluso vieron al Papa, también pidieron unos deseos, tras echar unas monedas en la Fontana de Trevi, luego se trasladaron a Venecia y pasearon en góndola, en los dias que estuvieron vieron lo mas importante de ese pais. Desde ahí se fueron hasta Grecia, que no es que estuviera mal, pero era todo muy antiguo, decían entre risas. Luego fueron a Turquía, donde pasearon por los barrios mas antiguos de Estambul y pudieron comprobar esas noches tan exóticas de jolgorio tan raras, por lo menos para ellos. Finalmente estuvieron en Francia, vieron la torre Eiffel y los Campos Eliseos, pasearon de la noche por las calles de Paris y vieron, con emoción, los teatros parisinos.
     Estuvieron quince dias de viaje, pero los aprovecharon my bien, y es que que como decía Amparo:

     - ¡Cuando me casé con mi otro marido, es que no pudimos ni salir, porque estaba España que no se podía ir a ningún sitio, por la dichosa República, y no veas despues con la guerra, y es que entonces, los que teníamos dinero, no podíamos ir a ningún lado, así es que le he dicho a Damián que nos íbamos a ir de viaje, porque aun somos jóvenes y lo podemos hacer! – Así se expresaba Amparo, llena de felicidad, y no le faltaba razón a la buena mujer

     Cuando vinieron trajeron muchos regalos para todos, y para Amparín, no digamos, trajeron lo mas típico de todos los lugares que habían visitado, y a todos les gustó mucho, y lo mejor fue lo que vinieron contando de lo bien que lo habían pasado, - ¡es que la juventud es lo que mas vale! – decían las madres de los dos.
     En cambio la suegra Vicentica estaba, la pobre mujer, que no paraba de lamentarse de la suerte de su pobre hijo.
     Amparín no pasaba por la finca desde que se casó su madre,  y los regalos se los tuvieron que llevar a Valencia. Quisieron acercarse`para ver se se le había pasado el enfado, sabido es que salía, desde hacía algún tiempo, con un compañero de la universidad, pero ni por esas los perdonaba, y es que como ella decía:

     - ¡Es solo un  amigo, no somos novios ni nada!

     Pero, en fin, lo importante es que se habían divertido durante el viaje, y habían visto cosas que de otro modo dificilmente las habrían podido ver, porque los enfados se pasan, tal como se pasó el de Amparín.

     Pasados  unos dias, Damián, empezó a controlarlo todo, como siempre, aunque no había ido mal durante su ausencia, y es que con Ramón, el cuñado, tenía una ayuda muy valiosa, y el señor Joaquín, que también, el hombre, les ayudaba en lo que podía.
     Que contentos estaban todos en la casa, ese casamiento había venido como agua de Mayo, como se suele decir, hablando Amparo, con su suegra, con su madre, con Rocío y con Amparín, les contaba muchas cosas de las que habían visto y les habían pasado, como el dia que salieron de aquí, como salieron del aeropuerto de Manises hacía Roma a la una de la madrugada, llegaron al hotel a las cinco

     - ¡Entramos en nuestra “suite” y estuvimos sin salir de la habitación lo que quedaba de la noche, y todo el dia siguiente con su noche!

     - ¿Pero sin comer? – preguntó Rocío

     - Que vá, a sus horas nos llevaban la comida a la habitación. Cuando fuimos al Vaticano, vimos al Papa dar misa, y luego dar el “Angelus”, todo era maravilloso, todo era de oro y muy limpio, nos impresionó mucho a los dos, pues para mi fue lo mejor de todo el viaje – Amparo estuvo contando todas las anécdotas que les habían pasado durante todos esos maravillosos dias

     - ¡Y es que, claro, una no está hecha a salir y ver tanto y tan bonito y deslumbrante! – dijo Amparín

    - ¡Cuenta, cuenta que nos gusta mucho lo que dices! – decían las abuelas

     Y así las entretenía Amparo. Damián, por otro lado, les contaba, también, lo mucho y bonito que habían hecho

     - ¡No estamos acostumbrados a ver tantas cosas bonitas como hay por ahí! – decía

     - ¡Claro, como que no se puede hacer todos los dias un viaje como el que vosotros habéis hecho! – le replicó uno de los trabajadores que lo estaba escuchando.

     - ¡Y llevas razón, Tomás, yo tampoco lo hubiera creido que lo iba a hacer nunca, pero mira, las cosas se ponen así y hay que tomarlas como vienen! – dijo Damían                         

    Había que ver lo felices que se les veía a los dos, eso si, de familia nada, pues ya estaban advertidos de la vez anterior cuando nació Amparín, como ellos lo sabían debían evitarlo y como ya tenían una, pues tampoco les importaba mucho tener mas.
     Durante los primeros días, el señor Batista y su mujer parecía ser que les miraban con un poco de desdén, hasta que se acostumbraron, los que no cabían en sí de gozo eran los padres y la hermana de Damián y es que no era para menos lo bien que habían caído en ese bendito pueblo, quien les iba a decir a ellos, que ni conocían Valencia, y menos ese  pueblo, pero el destino tiene esas cosas. Así es que todos los días tenían motivos para dar gracias a Dios. También era fruto de Damián que por donde pasaba dejaba huella de su presencia.

     En la antigua vivienda de Amparo y Vicente, donde se habían instalado a vivir, hicieron bastantes cambios, pusieron muebles nuevos, una cama moderna y algunas ropas, la cambiaron a su gusto y con la ilusión de quién empieza una nueva vida.

       Amparo desde el día en que se casaron no quería separarse de él ni un momento, los dos solos en sus habitaciones eran la mar de felices, la señora Mercedes les hacia la comida, platos que sabia cocinar de su tierra, a Damian que le gustaban tanto, igual que a Amparo cuando los probó, por las mañanas, Damián, madrugaba un poquito y ella se quedaba en la cama, pero cuando creía que se había levantado venia y desayunaban juntos, luego casi todos los días acompañaba a su suegra e iban a la compra y es que se juntaban siete para comer, la comida de los domingos la solían hacer para todos, y es que en esta bendita tierra valenciana se suele hacer la famosa paella, que por cierto se la enseñaron a hacer a la señora Mercedes entre la señora Vicentica y el señor Batista y hay que ver como le salía pues cada domingo era una fiesta.
 
      Damián, cuando los veía a todos reunidos y en tan buena armonía no tenia por menos que pensar en aquel momento en que tomó aquella decisión y marchar de su mísero pueblo.

     - ¡Que suerte Dios mio, salir y coger el tren para que me trajera a esta tierra y encontrar a esta gran familia, estos seres tan maravillosos y esta mujer que Dios me ha dado. Si es que no se puede pedir mas de lo que tengo ahora, con aquel porvenir tan incierto como el que se nos avecinaba y ahora ver a mis padres y a mi hermana sin faltarles de nada, ¿y yo que es lo que era?, y ahora soy querido y respetado por estas magníficas personas que nos han acogido como miembros de su propia familia!.

     - ¡Tengo que agradarles en todo lo que pueda y  hacerles felices pues seria un desagradecido si asi no lo hiciera, que nos dure a todos mucho tiempo esta felicidad!.

      Se acercaba un acontecimiento en la casa, Rocío la hermana de Damian se casaba con un chico de Albiuxech, lo tenia Damian allí trabajando, casi fijo, para cuidar de los caballos y todo lo que le mandaban, ya habían visto que era una buena persona y no tuvieron inconveniente en admitirlo en la familia, pues para los padres era una gran alegría lo mismo que para Damian, para él lo era todo. El mismo fue el padrino de la boda, no podía ser menos.

    Desde ese día, después de la boda empezó a ser uno mas de la plantilla de la finca, el chico tenía su piso propio y allí vivían y como los dos trabajaban en la misma casa, salían por la mañana y hasta que regresaban por la noche menos el desayuno que lo hacían en casa, la comida y la cena la hacían con todos, ya que Rocío se dedicaba plenamente a la señora Vicentica y al señor Batista, en fin, entre ella y su madre Mercedes y su padre Jacinto lo llevaban todo y ahora les ayudaba también, cuando el tiempo se lo permitía, Ramón el marido de Rocío, Damián lo había organizado para que todo funcionara como una máquina.

     Cuando había que trabajar con los caballos, lo hacía Ramón que para ello lo tenían contrtatado y es que era un chico fuerte porque los caballos eran enormes de grandes, los tenían para llevar el coche de paseo y para trabajar las tierras, eran muy nobles, tanto es así que hasta los montaban, tanto Ramón como Damían, cuando tenían que ir al pueblo cercano o dar algún que otro paseo.

     Triste fin los de estos animales, porque cuando entró la modernidad, los vendieron para comprar un tractor, que con menos gastos rendían mucho mas, cuando llegaron a ese punto, Ramón se sacó el carnet de conducir y era el que llevaba dicho tractor, había veces que Ramón estaba ocupado y lo cogía Damían, que lo hacía como cualquiera, y esqeu valía para todo, porque estaba muy bien preparado para cualquier trabajo.