La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                                Capítulo 7

                                              LA IMPACIENCIA DE DAMIAN  
 
        Igual que la vez anterior le abrió la criada y le hizo entrar al despacho y cuando se arreglo la señora se presentó, también en esta ocasión muy perfumada, Damián nada mas verla se la hubiera comido con la mirada.

     - ¡Hola Damián! - le saludó.
  
     - ¡Buenos días señora! - le contestó éste.- He ido al abogado para tratar de los alquileres de las viviendas y me he dicho de  pasar a saludarlas.

     - ¡Y has hecho muy bien! - respondió ella, un poco irónica - pues tu dirás.

     - Decir le diría mucho, porque no puedo estar mas tiempo sin usted.

     - ¡Huy, huy, Damián!, ¿no te das cuenta que lo que tu quieres es casi imposible?

     - ¿Imposible?, ¿por qué? yo la quiero con toda mi alma y me consta que usted a mi igual
 
     - Pues si quieres que te sea sincera, también me gustas, pero no con esa pasión, como la que te veo a ti, los hombres sois muy apasionados, pero hay que ir mas despacio, porque si llegáramos a algo, habría que hablar bastante, mira tu a mi no me disgustas pero no se si para llegar a donde tú pretendes, date cuenta que yo soy una mujer que no puede tener familia, cuando tuve a mi Amparín estuve muy mal y  me aconsejaron que no tuviera mas, porque si los tenia me podía ocurrir lo inesperado, por eso no pude tener mas hijos con mi marido y ello creo que es lo suficiente, porque un matrimonio sin familia, ¿Qué es?, pues nada. Porque claro tú querrás tener hijos, ¿no es así?

     El quedo con la cabeza un poco baja pero cuando ella termino el le respondió:

     - ¡Ay, perdón!, quiero decir que la quiero, con hijos o sin ellos, además usted ya tiene una, que para mi será como una hija propia.

     - De acuerdo Damián pero hay muchas cosas que nos separan, mira lo que me haces decir, si pudiese ser nos cogíamos de la mano y nos marcharíamos a donde nadie nos conociera, porque yo, ¿para que disimular mas?, también te quiero y te quise desde el primer día que te vi., pero lo veo tan imposible como entonces.

     - ¡No, eso no!, entonces no podía ser porque tenias a tu marido, pero ahora eres libre, tanto como yo, a nadie le importa nuestras vidas y no debemos hacer caso a nadie, porque nos queremos y esa es la única verdad

 

     - Bueno mira, tu ve viendo la forma de arreglarlo lo mejor posible que yo estaré esperando mientras tú me digas, seré tuya.

     - Perdona por el tuteo – Damián se dio cuenta repentinamente de que habían empezado a tutearla durante la apasionada conversación

     - Es igual, ante la gente me puedes seguir tratando de usted, pero estando, como ahora, solos no tienes porque hacerlo, bien esto es cuestión de hablarlo los dos despacio y darle forma y ver el camino que había que tomar. Si te parece bien el jueves que no esta la chica y mi Amparo se va con su abuela a ver una película, le diré que yo no tengo ganas de ir con ellas y podremos hablar durante las tres horas que dura la película, ven sobre las nueve.

     Para despedirse se dieron un beso apasionadísimo que no sabían como terminar y es que estaban locos el uno por el otro, aprovecharon antes de que llegara la hija del instituto que ya casi era la hora.
     Y llego el deseado jueves, habían quedado a las nueve, pero el llego a las ocho y media y así las vio salir, ella también estaba pendiente porque no fue nada mas acercarse a la puerta cuando se abrió, pues ya lo estaba esperando, y nada mas entrar sin apenas saludarse se fundieron en un abrazo y se les debió de parar el tiempo porque casi los cogen cuando las mujeres volvieron del cine en la misma postura. Quedaron para el jueves siguiente, ya que era el día que libraba la sirvienta y ellas tres solían ir al cine si no tenían algún compromiso.
     Estuvieron de esa forma durante un tiempo, otras veces aprovechaban el fin de semana y así verse y hablar si tenían algo de tiempo, pero vieron que así no podían seguir, a escondidas, como dos colegiales así es que intentaron hacerlo publico. Los padres de Damián ya lo sabían pero les prohibió el hijo que lo comentara, la madre de ella también insinuó algo, sin llegar a saber la relación que tenían.
     Cuando se lo contaron dijo que no le parecía mal, pero también insinuó que haber que le iba a hacer, todo fuera por el bien y la felicidad de su hija, en fin que por esas dos partes lo tenia claro, lo que temían era a los padres del difunto hijo, al fin y al cabo era de ellos el capital, aunque algunas fincas eran de los padres de Amparín, por eso conoció y se enamoro de su marido, de ir a las tierras de su padre.
     Pero tendrían que dar el paso y decírselo al señor Batista y la señora Vicenteta, claro que ya habían transcurrido dos años desde la muerte de su hijo y para ello se encargo Damián, como no podía ser de otra manera, que para  eso era el mas interesado . Y como lo hacían los hombres, se fue por el derecho, con la verdad por delante  y en estos términos les hablo:

     - Señor Batista, señora Vicenta, vengo a tratar con ustedes un tema bastante escabroso, yo como saben empecé a trabajar con ustedes, sin interés ninguno solo buscando mi bienestar y el de los míos, a su hijo de ustedes le llegue a querer como un hermano, cuando ocurrió lo inesperado, yo hasta llegue a echar lagrimas por el, que ha decir verdad nadie somos culpables pues son cosas del destino,  así es que  después de pensarlo mucho, he decidido dar este paso y como ya me conocen no me gusta andar por detrás. Quiero decirles que me he enamorado de Amparo, la nuera de ustedes, y que si lo aprueban yo seguiré lo mismo, es mas, los considerare como otros padres, de lo contrario me obligarían a tomar la decisión, la mas conveniente, para su nieta seria un padre,  mas aun al recordar al que tuvo que siempre fue muy amigo mío y eso es todo.

     - La señora Vicentica se puso a llorar en recuerdo del único hijo que tuvo y el señor Batista agacho unos momentos la cabeza como meditando y al fin pudo hablar:

     - Damián nos has cogido de improviso, pero no por eso me ha extrañado, en estos últimos meses han venido mas asiduamente y yo la verdad creí en ti y cuando no me decías nada yo seguía tranquilo pero ahora que has venido, y por derecho, como tu terminas de decir, apruebo tu hombría, pero yo no puedo opinar del caso nada, vosotros ya sois mayorcitos, eso si por lo que representáis por la casa, te diré que me alegro  ya que siempre te he considerado un hijo y ahora mas ya que se me fue el que tenia así es que por mi, que seáis muy felices. 

     - Eso es todo, buenas noches – Damián se levantó y se despidió, dejando a la señora Vicentica llorando, y al señor Batista echo un mar de confusiones, el momento no se prestaba para otro ambiente, él como le dijo, viendo que no le decía nada, pero algo se temía, le llegó a decir a su mujer, y mas viendo que cada semana se hacían mas presentes en la finca, aunque él estaba convencido de que era también ley de vida, y que era mejor que se quedase a que se hubiera marchado, y les hubiese dejado a todos plantados.