La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                                Capítulo 6

                                                     DA EL PRIMER PASO

        - No, suceder puede ser solo lo que usted quiera, estoy a su entera disposición y a lo que se refiere de estar a gusto, no lo puedo estar más, desde que llegué a esta casa de ustedes que todo ha sido atenciones, primero, de sus suegros, después de su marido, ¡que en paz descanse!, ¿cree que no es para estar contento?, luego con mis padre y mi hermana. ¿Es que se puede pedir más?

     - Desde luego lo comprendo, pero un chico joven como tu puede tener otras ambiciones, como formar un hogar y otras cosas más.

     - Eso si que me gustaría, formar un hogar, es lo que más ambiciono y espero que llegue ese momento con impaciencia

     - ¿Y tienes algún proyecto?, ¿alguna mujer?

     - La tengo, pero me parece imposible de alcanzar.

     - Pues si así es, veo imposible que se cumpla tu anhelo, ¿que, está en tu pueblo?- respondió en un tono un poco burlón.

     - Pues no señora, está aquí. Y si no se molesta, señora, le diré que es usted.

     - No, ¿cómo me voy a molestar?, cada uno puede pensar libremente además, me halagas con tu sinceridad, lo que ocurre, es que he tenido bastante con casarme una vez, me casé con mi marido completamente enamorada, y fuimos muy felices, hasta que el destino nos cortó esa felicidad.

     - Yo lo siento, porque me consta que era un buen hombre, al que apreciaba mucho pero con los recuerdos no se puede hacer nada, y la vida sigue, y los pocos días que Dios nos da pienso que se deben de vivir lo mejor posible.

     - Llevas mucha razón Damián, pero por ahora, no tengo pensado en nada de eso,  eso si te agradezco tu buena voluntad.

     En esos momentos entraba la hija, que venía de estudiar del instituto.

     - ¡Hola mamá!, ¡Oh, Damián!, ¿pero estas aquí? – se acercó hacia ellos y les dio dos besos a cada uno.

     - Pues sí, he venido a traerle a tu madre las cuentas del año, pero ya me marchaba.

     - ¿Pero no te quedas a comer?, mamá, dile a Damián que se quede

     - Hija, es que tiene que hacer en la finca.

     - ¡Sí, pero por un día, ya que no viene nunca…!

     A la madre tampoco le gustaba que se quedase, porque conocía a su hija, y podía estropearlo todo, en más de una ocasión le dijo a su madre que le hubiera gustado ser mayor para haberle tratado y que le parecía un hombre muy interesante, así es que la madre quiso evitar el momento, de forma que lo dejó marchar. Luego la hija le dijo a su madre:

     - ¡Con lo bien que lo hubiéramos pasado! - Damián había calado muy hondo tanto en la madre como en la hija.

     Y a él le ocurría lo mismo estaba por las dos, claro, que la madre era su objetivo principal.
     Desde mucho antes de morir Vicente, no habían estado en la finca y ya hacia mas de un año, así es que un sábado por la mañana, se presentaron las tres Amparos, la abuela, la madre y la nieta. Fueron en un taxi, pues argumentaron que llevaban mucho sin ver a los abuelos, al señor Batista y a la señora Vicentica.
     Pasaron todo el fin de semana,  y ya el domingo, por la tarde Damián busco un taxi y se volvieron a casa, pues el lunes la hija tenía que ir al instituto. Pasaron dos días muy entretenidos, vieron las innovaciones que habían hecho en la finca, las gallinas que habían echado y el cerdo que les hizo mucha gracia.

     - ¿Y de este animal salen las morcillas y esos chorizos tan buenos?, ¿Y esos jamones? – preguntó, divertida, la nieta

     - ¡Pues sí! - el señor Jacinto las invito a que fueran para la matanza, porque les iba a gustar, también vieron lo bien que tenían la finca, con sus patios tan aseados no paraban de alabarlos a todos, y es que era verdad, todo lo tenían impecable.

     Damián la finca la tenía que no podía ir mejor, como llego a decir la abuela Amparo a su hija:

     - ¡Os a tocado la lotería con esta familia!

      - ¡Pues no se ve lo mejor! - Pensó decirle la hija, pero no quiso adelantar los acontecimientos, y es que desde aquel día que hablaron Damián y ella, su vida empezó a cambiar, Amparo solo tenia treinta y dos años, y tenía la sangre hirviendo, ella lo tenia muy claro, lo que no sabia era cuando seria ni como, poderlo arreglar, y es que la posición de los dos era tan dispares, pero lo que es quererse estaba muy claro, casi desde el día que se conocieron.

      En la casa todo transcurría con normalidad, sin que nadie se percatara de nada, ni incluso ellos mismos se habían declarado el uno por el otro, hasta que un día tuvo que ir Damián a Valencia, para arreglar unas cosas con el abogado de la familia, sobre los arrendamientos y como termino temprano se dijo de ir a visitarlas con la intención  mayormente, de si veía la ocasión, hablar mas seriamente, y así lo hizo.