La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                               Capítulo 5

                                                          EL FLECHAZO

   Ya se ha dicho que cuando Vicente les presento a su mujer y a su hija, estaba también la suegra, la señora Amparo, y las tres quedaron impresionadas, pero Damián no quedo menos, tanto de la madre como de la hija, aunque esta solo tuviese doce años, a pesar de su corta edad, se veía que iba a ser un monumento, lo mismo que lo era su madre, a sus treinta y dos años. Pero el tan respetuoso como era no demostró alteración alguna, solo para sus adentros debió pensarlo. Luego al andar el tiempo y ver como se encontraba el marido el se alimentó de alguna esperanza y siempre pensó en la una o en la otra, o sea, madre o hija. Pero eso solo lo tenia el en su interior y es que le dio en pensar que Vicente no podía ir muy lejos. Lo veía cada vez ir a menos, era una lastima tan joven como era, pero la vida da esos golpes y aunque lo sentía, sabía que no tardaría mucho, y a pesar de su hombría solo le quedaba que esperar. El cuando salió de su pueblo fue con una idea muy clara, no volver, y si volvía, no sería como se marcho, con las manos vacías.
     A pesar de su juventud se dio cuenta que se le presentaba una ocasión, de que la una o la otra serian de el, y en su caso lo único que debía hacer era esperar, porque el quedó impresionado de las dos, pero también se dio cuenta del impacto que había causado tanto en la madre como en la hija, eso si, con mucha prudencia, el tiempo seria el que lo arreglaría todo y entonces jugar con el destino que seria más favorable.

     Habían pasado ya dos años, de haberse hecho cargo Damián de la finca y todo marchaba a la perfección, las cosechas de trigo habían salido muy bien igual la del arroz la chufa, el maíz y las patatas, de las naranjas que decir, se habían vendido muy bien todo en su debido tiempo que también es fundamental, porque había años que tanto la naranja como la patata se tardaba en vender y se perdía mucha en los campos y es que el señor Batista estaba rodeado de buenos proveedores.

     También Damián había sabido rodearse de gente muy competitiva, siempre los mismos, el les iba clasificando y justo lo que buscaba, personas que sabían lo que tenían que hacer, que también les facilitaban el que todo fuera como iba que no podía ser mejor.
     El que no funcionaba tan bien era Vicente que cada vez se les veía peor el poder seguir mas adelante, tanto es así que ya casi no iba por la finca, si tenia que tratar algo con Damián, era éste el que se desplazaba hasta la casa de Valencia. Con mucha discreción trataba de poder ver a la madre o a la hija que en estos dos años se había hecho una mujer de esas que vuelven a los hombres locos. A la madre cuando la tenia que saludar o dirigirse a ella se le estremecía el cuerpo, estaba deseando llegar y verlas, pero no podía respirar hasta que se despedía. El día llegara de tomar una decisión, el primer paso se había dado porque la base fundamental,  fue lo que se esperaban aunque no deseaban.

     Vicente, al final, no pudo seguir mas adelante. Damián lo esperaba pero no lo deseaba, era mucho lo que le debía a todos pera el fue como un hermano tanto es así que hasta echó alguna que otra lagrima, así lo demostró cuando le dio su mas sentido pésame a su mujer, que casi no pudo decir palabra. Lo mismo cuando abrazo al señor Batista, en ese momento si que no pudo reprimir el llanto, lo mismo con la madre

     - ¡Señora Amparo, esta fue mas lejos!, le dijo con gran pena

     - ¡Gracias, ahora solo nos quedas tú.

     En ese momento el pensó desfallecer, la hija lo mismo se abrazó a el como si fuera un hermano, o cosa así. Todo fue conmovedor.
     Que difícil se le ponía después de las muestras de cariño que le demostraron, pensó en esos momentos hasta salir de aquella casa y abandonarlo todo

     - ¡Dios mío!, ¿Qué hago?, ¡Dime tu el camino que debo de tomar! - y así estuvo como una semana sin saber que decidir.

     Un día hablando con sus padres, Damián les contó todo lo que pasaba, la madre se puso a llorar, el padre mas sensato le quiso aconsejar, pero era mucha la carga que tenia encima. Al menos deja que pase el tiempo y tendremos tiempo de lo que mejor te convenga. La hermana lo mismo, más serena que los demás, le aconsejó tuviera paciencia, que el tiempo lo allanaría todo, como así fue. Se serenó y dejó pasar el tiempo, que es el mejor consejero, y poco a poco, todo volvió a la normalidad.

     Pasados los meses desde aquel fatídico día, Damián vio el horizonte más despejado. En casa de los padres de Vicente, guardaron un luto riguroso, lo mismo su mujer y la hija, en ese tiempo no salieron a la calle, solo la hija para ir a la universidad, a sus estudios. Al mes siguiente de faltar Vicente, Damián quiso despachar las cuentas con la viuda, como hacia con su marido en vida, pero ésta, después de recibirlo muy amablemente le dijo:

     - Mira, dale las cuentas a mi suegro que yo no estoy en condiciones para nada.

El le contestó que así lo haría, y sin más se despidió dejándola sola con su dolor.
Cuando regresó de Valencia, llamó dónde el señor Batista, y este le dijo:

     - Esta bien, lo dejaremos un tiempo y cuando se calme, volveremos a ella, ya que es la mas interesada, ya que para mi nieta es todo lo que hay en la casa.

Poco faltaba para hacer el año desde que Vicente faltaba, cuando el señor Batista increpó a Damián:

     - Te vas a Valencia a casa de mi nuera y mi nieta, y les das cuenta de todo tal como te dije la vez anterior, pues todo es de ellas, tienen que darse cuenta de lo que produce una cosa y otra, a mí ya me da todo lo mismo, si hay que ver y aconsejar, no me importa, pero como te digo, es cosa de ellas dos.

     Y así lo hizo, un día se presentó sobre las doce del medio día. Llamó, y le abrió la chica que tenían, y que ya conocía de antes, y enseguida avisó a la señora.

     - Es el señorito Damián - le avisó

     - Dile que pase al despacho, que enseguida voy.

     Y así lo hizo, entró dejó la cartera encima de la mesa, y para distraerse, se puso a ver los cuadros y retratos que había en la habitación.
     A los pocos minutos apareció “su joya”, por la que tanto sueño había perdido, salió espléndida, despidiendo un perfume embriagador, él al verla, se quedó que no acertaba a decir palabra, como el tardaba un rato en hablar, ella se adelantó:

     - ¡Hola Damián!

     - ¡Buenos días señora! - contestó éste

     No tenia otra cosa en la mente, se había quedado anonadado, ella, más veterana, se lo notó, y para reanimarlo le invitó a que se sentara, y así lo hizo, aunque todavía sin reaccionar.
    
     - ¡He venido…¡ - Balbuceó

     - S, a lo que la otra vez, a dar cuentas del ejercicio del mes

     - No, esta vez a dar cuentas de todo el año – pudo responder Damián

     - Ya - contestó la señora - está bien, y yo te lo agradezco pero no tienes necesidad de molestarte tanto, solamente con que lo lleves como hasta ahora que lo haces magistralmente.

     Eso le animó un poco, sólo comprobó las cuentas de los proveedores, de lo que había ingresado en el banco.

     - Este año ha aumentado considerablemente respecto al año anterior – indicó a Damián

     - ¿Y los gastos? - preguntó la señora

     - Pues por eso lo traigo todo, ingresos y gastos.

     - Pues está bien Damián, ya les echaré un vistazo, ya que has venido, me gustaría que hablásemos de tus proyectos inmediatos, como sabes no hemos hablado nunca, claro, tampoco hemos tenido ocasión, ¡como antes lo llevaba todo mi marido!, así es que me gustaría que me contaras  si estas a gusto con nosotros, y de todas esas cosas que puedan suceder.