La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 3

                                                      LO QUE BUSCABA

   Y ahí fue donde todos se dieron cuenta de la capacidad que tenia Damián y lo buen compañero y amigo que era con todos solo tenia que agradecimientos, tal fue su comportamiento que cuando se termino la trilla y fue a cobrar el señor Batista, padre y dueño y Vicente, su hijo, le dijeron:

     - Si quieres quedarte con nosotros, lo puedes hacer, me has demostrado lo que me dijiste el otro día en el bar de Ramón, tu capacidad de trabajo y tu saber estar nos ha convencido, necesitamos un hombre y tu has demostrado que eres el que buscamos, si es que te interesa – dijo el Sr. Batista - Mi hijo Vicente es el que lo lleva todo, pero como iras viendo no se encuentra bien y yo ya tengo ochenta años y aunque quiera no puedo y queremos un hombre joven como tu para que le ayude a llevarlo todo, y en ti hemos visto que encajas con la idea que llevamos.

     Damian estaba callado escuchando lo que le estaban alabando y proponiendo pero el solo estaba pensando en sus padres y en su hermana ¿Qué estarían haciendo en esos momentos en que a él le estaban proponiendo lo que tanto había anhelado en la vida?

     Se dieron cuenta padre e hijo que Damián estaba llorando por dentro, como lloran los hombres de bien sin lagrimas

     - ¿Qué nos contestas  Damian? – le preguntaron

     - Nada, no puedo contestar nada, soy de ustedes, lo que hagan esta bien hecho, ustedes han hablado por mi, lo que si les puedo asegurar es que no les defraudaré nunca, no podría defraudar a quien tanta confianza a depositado sobre mi, así es que háganlo como mejor lo vean que yo todo lo doy por bien hecho tratándose de dos señores como  ustedes.

     Luego hablaron de que se vinieran allí a la casa a vivir con ellos supuesto había una vivienda desocupada. De su familia también hablaron, Vicente, el hijo, le dijo, que podría traérsela cuando quisiera, y aquí todos estarían mejor, supuesto aquí había trabajo para todos, para su padre, para su madre y su hermana.
     La finca de labranza tenía una casa bastante grande donde vivía el señor Batista y su mujer, la señora Vicentica y una chica que los atendía, Vicente también tenia vivienda, pero casi siempre estaba en Valencia en casa de la madre de su mujer, Amparo junto a la hija que tenían, esta vivienda era de la suegra,  pero les venia mejor estar allí porque la hija la tenían estudiando y le venia mejor el instituto, los veranos cuando la niña tenia vacaciones, lo pasaban en el campo supuesto el pueblo estaba cerca de la playa.
     Para estas fechas que estaban ya se habían marchado a la capital pues la niña tenia que seguir con los estudios, solo iban a la finca algún que fin de semana cuando hacia sol, Vicente el hijo si que iba todos los días a no ser que tuviese que hacer algún asunto pero por las tardes regresaba con su mujer y su hija.
     Damian se iba poniendo al tanto de todo, ya se manejaba bastante bien por la finca, todo lo cogía al momento a pesar de llevar poco mas de una semana o cosa así, cuando se vio con mas confianza le dijo al señor Batista que si le parecía bien que se trajera del pueblo a sus padres y a su hermana y así estaría mas acompañado y tendría mas tiempo para atender lo demás.

     - ¡Claro que si! –  contestó el señor Batista -  pues mira no me he vuelto a acordar así que llámalos cuando a ti te parezca, acuérdate de decirles que se traigan la baja del empadronamiento y les damos de alta aquí y de paso la tuya también y os damos de alta a todos

     - Bien, así lo haré – contesto loco de contento, tanto es así que ese mismo día mandó llamarlos, diciéndoles que se trajeran solo la ropa, pues muebles allí habían suficientes.

    Así es que a la semana siguiente ya estaban todos juntos. El día que llegaron fue Damián a por ellos a la estación de Valencia con el coche de caballos que había en la casa, para el servicio de los señores, el señor Batista le ordenó que así lo hiciera.
     ¿Que se puede decir del recibimiento que tuvieron en la estación?, sin dar crédito a lo que estaban viviendo, todo era preguntarse lo bien que había salido todo para estar de nuevo juntos los cuatro, les parecían que estaban soñando, pero no, era cierto y era real lo que en esos instantes estaban viviendo.
     Ya terminados los saludos, se fueron donde había dejado Damian el coche y los caballos, y se marcharon para el pueblo donde les esperaba la nueva casa. Pasaron por delante de la puerta principal de la finca, pero con el coche tuvieron que rodear para entrar por la parte de atrás que era por donde se entraba con los coches y los caballos, ya en el patio, accedieron a la vivienda que iban a ocupar, les pareció una maravilla, amplia y con mucha luz, que es como les gusta a las mujeres.
     Después de arreglarse un poco, al menos las mujeres, Damian los llevó a presentarlos al dueño, desde dentro se comunicaban por una puerta, y es que toda era la misma finca, al solicitar permiso para entrar, salieron a recibirlos el señor Batista y su esposa, la señora Vicentica, el recibimiento no pudo ser más afectuoso, las mujeres se besaron y los hombres se abrazaron con gran simpatía, como si se hubiesen conocido de siempre, se cayeron bien y tanto los unos como los otros se necesitaban, esto todo por el gran artífice, que fue Damián, que desde que cayó en la casa, fue acogido como un hijo más.
     Conforme pasaba el tiempo estaban mas convencidos de ello y mas aun viendo que era un hombre que estaba en todo, si no lo entendía lo preguntaba, pero no se le pasaba nada que no fuera de la casa y sin darle importancia a nada, todo desinteresadamente, nunca llegó a pretenderle nada como le dijo un día a sus padres:

     - ¿Cómo voy a pretender una cosa si antes de pedir ya la tengo en la mano?, ellos fueron los que me asignaron el sueldo, incluso el que le iban a dar a usted ¿Se puede decir nada?

     - ¡Tu estas más al corriente de las cosas y sabes entenderlas mejor que nosotros! – dijo -  ¿Se han dado cuenta que conmigo no se mete nadie?, son unos señores que no tienen precio, no saben qué hacerse por mí, y yo viéndolos de esa manera sería un ingrato no corresponderles con el cariño que sienten hacia mí, les digo que les adoro.

     Esta fue una reflexión que tuvieron padre e hijo. Con su madre también hablaba de la suerte que habían tenido y también de que debía de ir pensando en formar un hogar, pero él, tocante a ese tema, se mostraba ajeno y ella al ver que ese asunto no le iba mucho, dejaba de insistir