La Viuda y el emigrante
Jose Antonio García Alhambra

                                                              Capítulo 2

                                                            EL AMIGO
 
        ¡Pues buena la hemos hecho!- se dijo para sí.

     Pero el mozo no se desanimó, entró dentro y pidió de beber, enseguida, el que servía en el mostrador se dio cuenta de que no era de por allí y le contestó en castellano:

- ¿Has venido a trabajar?

- Pues si señor – contestó Damián

     - ¿Y tienes ya trabajo?

     - Pues no señor, dijo ¿Será difícil encontrarlo?

     - Pues no creo - contestó el camarero.

     Al oír esa frase tan alentadora, suspiró hondo, tanto que el camarero se lo notó y aún le animó más
    
     - ¿No conoces a nadie de aquí?, Pues no te preocupes que yo hablaré con alguien de alguna trilladora y será fácil si es trabajo lo que buscas.

     - Pues si señor, trabajo es lo que busco y le estaría agradecido mientras viva, es más, tampoco se arrepentirá usted de esto que le digo.

     - Hombre, no te pongas así, que aún no hemos hecho nada, ni sabemos nada el uno del otro.

     - Pues si señor, eso es cierto, pero una persona que sea agradecida y se encuentre en  las circunstancias que yo y en tierra tan distante de la mía y le hablen como usted me está hablando y alentando sería un mal nacido si no le alabara pues puede usted disponer de mi amistad como si me conociera de siempre.

     - Gracias hombre, pues no crea usted que es broma, es mi forma de tratar como a mi me tratan y usted para mi es un caballero.

     Le cayeron tan dentro las palabras de Damián, que llegó a interesarse por el y le preguntó de donde era, y este le contó de donde venia y lo que venia pasando hasta aquel momento y que hasta durmió aquella noche en un choza en la playa y se sinceró con el y le dijo la verdad y ese si que fue el principio de una gran amistad, como se dice en la película “Casablanca”.
     Ramón, que así se llamaba el camarero le dijo que incluso se podía quedar allí a dormir y comer por un sueldo que ajustasen, y como no podía escoger allí se quedó de huésped.
     En los bares, como todos sabemos, por las tardes-noches suelen ir los obreros a echar una partida o echar unos tragos y a hablar de trabajo o buscar si es que no lo tienen. Aquella noche entró un señor preguntando que necesitaba tres obreros para recolectar maíz. Es un trabajo que nadie quiere hacer porque es muy pesado, pero a Damián no le importó, tanto es así que estuvo tres días haciendo la misma faena que le vino muy bien mientras empezaban los trabajos en las trilladoras, que ya no tardarían mucho.

     Una tarde entró en el bar el señor Batista, como todos le llamaban, y le preguntó Ramón que tenía un chico que buscaba trabajo, a ver si le interesaba.

     - ¿Y dónde está ese chico?

     Estaba fuera, lo que fue que enseguida le llamó y se lo presentó. El señor Batista, al quedar frente a él, le impresionó bastante, tan joven, alto, fuerte y de tan buen trato, pues nada más acercarse a él le saludó muy educadamente y enseguida se dijo para sus adentros: 
¡Este es el que estamos buscando, pero quiero conocerlo más!

     El tiempo se dedicaría a eso, le invitó a sentar en una mesa y conocer algo de él y así fue, Damián le contó porque salió de su tierra y se encontraba allí. Conforme iba contándole su trayectoria, el señor Batista iba tomando buena nota de su relato y vio que se trataba de una persona noble, que las circunstancias le habían llevado a encontrarse allí. Hablaron del trabajo y le dijo que no le importaba el que fuera y tocante al salario lo dejaba a su elección.

     - Yo respondo de mi trabajo, usted con su dinero haga lo que sea que me merezco. Lo dejo a su elección.

     El señor Batista quedó como desorientado después de lo que había escuchado solo replico:

     - Si es así con nosotros tendrás futuro, mañana a las ocho de la mañana vendrá un señor para acompañarte a casa. -      Se dieron la mano y se despidieron, hasta el día siguiente.

     Cuando llegaron a casa, Damian y el que le acompañó, ya había allí tres hombres mas y faltaba otro para la “colla” como se dice por allí, el que faltaba se incorporaría dos días después. Este día iban a instalar la trilladora para así al día siguiente empezar.
     Todo el día lo pasaron montando aquel cacharro, que daba miedo tocarlo pero poco a poco,  ese mismo día lo dejaron listo para empezar por la noche.
     Y así fue, esa misma noche empezó a funcionar la “cafetera” que es así como le llamaban todos de broma, como se sabe el arroz se trilla por la noche, pues por el día es imposible por lo que pica el polvo que despide la maquina.
     En la trilladora todos los puestos son malos pero siempre hay algunos mejores que otros y los que lo sabían escogieron los mejores y Damian como no sabia nada de eso, escogió el que le dejaron, o sea el peor, que era quitar la paja de la maquina y retirar el arroz ya limpio, no podía tener ni un momento de descanso en toda la noche, pero el todo lo llevaba con paciencia, siempre cantando despacio y con buen humor y no fue una noche sino las veinticinco que duro la trilla.