UN VELERO LLAMADO DIMAS
Jesús Angel Valls Ponce


    Antes de ser un velero, has sido un proyecto,  y antes del proyecto has sido una ilusión,  y antes de la ilusión has sido un sueño, que sin lugar a dudas lo mejor que le ha pasado a tus creadores y su razón de existir.

   El pasado 10 de octubre  dejaste el astillero y empezaste a poner en practica todas las enseñanzas naúticas que has aprendido, tus ingenieros náuticos te miraban desde la orilla contentos y dejando escapar alguna lágrima sin que tú lo vieras, era tu día y todos los miembros incluyendo el otro velero que descansa en la nave llamado Celia y  que forma parte de este equipo de trabajo, y que el día anterior ya brindamos para esforzarnos al máximo en tu día, sí,  tú día.

   Déjame que te contemos  de forma resumida para no aburrirte  como has llegado hasta aquí, como has pasado del sueño, al dibujo en el  papel y del papel a deslizarte por el  agua.

   Todo empezó cuando se unieron dos personas con una serie de proyectos e ilusiones, una vez estas personas asentaron las bases de la convivencia social se empezó a pensar en realizar un primer velero, atrevidos por nuestra parte con el miedo de cualquier ser humano sensato a no poder ser capaz de ofrecer unas mínimas garantías de flotabilidad psicoemocional para poder llevarlo a cabo y que no tocases fondo en la primera salida.

   La ilusión era más fuerte que las condiciones metereológicas del momento, pero empezamos a buscar ese astillero con una gran nave para poder empezar y creetelo si te digo que tardó bastante en ser encontrada, pero al final un 10 de noviembre del año 2000, teníamos la nave y los planos encima de la mesa de trabajo, teníamos suerte de jugar con un poco de ventaja porque  los dos ya teníamos contactos teóricos sobre la formación de veleros, pero le sumamos las condiciones sociales del momento.

   Todo sueño, tiene un nombre, Dimas, un nombre poco conocido que según el padre de todos los libros,  el Nuevo Testamento este nombre adoptado por el cristianismo adopta a Dimas como  “el buen ladrón”, esta sociedad lo ha nombrado como el embajador de los niños maltratados.

   Empezamos con el casco, que será tu cuerpo vertebrado durante toda la vida y de él dependerá en gran medida tu destino, ya que ningún viento te es favorable sino sabes a que puerto te diriges, las maestras del casco están compuestas con Amor, Disciplina, Entrega, Carácter, Bondad, y Humildad, con este casco surcarás los mares, te encontrarás con muchos días de mal tiempo, los vientos huracanados y los oleajes pondrán a prueba tu resistencia y tu capacidad de flotabilidad, pero recuerda joven Grumete, que pase lo que pase,  estés donde estés, éste casco es tu mayor fuerza en esta vida marinera, podrán  arrancarte las velas, te partirán la botavara, te arrancarán la arboladura, la jarcia, las velas, los herrajes, la caballería y te despedazarán el mástil, pero mientras aguante el casco estarás a flote y podrás volver a rearmarte.

   Muchas veces, mi neófito marinero, miro mi casco que  se encuentra muy dañado seriamente por la falta y necesidad de uno de sus ingenieros, ya me afectan los oleajes en ese mar de la soledad que habita en mis recuerdos, como el espíritu que necesito en la morada, he surcado ya algunos mares, y reconozco la necesidad de mostrarte la parte del velero que no está dañada, me refiero a la que brilla, a la que nos reímos de todo, esa que intento que en los días de tormenta no pierda la luz, nosotros trabajaremos para que esta parte sea el resplandor de un amanecer en tus ojos.

   Acuérdate que la vela mayor será tu mayor fuerza, ha sido diseñada desde el respeto hacia los demás, no tengas miedo de desplegarla, ya que sino la sueltas no irás a ninguna parte y eres un velero nacido y hecho para navegar en este mar de inquietudes.

   Recuerda que el timón, se encuentra en la popa, no por casualidad, ya que la proa recibe todos los golpes, este velero solamente tiene un capitán, si, tú, y hacia donde vires el timón será tu lugar en este mar de grandes alegrías y grandes decepciones. Siempre tendrás al piloto automático que te hemos programado, ese piloto que nunca busca la ruta más corta, sino la más segura, ese piloto que te guiará en las noches oscuras y tiempos menos apacibles, pero ese piloto tiene una misión fundamental y es la más importante que queremos que te lo grabes en esa parte del subconsciente, en lo más íntimo de tu Yo, que es la ruta para volver a tu astillero y nosotros siempre, siempre,  estaremos ahí, porque este será posiblemente el puerto más seguro de tu vida. (Necesito detenerme y respirar hondo, mi sistema simpático me vuelve a hacer una de las suyas).

   Ya estamos aquí, en este momento estoy escuchando en la parte superior a los dos marineros al que va de profesional y a la que nunca ha visto un barco y le está discutiendo sobre océanos. Menudo par.

   Antiguamente mi mancebo navegante la bandera que portaban los galeones marcaban la seña de identidad, y se situaba en el mástil mayor en su parte más alta para ser divisada lo más lejos posible y saber a otros cuales podían ser sus intenciones. Nosotros te hemos puesto una insignia cosmopolita, que debe de ser tu estandarte, debes de navegar por todas las partes y conocer todos los mares, pero nunca debes olvidar de donde vienes, ya que cuando uno pierde su origen ya no le queda nada.

   Te habrás dado cuenta que hemos puesto el foque, si esa vela triangular situada en la proa del palo, que te ayudará  en tus travesías, para que apliques todas las partes positivas que hayas extraído de las negativas y te ayuden a construirte para avanzar más seguro.

   El viento es tu mayor aliado, si te son propicios te llevará a buenos lugares, pero en algunas ocasiones la calma del viento es total y la desesperación se agrava con el paso del tiempo y nuestra azotea en situaciones especiales no se encuentra en posición de razonamiento náuticos, por este motivo te hemos puesto un motor que utiliza dos componentes especiales, uno es el sentido común y el otro la lógica, este motor carece de instrumento de navegación, ya no le sirve el destino programado, sino más bien, el salir de esa parcela del mar sin viento, a este motor lo hemos llamado “instinto de supervivencia”.

   Ya termino, “Rey de los Mares”, solamente una cosita, toda la experiencia que estas acumulando deseamos que la compartas con nosotros para ayudarnos entre los tres a ir consolidando a ese velero que se llama Celia, y que tanto te necesita.

Te queremos.

Tus ingenieros