PESADILLA
Capítulo 6


-         Elena

Una voz que parecía llegar de muy lejos se coló en su sueño. Se dio la vuelta y se recostó un poco más.

-         Elena, despierta.
-         ¿Qué? ¿Qué pasa? – Respondió sin darse cuenta de que lo había hecho en voz alta.

De pronto un murmullo de pensamientos llenó su cabeza y fue consciente de donde estaba. Se había quedado dormida en aquél bosque. Giró la cabeza y abrió los ojos. Un montón de luces iluminaban todo el lugar. Delante de ella estaba Alfredo mirándola con una expresión que no podía comprender.

-         ¿Qué te pasa? – Le preguntó Elena.
-         Te acaban de descubrir – y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-         ¿Qué dices? No te entiendo

Pero él se echó a llorar desconsoladamente y no pudo articular palabra. Unos hombres que llevaban una especie de toga blanca se acercaron hasta ella y de un modo muy amable la invitaron a acompañarles. Elena se levantó del suelo y les siguió sin ofrecer resistencia. Alfredo seguía llorando. Elena todavía se hallaba bajo los efectos del sueño y no comprendía muy bien todo aquello. Llegaron a una cabina como las que usaban para los recorridos por el mundo natural y se montaron todos dentro. Ella y Alfredo iban en la parte de atrás mientras que los hombres de la toga blanca se sentaron en la parte de delante dejándoles a solas.

-         ¿Qué pasa Alfredo? ¿Qué es todo esto?
-         Son los guardianes que te dije. Te han descubierto.
-         Pero, ¿cómo ha sido eso? ¿Qué ha pasado?
-         Te han oído hablar cuando te he despertado. Ahora nos llevan no sé a donde, pero no creo que sea algo bueno, por lo menos para nosotros.
-         ¿Me van a echar de aquí?
-         No lo sé, pero es muy posible. Cuando llegué a casa y vi que no estabas me preocupé mucho, porque tú sueles llegar antes que yo. Entonces oí las sirenas de la ciudad. Llevaban todo el día sonando pero no les había dado mayor importancia. Pero entonces, no sé por qué, las relacioné con tu ausencia. Me acerqué a donde estaba todo el mundo y le pregunté a uno de estos señores que pasaba. Me dijeron que alguien había salido de la zona permitida y que lo estaban buscando. Yo me ofrecí a ayudarles porque pensé que quizás eras tú esa persona.
-         ¿Y porqué pensaste eso?
-         Llámalo instinto o como quieras, pero algo dentro de mí me dijo que eras tú la que se había escapado de la zona. Pero, ¿porqué lo hiciste? ¿Porqué has venido aquí?

Elena se quedó un rato sin decir nada. No sabía si decirle la verdad de lo ocurrido. De hecho ahora que tenía a Alfredo delante no lo entendía ni ella, pero lo cierto es que lo había estropeado todo. Ahora la echarían de este lugar y no lo volvería a ver.

-         ¿Elena? – Preguntó Alfredo. - ¿Porqué lo hiciste? – Elena respiró hondo y entonces comenzó a hablar.
-         La verdad es que te vi esta tarde abrazándote con una mujer, y ayer también estabas con ella hablando. Me imaginé que a lo mejor te empezaba a gustar esa persona y no soportaba la idea de perderte. No sé. Perdí la cabeza.
-         Pero Elena. ¿Sabes quién es esa mujer?
-         No, no tengo ni idea.
-         Esa mujer es la que me recogió cuando llegué aquí, y es la que me ayudó a llevar lo tuyo, para que te pudieras quedar. Si estaba hablando con ella es porque le estaba comentando como estaban yendo las cosas.

Elena se quedó petrificada. No sabía que decir. Miró fijamente a los ojos de Alfredo que todavía estaban rojos de haber llorado y le dijo:

-         O sea, que lo he estropeado todo por una tontería, ¿no?
-         Siento muchísimo que lo interpretaras mal. Pero tu reacción es lógica viniendo del lugar que vienes. Tu modo de actuar tan impulsivo, tus inseguridades forman parte de tu naturaleza. Yo no te puedo reprochar eso.
-         Pero ahora me echaran de aquí y no volveré a verte más.
-         Creo que nos echarán a los dos.
-         ¿A ti porqué te van a echar? Si la que ha metido la pata he sido yo. No tienen nada en contra tuya.

En ese momento la cabina en la que viajaban se paró y los dos hombres que viajaban en la parte de adelante del vehículo se bajaron y abrieron la puerta del compartimento donde estaban ellos. Alfredo y Elena se bajaron de la cabina y siguieron a los hombres hasta un edificio de color oscuro que estaba en medio de un lugar desértico que ninguno de los dos conocía. Una vez dentro del edificio les separaron. Elena caminaba detrás de uno de esos hombres silenciosos que la guiaba a través de un largo pasillo. Antes de girar una esquina echó un vistazo por encima de su hombro y vio como Alfredo la miraba del mismo modo en que ella lo estaba haciendo antes de perderle de vista.

         Al final del pasillo había una puerta. Al llegar allí el hombre la abrió y le invitó a que entrara con un gesto suave pero serio. Elena entró y detrás de ella la puerta se cerró dejándola a solas en ese lugar. Pasó un buen rato antes de que nadie entrara de nuevo por esa puerta. En ese tiempo Elena pensó en muchas cosas. Se acordó del modo en que había llegado allí. Se acordó también de cómo Alfredo se había acercado hasta ella. De los días que habían pasado juntos. Pensó también en que haría todo lo posible para ayudarlo. Asumiría toda la culpa de lo que había pasado y así él no se vería perjudicado.

         La puerta se abrió y vio a dos de esos hombres cubriendo la entrada totalmente. Entonces se separaron dejando paso a otra persona. Era Alfredo, que al verla salió corriendo hacia ella. Ambos se abrazaron y se besaron. Los hombres cerraron la puerta dejándoles a solas y entonces Elena dijo:

-         Cariño. ¿Dónde te han llevado? ¿Qué te han hecho?
-         Han estado hablando conmigo
-         Vale, mira. Ya he pensado todo cielo. Yo voy a asumir toda la culpa. No te pasará nada y...
-         Calla mi amor, calla.
-         No. De verdad. Lo he estado pensando.
-         Ya no hace falta Elena. Ya he hablado yo con ellos. Les he contado todo tal y como ha sido. Nos van a devolver.
-         Pero, ¿porqué lo has hecho? Tu no has hecho nada malo. Podrías haberte quedado aquí.
-         Elena
-         ¿Sí?
-         Elena. Lo que he vivido contigo es algo tan fuerte que si tú no estas aquí conmigo para compartirlo, no quiero saber nada de este lugar. No podría estar en un sitio que te arrebata de mi lado. Un sitio que cada rincón me recuerda a ti. Me moriría de pena.
Elena le miró a los ojos y acercando sus labios a los de él le besó. Los dos se fundieron en un fuerte abrazo que parecía no tener fin, pero ambos sabían que posiblemente fuera la última vez que lo hicieran así que pusieron el resto en ese beso, en ese abrazo.

-         Alfredo
-         Dime amor mío
-         Quería decirte que no sé a donde iré después de aquí, pero lo que sí tengo claro es que no podré olvidarte en la vida. Eres lo más importante que me ha pasado jamás.
-         Yo tampoco podré olvidarme de ti.

Se cogieron de las manos y entonces la sala empezó a oscurecerse. Una fuerza extraña tiraba de ellos en direcciones opuestas. En alguna parte una sirena rasgaba el silencio ensordecedor. Elena no conseguía oír lo que Alfredo le decía y pensó que si eso era el final daba igual lo que hiciera ya, así que decidió hablar en voz alta.

-         ALFREDOOOOOOOOOOOOO, TE QUIERO

Él la miró mientras sus dedos se escurrían de entre los de ella y su cara se fue perdiendo en medio de la oscuridad.

-         ALFREDOOOOOOOOOOOOO – gritó una vez mas
-         ALFREDOOOOOOOOOOOOO


...Capítulo 7