PESADILLA
Capítulo 4


Los días siguientes al encuentro, se los pasaron practicando la comunicación mental. Al principio Elena no percibía nada y se impacientaba. Incluso algunas veces no podía reprimir la necesidad de mostrar su frustración hablando, pero entonces Alfredo le hacía un gesto que le recordaba que no debía dejarse llevar por esos instintos.

En menos de un mes, Elena ya había aprendido a comunicarse del modo adecuado y Alfredo estaba muy orgulloso. Empezaron a salir juntos a pasear por la ciudad para que ella se fuera acostumbrando a su nuevo hábitat.

En los paseos, Elena miraba maravillada la ciudad que iba descubriendo a cada paso, pero reprimía su necesidad de preguntarle cosas a Alfredo por miedo a que la descubrieran. Ella siempre esperaba a llegar a la casa para comenzar a bombardearlo con todo tipo de dudas.

Una de las cosas que percibió en sus paseos era el hecho de que no había visto ni un solo animal en la ciudad. Alfredo le dijo que debido a la cantidad de barbaridades que los humanos habían hecho al planeta, se había acordado que ellos vivirían en un espacio limitado y dejarían el resto del planeta para la naturaleza, o sea, las plantas y los animales. Eso hasta el momento había dado resultado. Desde que se tomara aquella determinación, no había vuelto a haber una sola especie en vías de extinción. El planeta se había librado de una muerte segura. Incluso el agujero de la capa de ozono había desaparecido. Alguien en alguna parte descubrió un modo de regeneración e incluso diseño un plan de conservación de la misma y se siguió paso por paso, y funcionó. También le había comentado que ocasionalmente se podían hacer viajes en un tipo de cabinas no contaminantes a través del mundo salvaje. Esos viajes se hacían por tres motivos. Los había de control de evolución del planeta, esos estaban reservados para los científicos y estudiosos del tema, que eran los que controlaban que todo evolucionara según lo previsto, o mejor dicho, de un modo natural. También se hacían viajes para los niños que estaban en la escuela, aunque también podían ir en estos viajes personas que hubieran empezado a estudiar mas tarde. Estos viajes eran didácticos y mostraban a todo aquel que se quisiera beneficiar de ellos las maravillas de la naturaleza, el caos que sufrió otrora y el modo en que se había podido regenerar todo aquello. Todo eso se hacía para inculcar una conciencia de respeto por la vida que de forma natural y espontánea existía en el mundo. Los otros viajes que se podían hacer por esos lugares eran de carácter ocioso, aunque esos eran los mínimos y se reservaban para cuando había un momento adecuado. Para esos viajes existían unas listas de espera ya que no se consideraban necesarios.

Elena se maravillaba cada día más con ese lugar, y no era nada extraño si tenía en cuenta de donde venía. A veces pensaba que todo el mundo, el que ella conocía, debería de tener la posibilidad de echar un vistazo a este otro, a sus costumbres, a su filosofía de vida. Seguramente de ese modo se podría arañar aunque sólo fuera un poquito de cordura que ayudara a mejorar el presente de donde ella venía.

Por otro lado, a medida que iba acostumbrándose a su nuevo mundo, también se iba acostumbrando a Alfredo y a su forma de tratarle. Poco a poco se había ido enamorando de él. Su manera de demostrarle ese amor indiscreto por las cosas, la sinceridad de su cariño, el modo dulce con que a ella se dirigía. También se había descubierto mirándolo cuando él estaba distraído. Lo deseaba. Por ahora lo había conseguido reprimir, o por lo menos lo había podido ocultar lo suficiente como para que él no se diera cuenta de lo que ella sentía, pero era consciente de que eso no estaba bien. Iba en contra de la esencia sincera y pura de ese lugar. Y aunque sólo fuera por todo lo que él había hecho por ella,  se lo debía. Sólo esperaba encontrar el momento adecuado. Tenía miedo de perder lo que parecía ser la meta más importante de toda su existencia. No recordaba haber sentido algo igual en su vida.

Los días fueron pasando y Elena comenzó a ir a trabajar. Unos días iba a la escuela para aprender cosas del funcionamiento de ese mundo que tanto distaba del que ella procedía. Otros días colaboraba con las pequeñas escuadras improvisadas desde el tablón de anuncios para el mantenimiento de las calles, la limpieza y cosas así.

Antes de darse cuenta ya llevaba allí mas de un mes, y al poco fueron dos. Todavía vivía en la casa de Alfredo pero sabía que tarde o temprano tendría que buscarse un hogar propio. Por lo que había llegado a aprender de ese lugar, la gente vivía de uno en uno en cada casa, salvo los niños que vivían con su madre o su padre indistintamente. Elena temía que llegara ese día, ya que a pesar de su rápida adaptación a ese lugar, su naturaleza le hacía desear vivir con la persona a la que quería y en ese caso era Alfredo.

Una noche a la hora de la cena decidió que no podía esperar más y se lanzó al vacío. Esperó a que hubiesen acabado de cenar y cuando Alfredo se fue a su habitación, ella le siguió y se sentó al borde de su cama. Le miró fijamente a los ojos y le dijo mentalmente:
-         Alfredo, ya sé que esto no es normal y perdóname por haberlo hecho así, pero no podía... o mejor dicho, no he tenido el valor suficiente para hacerlo hasta ahora.
-         ¿A qué te refieres Elena? – Respondió él.
-         La verdad es que aún así se me hace muy difícil de confesar. – Hizo una pausa antes de continuar hablando. - El caso es que estoy enamorada de tí. Te quiero y siento mucho habértelo ocultado hasta ahora, pero tenía miedo de que si lo sabías, no quisieras ya compartir tu tiempo conmigo.

Alfredo la miró con los ojos muy abiertos. Elena no podía determinar la expresión que se dibujaba en su cara, así que esperó una respuesta directa a lo que le había dicho.

-         Elena.
-         ¿Sí?
-         La verdad es que tú me gustas muchísimo. Me siento muy halagado por lo que me acabas de decir. Por otro lado es cierto que me siento un poco dolido por no habérmelo dicho antes. Creí que tenías más confianza conmigo.
-         Y la tengo, pero es que nunca me había sentido así. De verdad. Es algo totalmente nuevo para mí.

Alfredo la miró fijamente a los ojos y los suyos se llenaron de lágrimas. Se cubrió la cara con las manos y agachó la cabeza. Elena se acercó hasta estar sentada a su lado y le rodeó con un brazo.

-         ¿Estás bien? – Le preguntó.
-         Sí, perdona. Es que no me lo esperaba y según me lo has dicho me he dado cuenta que yo también estoy enamorado de ti. Te debo de parecer un tonto por haberme puesto así, ¿no?
-         No, no. De verdad. No pareces un tonto cielo. Yo también estoy muy emocionada.

Elena se arrimó a él un poco mas y lo abrazó con ambos brazos. Alfredo se estremeció entre los brazos de Elena intentando todavía controlar el brote de emoción que tenía. Durante un rato ninguno de los dos interrumpió el silencio y permanecieron así, disfrutando de ese momento. Cuando Alfredo se hubo calmado se separó un poco de ella y comenzó a secarse los ojos con el dorso de su mano. Elena alargó una mano hasta la cara de Alfredo y con un gesto delicado la levantó hasta que sus miradas se encontraron. Algo cruzó el ambiente en ese momento que les llenó de felicidad y Alfredo acercó su cara a la de Elena para darle un suave beso en los labios. Elena le devolvió el beso abrazándole. Esa noche durmieron juntos.


...Capítulo 5