PESADILLA
Capítulo 2

                            
 Cruzó la abertura por la que se filtraba esa claridad apareciendo en un sitio totalmente desconocido para ella. Miró a un lado y a otro intentando decidir hacia donde se debería dirigir pero no descubrió nada que le pudiera ayudar en esa tarea. A su alrededor se veían algunas construcciones extrañas que no podía relacionar con nada que conociera. De ellas salían o entraban personas, así que pensó que seguramente serían edificios pero eran tan raros. Las personas que veía iban vestidas también de un modo extraño. Casi todos llevaban unos largos vestidos muy amplios de color claro que les llegaban casi hasta los pies. De vez en cuando veía alguno que llevaba algún pantalón, o alguna que llevaba alguna falda, pero esos eran los mínimos y aun así no parecían llamar la atención del resto de personas. Avanzó un par de pasos sin saber muy bien a donde quería dirigirse y cuando volvió a mirar hacia atrás, el orificio por el que había entrado a ese lugar se cerró ante sus ojos sin dejar ni rastro tras de ella. Se apresuró a volver a donde había estado esa abertura pero ya no había nada. Incluso se agachó para intentar escarbar en el suelo, pero a pesar de sus esfuerzos no logró encontrar ni siquiera una señal de que aquello hubiese existido alguna vez. Se quedó perpleja mirando al sitio por donde se suponía que ella había salido.

Después de un rato, levantó la mirada para volver a echar un vistazo a ese lugar tan desconocido que se extendía a su alrededor. No sólo intentaba familiarizarse con él, también intentaba entender que hacía allí y cómo había llegado. Se encontraba en medio de una extensión desocupada desde donde podía ver fluir la vida a cierta distancia. Por otro lado nadie parecía percatarse de su presencia, aunque pensó que quizás estuviera en un sitio lo suficientemente lejano e inusual como para que alguien le prestara atención. Entre otras cosas se dio cuenta del enorme silencio que allí reinaba. No escuchaba voces de gente, tan sólo el sonido apagado de sus pasos y poco más.

Enfrente de ella había una especie de edificio sin aristas que se elevaba del suelo como un enorme monolito de color azul celeste. En su superficie había unos orificios que se precipitaban hacia su interior distribuidos de forma desigual y asimétrica. En la parte inferior había una puerta por la que salían y entraban personas. Se fijó en una hombre de pelo corto que salía de ese edificio. El hombre avanzó un par de pasos y luego se paró para mirar a su alrededor. Parecía estar un poco perdido. Ella se incorporó y entonces el hombre se giró hacia donde ella se encontraba. Al principio se asustó un poco, pero al rato sintió que no tenía nada que temer. El hombre la miraba pero no hacía nada más. Entonces comenzó a caminar hacia ella.

Llevaba un vestido largo y holgado de color blanco y ligeramente transparente a través del cual podía intuirse vagamente su figura. Le pareció un hombre muy sensual vestido de aquel modo, y la figura que se dibujaba por debajo de su ropa era ciertamente atractiva. Cuando llegó hasta donde ella estaba también se percató de la belleza de sus rasgos. Tenía los ojos claros y unas largas pestañas que delimitaban perfectamente unos delicados párpados. El resto de la cara era sencillamente perfecta. Era como una escultura de porcelana. Ella abrió los labios para decirle algo pero entonces el hombre alargó una de sus manos y le puso un dedo sobre su boca dándole a entender que no hablara. Ella contuvo la respiración un momento y con ella las ganas de emitir ningún sonido. En ese momento volvió a ser consciente de que no había oído el sonido de ninguna voz desde que había llegado a ese sitio. El hombre la asió del brazo suavemente y con un gesto le indicó que le acompañara. Ella lo hizo sin preguntar y sin ofrecer ningún tipo de resistencia. Caminaron en silencio cogidos de la mano en dirección contraria al edificio de donde le había visto salir.

                                                                                   
...Capítulo 3