PESADILLA
Capítulo 1

Lentamente fue cobrando consciencia de sí misma. Se dio cuenta de que se estaba despertando. No recordaba haber oído el despertador así que imaginó que todavía no habría sonado y posiblemente le quedaran todavía algunos momentos de dulce sueño antes de tener que levantarse para afrontar una nueva jornada de trabajo. Abrió los ojos de par en par, o al menos pensó que lo hacía, ya que la oscuridad a su alrededor era tal que no podía asegurar si quiera haber hecho ese gesto. Estiró la mano para intentar alcanzar el interruptor de la luz y así comprobar la hora que era. La mano tanteó una pared abrupta y desconocida para ella. Su corazón se empezó a acelerar ante la incomprensión de este hecho. Por un momento intentó contrastar todo ello con el recuerdo que tenía de la habitación en la que solía dormir. Esa que era de paredes lisas y pintada en un color crema suave contra la que se apoyaba su cama. Intentó recordar también lo que había hecho la noche anterior. Ultimamente había estado un poco rara, por lo menos eso era lo que le decía su esposo. Lo cierto es que se había sentido un poco agobiada y a pesar de que su vida era, aparentemente, casi idílica, había estado conociendo otros hombres, y aunque no había tenido relaciones con ellos, le encantaba sentirse admirada y deseada. Pero solía regresar a casa como si nada pasara, aunque a lo mejor la noche anterior no lo había hecho. Su mente volaba a través de los recuerdos y ahora que empezaba a aclararse, ahora que ya se libraba de los últimos fantasmas del sueño, lo que recordaba es que la noche anterior había llegado a casa después de su jornada de trabajo, había cenado con su esposo y se había acostado con él. Luego habían apagado la luz y se habían dispuesto a dormir. Estiró su otro brazo hacia donde se suponía que estaba su esposo pero no lo encontró. Su respiración se aceleró hasta casi el ahogo. Gritó con todas sus fuerzas y su voz levantó ecos en las paredes que había a su alrededor. Después de un rato se quedó exhausta y sin ganas de seguir gritando, lo que por otra parte tampoco había solucionado nada. Durante un rato permaneció en silencio sentada con las piernas dobladas  y el cuerpo inclinado sobre ellas, rodeándolas con sus brazos y balanceándose levemente. Algo iba a tener que hacer, ya que no podía permanecer allí a oscuras sin saber ni donde estaba. Lo primero era tranquilizarse y hacerse cargo de la situación en la que se hallaba.

Ahora, a oscuras, intentaba reconocer al tacto todo su entorno. Se dio cuenta de que estaba sobre un lecho liso y duro que parecía no tener fin. Se imaginó que estaría sobre el suelo o algo así, de modo que se puso a cuatro patas con el propósito de ir a alguna parte donde hubiese luz y poder aclarar todo ese misterio. Su corazón latía con un ritmo frenético que podía notar en cada vena de su cabeza. Con las manos puestas sobre la pared, esa que se le hacía tan desconocida ahora, comenzó a avanzar hacia su derecha lentamente. Su cerebro todavía se empeñaba en recordar algo de este lugar que tan raro se le antojaba. Por otra parte, también intentaba memorizar todos y cada uno de sus movimientos desde que se había despertado, como si de una ciega se tratara. Al rato llegó hasta otra pared que se doblaba hacia el interior de este lugar formando un ángulo de unos noventa grados sobre la pared por la que había estado avanzando. Giró y siguió avanzando con las manos puestas sobre esta nueva pared que parecía cuando menos tan abrupta como la anterior. A medida que avanzaba, su cabeza se llenaba de pensamientos inconclusos. Era incapaz de elaborar tan sólo una hipótesis concreta o completa. Todo eran frases del tipo, ¿y si...? Lo mismo...

Entonces llegó hasta otra pared que giraba del mismo modo que había hecho la anterior. Pensó que ahora caminaba en dirección contraria a la que llevaba cuando comenzó su búsqueda. El tiempo iba pasando y con él, y eso era lo más curioso, su estado se iba tornando más tranquilo, más relajado. No sabía por qué era eso, pero le pareció algo bueno ya que le permitía pensar con mayor claridad, o cuando menos dejaba su cabeza libre de ideas y de frases inacabadas.

La pared giró una vez más hacia su interior completando lo que debía de ser un cuadrado completo. Aun así decidió seguir avanzando, no fuera que se le hubiese pasado por alto algún detalle que tuviera una mayor importancia de la que ella le había dado. Esta vez tuvo la impresión de que la pared era mas larga que las dos últimas que había recorrido. A lo mejor por este lado llegaba hasta otro sitio donde hubiese un poco de luz y así hacerse una idea de donde estaba, pero no fue así. La pared giró una vez más sobre si misma del mismo modo que había hecho las veces anteriores. Durante un momento se quedó parada pensando, intentando organizar todo lo que su cerebro había recopilado. Se dio cuenta de que había estado caminando a cuatro patas, así que decidió levantarse no sin cierto cuidado, ya que no sabía que altura podría tener ese lugar. Intentó imaginar la forma de ese lugar y entonces pensó que si la última pared era mas larga, debería estar en algún lugar fuera de la estancia cuadrangular que sugerían esas otras dos paredes que había recorrido. Eso le llenó de aliento y la puso de nuevo en marcha.

Siguió avanzando, esta vez a un ritmo mayor, encontrando nuevas paredes cada vez mas largas que giraban del mismo modo que las anteriores, aunque eso la llevaba a la conclusión de que estaba dibujando una especie de espiral, y se estaba alejando del centro. En algún momento, y después de haber recorrido un número de paredes cuyo número ya no recordaba, giró una vez más descubriendo un halo de luz que se escapaba desde algún lugar detrás de una esquina que estaba delante de ella. Aunque el pasillo por el que caminaba ahora todavía estaba sumido en la más absoluta oscuridad, aceleró su paso hacía ese lugar. Cuando llegó allí, se giró para ver de donde provenía esa luz. Al principio no pudo ver nada, ya que sus ojos no estaban acostumbrados a tal claridad, y tuvo que ponerse una mano sobre la cara para intentar filtrarla al menos un poco. Sobre su cuerpo, el efecto de la luz era como el de un bálsamo cálido que le bañaba generosamente recargándola de energía. Miró por primera vez hacia el pasillo por el que había llegado hasta donde estaba ahora, descubriendo un lúgubre lugar construido en piedra oscura. No le extrañó entonces el tacto abrupto y frío de esas paredes que durante tanto tiempo había intentado reconocer.

Se giró nuevamente hacia el lugar de donde provenía la luz protegiéndose todavía los ojos con el dorso de la mano. Separando tímidamente los dedos pudo ver que esa claridad venía desde algún punto mas elevado de donde ella se encontraba. Hasta ese sitio avanzaba un pasillo que había sido arrancado a la piedra del mismo modo que todo el lugar por el que había estado deambulando desde que se había despertado. El suelo describía una pronunciada rampa que iba de modo regular desde donde ella se hallaba hasta el lugar de donde venía esa luz. Empezó a caminar por él con el ánimo de llegar al otro lado y así escapar de esa especie de cueva.



...Capítulo 2