Pedro en los Libros
Francisco Almazán Orejuela

CAPITULO VI




-¡Plaf!¡Plaf! despierta gandul, que nace un nuevo día de aventuras caballerescas y un caballero que se precie no se las puede perder.
Pedro despertó sobresaltado y miro a su alrededor viendo a un borrico y un caballo esquelético, junto a ellos un espigado hombre cubierto de hojalata que parecía una armadura de la edad media.

-¿Quien es usted?-dijo Pedro.
-Mi fiel Sancho, ¿que te ha pasado esta noche, acaso las hechiceras te han dado una pócima y te han borrado la mente?, ¿no te acuerdas de tu señor Don Quijote de la Mancha, el caballero más valiente del mundo?.

Pedro se quedó nos instantes pensativo, recordando todo lo que había pasado y resignandose a su nuevo nombre dijo:
-Digame Don Quijote ¿que vamos hacer ahora?
-Ahora, pues mont ar en nuestros corceles y cabalgar al encuentro de las más temerosas aventuras.
-¿Que dices escudero?, un caballero nunca tiene aventuras bastantes, monta en tu borrico y en marcha.

Cabalgaron largas horas donde Pedro sufrió en sus posaderas lo duro que era el lomo de su borrico, de pronto Don Quijote se detuvo y dijo alterado:

-Por fin Sancho se nos presenta la batalla, pues ahí delante tenemos a tres terribles gigantes que me provocan para la lucha.

Pedro miró a todos lados y no veía ningún gigante.
-¿Donde? Yo no veo nada.
-Pues ahí delante de nuestras narices.
-Yo solo veo tres molinos de viento.
-¡Ah! las malditas hechiceras han envenenado tus ojos y te hacen ver lo que no ves.
-Mire Don Quijote que a mi no me han hechizado y yo solo veo tres molinos.
-¡Calla hechizado! es hora de luchar por la justicia y defender a los débiles con mi espada.

Don Quijote espoleo a Rocinante, encaro su larga lanza y envistió con fiereza, por supuesto a los molinos no a los gigante que el creía ver, al llegar clavo su lanza en una de las aspas del molino, elevando a Don quijote y lanzandolo por los aires, de dio tal porrazo que se escucho a cinco kilómetros.

-¡Señor!¡señor! ¿se encuentra bien?, mire que se lo dije“no son gigantes, sino molinos”.

Don Quijote apenas pudo levantarse molido por el batacazo y con voz entrecortada por el dolor, dijo:

-Mi buen Sancho ahora son molinos pero antes eran gigantes y al ver mi valor que arremetía contra ellos, se transformaron en molinos.

Después de aliviar un poco las magulladuras de Don Quijote, los dos prosiguieron su camino, al caer la tarde llegaron a un hermoso prado y decidieron echar una siesta, soltaron a Rocinante y al burro Lucio por el prado. No muy lejos de allí habían diez o doce yeguas, Rocinante sin pensarlo aceleró el paso presumiendo para atraer la atención de tan bellas damas.
De pronto unos hombres aparecieron armados con palos y con mirada loca la prendieron a golpes con el pobre Rocinante pues no iban a permitir que un caballo con tan mala pinta montara sus preciosas yeguas.
Don Quijote despertó.

-¿Que hacen esos bellacos golpeando a mi fiel corcel?
Se arrepentirán y les devolveré cada golpe por triplicado.
-Mire Don Quijote que son muchos y nosotros solo dos.
-No temas mi bien Sancho que un caballero que se precie no teme a ejércitos de mil hombres.

Don Quijote desenvaino su espada y gritando se abalanzó sobre ellos, con tan mala pata que tropezó y cayó de morros; justo en ese momento comenzó a llover pero no agua sino palos sobre el pobre Quijote.
Pedro no sabia que hacer ante tal desventaja, pero por un segundo la lucidez le vino a la cabeza y tubo una brillante idea, empezó a chillar como un loco y espantó a la manada de yeguas que corrieron despavoridas, los hombres al ver a sus yeguas huir, dejaron al pobre Don Quijote y corrieron tras ellas.

- Señor, señor, ¿se encuentra bien?. -dijo Pedro asustado.
-Tranquilo mi buen Sancho, que casi estaba apunto de vencerles y como cobardes han huido.
-Bueno Don Quijote, si usted lo dice, pero lo veo muy magullado y usted no está para muchas batallas.
-Sancho, que sepas que el caballero andante tiene siempre el corazón joven y no importa la edad, en los libros de caballerías se narran batallas memorables realizadas por caballeros de más de ochenta años.
-¡jo! ¡que vitalidad!.
-Bueno Sancho, ayúdame a levantarme y prosigamos nuestro camino hacia la aventura.

Siguieron su camino y casi atardeciendo se cruzó en su camino un caballero montado en su corcel y luciendo su armadura plateada y armado con una larga lanza dijo:

-¡Quietos!, busco al famoso Don Quijot e de la Mancha para medir mis fuerzas con tan bravo caballero.
-Yo soy Don Quijote, ¿quien sois vos?.
-Mi nombre es el caballero de la Luna y vengo para decirle que jamas vi dama tan fea como Dulcinea del Toboso.
-¿Cómo os at revéis a decir tal infamia, bellaco? Mi Dulcinea es la más bella entre las mujeres y reto a muerte aquel que ose mancillar su belleza.
-Pues yo no lo creo y estoy presto para la lucha, mas con una condición.
-Hablad y preparaos para morir.
-Si pierdo el combate y sobrevivo, juro por mi honor que me postraré a los pies de su Dulcinea y en su nombre le diré que no hay mujer más bella en el firmamento.
-Lo veo justo. -dijo Don Quijote preparándose para la lucha.
-Pero si yo venzo en justo combate, dejará la vida de caballero andante y regresará a su casa.
-De acuerdo noble Caballero de la Luna, acepto sus condiciones, preparaos pues.

Como por arte de magia el cielo comenzó a ennegrecer y rayos y truenos rompieron con un fuerte estruendo.
-Sancho, dadme mi lanza.
-¿Qué lanza?, si se rompió en los molinos, bueno los gigantes.
-Pues buscad una rápido.
Pedro miró a su alrededor y solo vio una larga estaca tirada en el suelo.
-Bueno creo que esto servirá, tenga señor, gracias mi buen escudero, es hora del honor y la sangre.

De nuevo de entre las nubes, apareció el torbellino que se acercaba velozmente. Los caballeros se prepararon y fustigaron a sus caballos, raudos se acercaron el uno al otro con sus lanzas en guardia. Justo en ese momento, el torbellino capturó a Pedro y se lo tragó como de costumbre y solo pudo decir:

-Anciana ¡no!, ¡espere, todavía no!.
-¡Pedro, Pedro! despierta hijo.
-¡Ehhh!.- Pedro despertó sobresaltado- ¿que pasa?,¿por qué está todo tan oscuro?, ¿donde estoy?.
-Tranquilo hijo, solo era un sueño, hablabas en voz alta, decías no se qué de Don Quijote de la Mancha.
-¡Mamá! ¡estoy en casa!, solo ha sido un sueño, pero un sueño lleno de aventuras, exclamo Pedro aliviado.
-Anda Pedro tomate este Cola-cao calentito que te he preparado e intenta dormir de nuevo.
-¿Pero por qué esta todo tan oscuro?.
-Se a ido la luz, pero pronto volverá. Hala venga, a dormir. Hasta mañana hijo.

La madre de Pedro, se despidió con un tierno beso y salió de la habitación. Pedro quedó pensativo.
-Parecía todo tan real, pero todo ha sido un sueño.
-¿Tú crees?.

Era la voz de aquella anciana de la feria, sonó como si estuviera cerca, muy cerca, del suelo se alzó el libro mágico iluminado y en su portada podía leerse “PEDRO EN LOS CUENTOS”. El libro comenzó a girar velozmente y desapareció en una estela de luces, Pedro no daba crédito a lo que estaba sucediendo y dijo:

-Hasta siempre Pedro, mi joven aventurero.

La luz de la habitación se encendió y Pedro se levantó atónito pues todavía no se lo acababa de creer, se miró al espejo y vio que su ropa estaba sucia y llena de rotos.
Se quitó la ropa y al quitarse los pantalones cayó una moneda al suelo, era un doblón español.

-Fue real, la bella durmiente, los piratas, los garrotazos del ciego, los gigantes...

Pedro se acostó y pudo descansar plácidamente. A la mañana siguiente amaneció un día soleado, un sábado perfecto, Pedro se levantó temprano, se aseó y bajó corriendo las escaleras.

-Buenos días papá, buenos días mamá, me voy a la biblioteca, vendré a la hora de comer.
-Pero hijo, desayuna antes.-respondió su madre desde la cocina.
-No tengo tiempo, he de saber una justa entre caballeros. -y sin decir mas salió de la casa.
-Fran, tienes que hablar con tu hijo muy seriamente.
-¿Qué pasa ahora con el niño?
-¿No lo has oído? a dicho que se iba a la biblioteca, mi Pedro a la biblioteca, que raro, si nunca le han gustado los libros.

“EL PERIÓDICO”
Un joven a sido premiado por el Director de la biblioteca Municipal con un carnet de socio de por vida, por su fidelidad hacia los libros y por haberse leído 102 libros en tan solo un año.
Este niño llamado Pedro se mostró muy contento con su premio y fuentes oficiales aseguran que BLA...BLA...
BLA