Pedro en los Libros
Francisco Almazán Orejuela

CAPITULO IV




Una mano le cogió su brazo derecho, otra su brazo izquierdo, eran dos hombres con trajes de buzo de principio de siglo parecidos a los trajes de los ast ronaut as pero con una manguera que les suministraba aire por detrás del casco. Uno de ellos desconectó su manguera y se la pasó a Pedro, él la cogió se la puso en la boca y aspiro aire, el otro buzo señaló el fondo marino donde se había posado un enorme submarino y los tres se dirigieron a la entrada del misterioso submarino.
Entraron por una escotilla hasta llegar a un compartimento inundado, cerraron la puerta y el
compartimento comenzó a vaciarse y por fin Pedro pudo respirar a pulmón libre. De pronto desde una escalinata un hombre apareció y dijo:

-Profesor Aronnax, es usted un loco y un imprudente como se le ocurre escapar a cien pies de profundidad podía haber muerto y no le consiento que arriesgue la vida de mis hombres.
-Yo, yo estaba en “La Española” y una ola me arrojó al mar.-dijo Pedro tiritando de frío.
-¡No diga tonterías!, en la superficie no hay ningún barco- sargento, acompañe al profesor a su camarote y encierrelo.-Ordenó ese hombre con voz de mando y galones en los puños de su chaqueta-.
Un marinero con aspecto fornido y espalda ancha se acerco y dijo:
-Se ha cabreado el capitán Nemo, profesor que ideas tiene, mira que intentar escapar con el barco sumergido,¡eh! profesor, reaccione -soy yo- Ned Land.

Pedro se quedó sin palabras, como ausente, entonces entró un nuevo personaje en este lío.
-Profesor, ¿se encuentra bien? ¡oh, dios mio! esta empapado. Ahora mismo le traeré ropa seca.
Ned, le dijo al nuevo personaje:
-Está aturdido por el shok, Consejo.
-Señor, vuelva soy yo, Consejo, su mayordomo ¿se acuerda?, estamos en el “Nautilus”, pisioneros del capitán Nemo.
Pedro reaccionó y solo dijo:
-Quiero volver a mi casa.
-Pronto, muy pronto señor.- dijo Consejo.

Cuando de repente algo arremetió contra el submarino y las sirenas de zafarrancho de combate empezaron a sonar con fuerza y por los altavoces hablo el capitán:
-¡Atención! zafarrancho de combate, todos a sus puestos.
Ned le dijo a Pedro:
- Vamos al puente de mando a ver que ocurre. -Los tres corrieron por los estrechos pasillos del submarino, hasta llegar al puente, Ned dijo:
-¿Qué ocurre capitán?.
-Algo nos a enganchado y nos está arrastrando al fonfo.
-¿Qué es? Pregunto Pedro.
-Me temo que es un pulpo gigante.-dijo el capitán Nemo.
-¡Un pulpo gigante!-gritó Pedro.
-Teniente, diga a la sala de máquinas que se preparen para crear una descarga eléctrica en el casco del barco.-ordenó el capitán.
-¡Sí, señor!.- el teniente dio las instrucciones necesarias a la sala de máquinas.
-¡Capitán!-dijo Pedro.
-¿Si, profesor Aronnax?.
-¿Cree que funcionará?
-¡No lo sé! Dígamelo usted que es biólogo marino.
-¿Yo?, ¿yo biólogo marino?
-Si, usted, pues claro y recemos que funcione por que si nos hundimos a mas de trescientos pies
reventaremos por la presión.
Pedro volvía a estar met ido en otro lío, y solo se le ocurrió decir:
-Nunca había visto un pulpo tan grande.
-Pues los hay, mi querido profesor.-replicó Nemo.
-¡Mi capitán! Todo listo esperamos sus órdenes.-dijo el teniente.
-Accionen el mecanismo ¡Ya!.-ordeno el capitán.

El submarino empezó a emitir fuertes descargas eléctricas, las luces del interior se apagaron unos instantes.
- ¡Capitán! ¡No funciona!. - dijo el teniente.
-¡Vuelvan a intentarlo!. ordenó el capitán.
-¡si señor!, ¡atención! sala de máquinas, otra descarga.
-Teniente, los circuitos están sobrecargados, si emitimos otra descarga podría estallar todo.-dijo el jefe de máquinas.
-Es nuestra única posibilidad, ¿profundidad?.-preguntó Nemo.
-¡210 pies señor! y bajando.
-Accionen el mecanismo de descarga eléctrica.-ordenó el capitán.
De nuevo todo se quedo a oscuras.
-Señor, nos ha soltado. dijo el teniente.
-¡Emersión!.- ordenó el capitán.
Y poco a poco el submarino empezó a subir y por fin salió a la superficie.
-¡Hurra! Grito Pedro aliviado, pero de nuevo otra sacudida estremeció el submarino.
-¿Qué pasa ahora?. preguntó Pedro.
-¡Es el maldito pulpo otra vez!.-dijo Ned.
-Teniente, coja a cinco hombres armados, salgan a cubierta y maten a ese maldito bicho.
-¡A sus órdenes, mi capitán!.
Ned entonces dijó:
-Capitán déjeme salir, soy el mejor arponero de Inglaterra y se como acabar con el pulpo.
-Esta bien, ¡salga!.

Los siete hombres salieron a cubierta y se pusieron a disparar con sus fusiles mientras Ned con su enorme arpón buscaba la oportunidad de clavárselo entre ojo y ojo.
Las balas no le hacían mucho daño y Ned entre tantos tent áculos no conseguía apuntar, pero lo peor estaba por llegar.
Pedro por curiosidad y como últimamente se había vuelto un poco temerario decidió asomarse por la escotilla para ver la batalla que se estaba librando, con tan mala suerte que uno de los tentáculos lo e ngancho y lo elevó acercandoselo peligrosamente a la boca del monstruo marino, Pedro veía su fin muy cerca, cuando escuchó la voz de Ned.

-Profesor agachese.
-Pedro se agachó y por el rabillo del ojo pudo ver como el enorme arpón de Ned le pasaba a escasos 3cm de su cabeza, pero por fortuna para él se clavó entre los ojos del pulpo, muriendo al instante, Pedro liberado cayó sobre la cubierta del “Nautilus” y dijo:

-¡Madre mía, que poco ha faltado!
Ned se acercó.
-¿Como se encuentra profesor?.
-Bien, un poco magullado pero entero, apropósito y si le digo que mi nombre es Pedro servirá de algo.
-Ya se como se llama, Pedro Aronnax biólogo marino.
-¿Pero a que viene todo esto?, es que yo me llamo Pedro Sanz, tengo 12 años y no soy el Aronnax ese, ni biólogo marino.
-Bueno si usted lo dice, pero le aconsejo que deje la bebida, estropea la mente.
-Es inútil, no se ni por que insisto, yo, ya no se ni quien soy yo.
-Por cierto profesor nos estamos acercando a las costas de Terranova, según mis cálculos hemos
recorrido 20.000 leguas desde que nos recogió el capitán Nemo.
Como si de un rayo se tratase algo colisionó con la popa del submarino provocando una fuerte explosión.
-¿Todo el mundo a sus puestos! ¡inmersión nos ataca un barco!.-grito el capitán Nemo .
Rápidamente todos entraron en el submarino y se sumergió, las explosiones se sucedían constantemente alrededor del submarino, tanto que estremecían el casco.
-¡Profundidad máxima!. ordenó Nemo.
-Quiero un informe de daños.
-¡A la orden capitán!.
-Tenemos una brecha en la popa, los compartimentos A y B, están inundados.
En medio de este lío Ned le dijo a Pedro:
-Profesor nos hundimos sin remedio, hay que salir de aquí.
-¿Por qué nos atacan?.-preguntó Pedro-.
-¿Por qué? y aún lo pregunta, Nemo le declaro la guerra al mundo y a hundido 18 barcos ya.

Como no habían bastantes problemas ya, surgió uno nuevo: debajo del fondo marino suelen haber cuevas y cuando el techo cede por el peso del océano comienza a llenarse la cueva de agua y mientras se forma un terrible remolino y el capitán no tuvo mas remedio que ordenar el abandono del submarino puesto que entre la brecha y el remolino todo estaba perdido. Pedro,
Cómodo y Ned llegaron a la zona inundada.

-Hay que salir por la brecha e intentar llegar a la superficie, cojamos los trajes de buzo y en marcha.- dijo Ned.
Los tres se pusieron los trajes y salieron por el enorme boquete pero se encontraron con el terrible remolino.
Al instante comenzaron a girar violentamente, su final estaba cerca, muy cerca, Ned pudo agarrarse a una roca, Cómodo se agarró a los pies de Ned y Pedro al pie de Cómodo, Pedro giró la cabeza y vio como el“Nautilus” se metía de lleno en la cueva y una fuerte explosión anunció el final del capitán Nemo y todo cesó, la calma borró todo rastro de la tragedia.

Los tres comenzaron el ascenso hacia la divina superficie, al llegar vieron que estaban solos a la deriva y que habían sido los únicos supervivientes, entonces Ned dijo:

-¡Mirad! ¡un barco! ¡estamos salvados!.
Era un barco pesquero, que los recogió y en pocas horas pisaban tierra firme, desembarcaron en una playa y comenzaron a caminar hacia la ciudad. Iban caminando cuando Pedro escuchó la voz de la anciana de la feria que le llamaba.
-¡Ven, ven Pedro!.
Pedro se distancio de sus compañeros de viaje y se desvió del camino, siguiendo la voz, cuando sin darse cuenta cayó en un agujero que estaba tapado por unas ramas, a cada segundo Pedro caía a más profundidad y no veía el final del maldito pozo.

..... Capítulo V