Pedro en los Libros
Francisco Almazán Orejuela

CAPITULO II

                                                                             
Una luz cegadora molestaba a Pedro que tumbado en el suelo, empezaba a despertarse. De pronto abrió los ojos y dijo:

- ¡Uf!, ¡solo era un sueño, menos mal!.

Pero al agachar la cabeza, vio una manzana mordida, Pedro se levanto asustado sin comprender nada.

- ¡Hola! Joven príncipe. -Dijo una voz que procedía de detrás de unos arbustos-.
- ¿Quien anda ahí?. -Exclamó Pedro-.
- Soy el guardián de la leyenda.

Un anciano encapuchado y de negro con una gran barba blanca que le llegaba hasta la cintura, se acercó a Pedro y le dijo:

- Una noche, las estrellas me anunciaron tu llegada y me señalaron el lugar de nuestro encuentro.
- Perdone señor, pero creo que se confunde de persona.
- Las estrellas nunca se equivocan y tú sin duda eres el elegido, el príncipe de corazón puro.
- Mire buen hombre, no sé lo que está pasando aquí, pero le aseguro que yo no soy ningún príncipe.
- Pero, ¿como puede ser que tú no seas el elegido?
- Que no de verdad, que yo me llamo Pedro.
- Habrá sido la malvada bruja del pantano tenebroso, te habrá hechizado. -Dijo el anciano, mientras Pedro cada vez se sentía más confuso-.
- Yo solo quiero volver a mi casa.
- Pero, príncipe Pedro, tú no puedes darle la espalda a tu destino, hay que romper el maligno hechizo.
- ¿Qué hechizo? -Preguntó Pedro intrigado-.
- ¿No conoces la leyenda de la bella durmiente?.
- Pues la verdad, no la he oído nunca.
- Esa maldita bruja te ha borrado la memoria, pero no importa yo te la contaré.

Hace mucho tiempo, existió un reino prospero y maravilloso, gobernado por unos reyes comprensivos y justos con su pueblo. No tardaron mucho en tener descendencia, fue una niña muy hermosa y los reyes se pusieron tan contentos, que celebraron una gran fiesta e invitaron a todo el reino.

Incluso invitaron a todas las hadas buenas de su reino.
Cada una de las hadas concediéronle una virtud a la bella princesa a parte de los miles de regalos que llevaron sus súbditos.

De pronto, interrumpió la fiesta la malvada bruja del pantano tenebroso, muy enfadada por que no había sido invitada a la fiesta dijo:

“Yo maldigo a este reino y maldigo a esta niña, que cuando cumpla quince años, se pinchará con un huso y caerá muerta”.
(
huso: máquina que se utiliza para hilar la lana).

La bruja se marchó dejando el eco de una carcajada perversa. Pero una de las hadas que todavía no le había concedido ninguna virtud se dirigió a los reyes y les dijo:

- Vuestra hija no morirá, quedará sumida en un profundo sueño que durará cien años, solo el beso de un corazón puro la salvará.

El rey ordeno quemar todas las máquinas de hilar y prohibió su uso en todo el reino.
Pasó el tiempo y la princesa creció bella y querida por todos y llego el día en que cumplía quince años.
Se organizó una fiesta maravillosa con muchos regalos y muchos amigos; al terminar la fiesta, la princesa se retiró a descansar a sus aposentos, al entrar en su habitación se encontró una enorme caja, que sin saberlo se la había dejado la malvada bruja.

La princesa pensando que era un regalo de sus padres la abrió y se encontró con un huso, como nunca había visto ninguno y nadie le había hablado de tan singular máquina se puso a trastear con su nuevo regalo y como ocurre siempre en estos casos al final se pinchó en un dedo con la enorme aguja del huso.
Cayó desplomada al suelo y se sumió en un profundo sueño y todas las personas y animales del reino acompañaron en el sueño a la pobre princesa, pero ellos además se convirtieron en estatuas de piedra.

No contenta la bruja, plantó la semilla de una enredadera de espinas, esa planta empezó a crecer y crecer hasta cubrir las torres más altas del castillo.
Era una planta embrujada, si la cortas al instante vuelve a crecer, muchos caballeros lo han intentado pero todos perecieron en el intento.

- ¡Vaya historia! -dijo Pedro sorprendido-.
- Es hora de partir príncipe Pedro, solo queda un día para que se cumplan los cien años de letargo.
- ¿Y qué pasará a los cien años? -pregunto Pedro-.
- Que si no a despertado ya no despertará jamas.
- Vamos a ver buen hombre, ¿que pinto yo en esta historia?.
- Tú eres la última esperanza de la princesa.
- ¡Yo!, no pretenderá que me meta en ese bosque de espinas.
- Es lo que esperábamos que hiciera el elegido.
- Ni loco me meto yo en semejante lugar, además no a dicho que si cortas las espinas vuelven a crecer.
- Gracias a las hadas podrás pasar, me han dado la espada del buen fuego con la que podrás atravesar el bosque de espinas.
Sacó de su capa una espada y al desenvainarla la hoja se cubrió de fuego.
- Lo siento pero yo no valgo para estas cosas.
- Necesitamos tu ayuda príncipe Pedro.
- Deje de llamarme príncipe, yo no soy ningún príncipe y además soy un miedica, sí, un cobarde, lo siento pero no puedo ayudarle.
El anciano con el rostro triste dijo:
- Entonces todo esta perdido, es el fin para la bella durmiente.
Y el anciano, comenzó a alejarse poco a poco.

De nuevo la voz de la anciana de la feria habló a Pedro:
“Busca en lo más profundo de tu corazón y encontrarás la semilla del valor”.
Pedro se quedó unos segundos pensativo y de pronto se levantó y dijo en voz alta:
- Esta bien, lo haré.
El anciano se detuvo y susurro:

- Bien, todavía hay una esperanza; toma la espada de fuego y cumple con tu destino, que las hadas te protejan príncipe Pedro.
- Que pesado con lo de príncipe, bueno, que es lo que tengo que hacer.
- Atraviesa el bosque de espinas y sube a la torre más alta del castillo, encontrarás a la princesa en su lecho de flores, dale un beso del más puro amor y se despertará.
- Y ya está, eso es todo.
- Sí, es todo.
- Bueno, pues parece fácil, pero le advierto que a laúltima chica que besé me dio un guantazo.
- No importa príncipe Pedro.
- Y dale con lo de príncipe, todos están locos, y yo metiéndome en todos los líos, nunca aprenderé.

Pedro se alejó susurrando y maldiciendo en dirección al bosque de espinas. Al llegar desenvaino su espada y comenzó a cortar las espinas que lo cubrían todo, poco a poco hizo camino por ese bosque endemoniadamente enredado, dos horas después por fin llegó al enorme portón del castillo.

- ¡Uf! Estoy agotado, menos mal que se acabó el bosque.

Pedro abrió la enorme puert a y entró, en su camino hacia la torre iba esquivando cientos de estatuas de los habitantes del castillo. Los centinelas seguían en sus puestos después de cien años, el herrero con la mano en alto agarrando su enorme martillo seguía inmóvil pero con vida, justo en su yunque unos pájaros habían anidado.

Por fin llegó a la torre, subió por una estrecha escalera de caracol, al llegar a lo más alto de la torre abrió laúltima puerta, y se encontró a una hermosa chica tumbada sobre flores de jazmín. Pedro se acercó tembloroso y justo cuando iba a darle el beso mágico, una voz que venia del cielo le dijo:

- ¡Como tú, osas a romper mi hechizo eterno!.
Era la malvada bruja del pantano tenebroso que montada en su escoba daba vueltas a la torre.
- Mire señora, que yo soy un “mandao” -dijo Pedro, como intentando escurrir el bulto.
- Seas, quien seas, morirás.

La bruja pronunció unas palabras en una lengua desconocida para Pedro y comenzó a transformarse en un terrible dragón negro, con ojos rojos y tan grande como un avión.
El dragón lanzaba fuego por su boca y su mirada era perversa y maligna, Pedro no tenía frío pero temblaba como un flan y justo cuando ya veía su final muy cercano, la vieja feriante le habló:

- Recuerda Pedro, la semilla del valor has de regarla con acciones valerosas.

Pedro levantó la cabeza y vio como el dragón caía en picado sobre él, alzo su espada y la inclinó hacia atrás, con toda su rabia la lanzó hacía el dragón atravesándole el corazón. La malvada bruja volvió a transformarse, pero esta vez en su aspecto original y herida de muerte comenzó a caer, a gran velocidad cayó en su bosque de espinas. Pedro cayó arrodillado y con un susto tremendo comenzó a reír por no llorar y de sopetón cayó, estuvo unos instantes en silencio y luego se levanto.
Se acercó a la princesa y con mucha suavidad la beso en los labios.
Toda la gente comenzó a despertar y el bosque de espinas desapareció.

Por cierto, ¿os acordáis de aquel herrero que con su martillo en alto estaba petrificado? Al despertar pondría en peligro la vida de cuatro polluelos de ruiseñor. Pero tranquilos, pues al despertar no dio el golpe mortal pues abrió la mano y le cayó el enorme mart illo en la cabeza, perdiendo el conocimiento al instante (pobre hombre, después de cien años de sueño, despertó y volvió a dormir).

La princesa se levantó y miró a Pedro con ternura y le dijo:
- ¿Quién eres?.
- Bueno yo soy Pedro, el que te ha dado el beso.
- ¡Ah! ¡ya!, tú eres mi príncipe azul.
- No, mira, yo es que no soy príncipe.
- ¿Qué no eres príncipe?
- No, no lo soy, ¿pasa algo?.
- ¿Que si pasa? Impostor, que a mi me tenía que haber besado un príncipe y no un plebeyo.
Seguidamente le “arreó” tal bofetada que Pedro se fue hacia at rás cayendo desde lo alto de la torre, caía a gran velocidad y veía cercano su fin.
Pero por suerte para Pedro, del suelo surgió un torbellino y se tragó al pobre Pedro.
                                                                                   

..... Capítulo III