Pedro en los Libros
Francisco Almazán Orejuela

CAPITULO I




Y caminando iba ese niño de doce años llamado Pedro, matando marcianitos con su videojuego de bolsillo, se olvidaba del mundo a su alrededor.

Pedro sabía que no muy lejos de su casa, la feria se había instalado y decidió darse una vuelta. A lo lejos, pudo divisar la enorme noria, miles de luces iluminaban el recinto y esperando pasar un rato divertido, se encaminó veloz a su encuentro.

Al llegar empezó a observar los diferentes recintos de la feria, los coches de choque, una inmensa montaña rusa, el pulpo... pero no le convencía ninguna atracción.

Entre part ida y partida de su videojuego, se le acabó la feria y a pocos metros, en un lugar poco iluminado se encontraba una pequeña caseta cochambrosa y de aspectos ruinoso.

Por pura curiosidad se acercó y vio una ruleta hecha de madera y en unas estanterías descubrió unos cuantos libros con tapas de color tierra oscura y nada escrito en sus portadas, de pronto una voz salió de detrás de unas cortinas.

-Jovencito, ¿quieres probar suerte?.
Pedro, un poco asustado respondió.
-¿Y cual es el premio?
-Un libro.
-¡Un libro!, no me gustan los libros.
-¿Por qué?.
-Los libros son un rollo, además no he leído ninguno.

Salió de entre las cortinas, una anciana de extraña apariencia, que tenía el pelo de color naranja, con unas mechas de color verde alga, y tenia un pendiente en un lateral de la nariz, aparte de los múltiples que llevaba en las orejas.

La anciana miró a Pedro sorprendida y dijo:
-¡No me puedo creer que no hayas leído nunca un libro!.
-No, prefiero los videojuegos de bolsillo y la “play” que tengo en casa.
-¿La “play”?. No sé que es.
-Es la cosa más divertida del mundo.
-¿Más que los libros?. - Le preguntó la anciana-.
-Pues claro, los libros son muy aburridos. -Respondió Pedro-.
-¿Cómo sabes que los libros son aburridos, si no has leído ninguno?.
-Si, una vez leí una página de no me acuerdo que libro y era un “plomazo”.
La anciana asintió con la cabeza, y mirando fijamente a Pedro le dijo:
-Abriendo la puerta solo no sabrás como es el resto de la casa. ¿Por qué no pruebas fortuna en mi ruleta?.
-¿Cuanto vale?.
-Nada, es gratis.
-Bueno, pues si no pierdo nada, probare suerte.
Con fuerza hizo girar la ruleta y segundos después se detuvo la flecha señalando una marca de color blanco nubes.
-¡Qué suerte! ¡Has ganado el mejor premio!.
Dijo la anciana muy contenta, se agachó y abrió un baúl que tenía a sus pies, sacó un libro con tapas blancas y lleno de polvo.
-Toma pequeño, este es tu premio.
-¿Esto?, no lo puedo cambiar por otra cosa.
-No, es lo que te ha tocado.
-Pues que suerte la mía, ¿De qué trata el libro?.
-De peligrosas aventuras, de maravillosas fantasías, de sueños hechos realidad.
-Suena bien ¿Cómo se titula?.
-Tendrás que leerlo para averiguarlo, vete a tu casa es hora de cerrar.
De pronto, corrió una cortina y apagó sus cuatro velas.

Pedro se quedó muy extrañado y un poco desorientado y pensó en voz alta.
-Pues vaya con el premio, además sin título.
Decidió marcharse a su casa con su misterioso premio.

Al llegar a casa, subió a su cuarto y arrojó el libro sobre la cama y se puso a jugar con su maravillosa “play”. Sin darse cuenta, poco a poco se quedó dormido, de pronto se despertó bruscamente y se dio cuenta que todo estaba apagado y una oscuridad tenebrosa inundaba toda su habitación. Justo en el momento en el que iba a llamar a su madre, una luz clara y blanca salió del misterioso libro.

Confundido y lleno de curiosidad se acerco y lo cogió entre sus manos, se sentó y se decidió a echarle una ojeada. Abriendo la portada, el libro se iluminaba con luz propia y empezó a leer:


Este es el libro del viajero, del aventurero, del intrépido.
Donde el torbellino de mágico libro siempre aparece en la siguiente página.
Si deseas continuar y descubrir el mágico mundo de los libros, pasa la página.


Pedro se quedó intrigado y se lo tomó como un reto personal. Pasa página y pasó página.

De pronto un torbellino salió de la página y un viento huracanado envolvió toda la habitación, Pedro fue absorbido por aquel torbellino de colores y tragado por el libro.
De pronto se despertó tumbado en el lecho de hojas secas de un bosque de grandes árboles y frondosa vegetación, a su lado un enorme cuchillo en su mano derecha.

Pedro empezó a chillar de puro pánico.

-No gritéis Blancanieves.-dijo el misterioso hombre.
-Se equivoca, yo no soy esa persona.-Respondió Pedro muerto de miedo.
-Mi señora me ha ordenado que os maté y le lleve vuestro corazón.

Pedro empezó a arrastrarse intentando huir, pero no encontraba ninguna escapatoria, de pronto el hombre se arrodillo y empezó a llorar mientras decía:

-¡Marchaos Blancanieves!, adentraos en lo mas profundo del bosque y no regreséis jamás.

Pedro no podía creer lo que estaba pasando y no pudo articular palabra, posiblemente su miedo le dio fuerzas para levantarse y correr como nunca lo había hecho.

Veloz como un galgo, cada vez se alejaba más de ese hombre que no dejaba de gritar.

-¡Huid Blancanieves! Huid y no regreséis jamás.
Pedro no dejaba de correr mientras su cabeza se llenaba de dudas y preguntas.
-¿Por qué me quería sacar el corazón?, ¿Quién es esa Blancanieves?, ¿Dónde estoy?.

Sin darse cuenta, se adentraba cada vez más en el bosque y este se volvía a cada paso más lúgubre y tenebroso. Pedro agotado se detuvo y muy asustado comenzó a llorar mientras se decía sin parar: “es un sueño, solo un sueño, pronto despertaré y todo habrá pasado”.

La noche se le echaba encima y el bosque lo envolvía todo con sus sonidos extraños. Pedro veía rostros extraños en cada tronco, en cada sombra y su miedo aumentaba por momentos.
De pronto a lo lejos vio una pequeña cabaña que estaba iluminada por un cañon de luz que entraba por un hueco del espeso bosque. Sin pensarlo dos veces se acerco buscando refugio y ayuda. Al llegar a la puerta, llamo repetidamente mientras decía:

-¡Hola!, ¿hay alguien ahí?, por favor, ¿pueden ayudarme?.

Nadie contesto y de tantos golpes que dio la puerta se abrió lentamente, pues no estaba cerrada con llave.

-¡Hola!, ¿hay alguien?, ¡hola! ¿me pueden ayudar?.

Como nadie contestaba decidió entrar, dentro de la cabaña todo era muy pequeño, había una diminuta mesa en medio del salón, con siete t aburetes también muy pequeños y encima de la mesa siete platos que de pequeños que eran parecían platos de un juego de café.

-¿Quien vivirá aquí? - Se pregunto Pedro mientras subía al piso de arriba. Al entrar en la habitación se encontró con siete camitas y Pedro se dijo a si mismo -¡caramba! aquí debe vivir gente muy pequeña.
Estaba tan cansado, que decidió esperar a los dueños de la casa tumbado en cinco camitas que juntó. Poco a poco, el sueño le venció y se quedó dormido plácidamente.

La noche empezaba a llegar y del bosque se escuchaba el rumor de gente que se acercaba a la cabaña, eran siete, siete pequeños hombrecillos que volvían a su casa después de un duro día de trabajo en su mina de diamantes. Al llegar a la puerta uno de ellos dijo:

-¡La puerta está abierta!, alguien ha entrado.
-Sera un fantasma del bosque o peor un ogro “come enanos” - dijo otro de los hombrecillos-.
-Entremos y echemos a quien este en nuestro hogar.
-Si entremos. -dijeron todos a una-.

Los valientes enanitos entraron juntos como una piña temblorosa, miraron en el salón y no había nadie, miraron en la cocina y no había nadie, uno de ellos, escuchó un ruido que provenía de la habitación de arriba.

-¡Creo que esta arriba! -dijo el más joven-.
-Lo mejor es que subamos todos juntos, la unión hace la fuerza y no sabemos lo que podemos encontrar -dijo sabiamente el más viejo del grupo. Al llegar a la puerta, la abrieron lentamente y encontraron a Pedro durmiendo plácidamente.

-¡Eh tú, despierta!.
Pedro abrió un ojo y se encontró con siete enanitos mirándole con cara de pocos amigos.
-¡Hola! Dijo Pedro.
-¡Hola! -Contestó el de expresión más huraña-.
-¿A ti te parece bonito entrar en casa ajena y acostarte en nuestras camas?.
-Perdonadme, pero estaba asustado, iba huyendo de un hombre que me quería matar y sacarme el corazón, pero pude escapar y corrí y corrí hasta que encontré esta cabaña y me refugié buscando ayuda.
-¡Oh! Que terrible historia que has hecho para que te quieran matar.
-Yo nada, estaba en mi casa y un remolino me tragó al abrir un libro, de pronto me encontré en el bosque con ese hombre al que le habían mandado sacarme el corazón, pero se confundía de persona, nombraba a una tal Blancanieves.
-¡Blancanieves! ¿es así como te llamas?.
-No, no, mi nombre es Pedro.
-Pedro, extraño nombre para una niña.
-Pero, yo no soy una niña, soy un chico.
-Mira niña quizás por el susto desvar íes un poco, seremos pequeños pero no ciegos.
-No entiendo nada, me estoy volviendo loco. -se dijo Pedro a si mismo-
-Bueno Blancanieves ¿que vamos a hacer contigo?.
-Que no me llamo Blancanieves, me llamo Pedro.
-Bueno, bueno no te alteres, pero sigo pensando que Pedro no es apropiado para una niña. -dijo el más viejo de los enanos-.
-Y si le llamamos Blancapedronieves dijo el más tímido
¡si!,¡si! Gritaron todos muy contentos.
-Llamadme como queráis, pero ayudadme a volver a mi casa, por favor.
-Tranquila niña te ayudaremos. ¡haber! ¿dónde vives?.
-Calle Pintor Sorolla, número 3, puerta 2.
-¿Y dónde está eso?.
-Pues en Valencia.
-¿Valencia? ¿que es Valencia?.
-Mi ciudad.
-Ciudad, ¿que ciudad?.
-Esto es una pesadilla, no entiendo nada.- dijo Pedro muy asustado-.
-Tranquila Blancapedronieves ahora descansa y mañana más descansada verás como lo ves todo de otra forma.
-Eso es, debo estar en un sueño y mañana cuando despierte todo volverá a la normalidad.
-Buenas noches Blancapedronieves.
-Buenas noches amigos. -y Pedro poco a poco se durmió y los enanitos se bajaron al salón y empezaron a comentar:
-¡Qué cosas más raras nos pasan!.
-Sí, es verdad.
-¡Blancapedronieves! Que nombre más largo.
-Habrá que buscarle un nombre más corto.
-¡Ya está! ¿que os parece Rupertina?.
-¡Rupertina! Ja, ja, ja, que nombre más feo.
-Ten cuidado con lo que dices, mi madre se llama así.
-Bueno ¡basta ya!, todo el mundo a dormir, mañana sera otro día.

A la mañana siguiente Pedro se despertó de un sobresalto gritando:
-¡Mama! ¡mama!.¡ He tenido una horrible pesadilla.

Pero su madre no estaba y seguía estando en el mismo lugar que la noche anterior, Pedro saltó de las camas y bajo corriendo las escaleras, la cabaña estaba vacía pero había una nota sobre la mesa:

"Clotilde-Rupertina-Faustina-Crisantema- Carlotina- Amapolistica-Tartadefresasymiel, hemos ido a cortar leña, volvemos enseguida". Los siete enanitos.

Al poco rato sonaron unos golpes en la puerta y Pedro abrió la puerta de la cabaña, ante si había una gentil anciana que llevaba una cesta de manzanas.

-¡Hola pequeña! ¿Estas sola?. -dijo la anciana-.
-Es que en este lugar todos están locos ¡que soy un chico!, solo falta que me llame Blancanieves
-¡Blancanieves! Que nombre más bonito.
-¡Bueno, esto es el colmo!. -dijo Pedro cansado y rendido-.
-¿Quieres comprar una manzana a esta pobre anciana?.
-Lo siento, pero no tengo dinero.
-Da igual, me caes muy simpática, te invito, toma.
Pedro cogió la manzana, con una amplia sonrisa.
-Anda Blancanieves, dale un mordisco y verás que sabrosa es.
-Muchas gracias, la verdad es que tengo mucha hambre.

Pedro le dio un mordisco a la manzana y empezó a sentirse mareado y con un sudor frío que le recorría todo el cuerpo, las fuerzas se le escapaban y las piernas le temblaban y al final cayó al suelo.
La anciana comenzó a transformarse y se convirtió en una malvada bruja.

-¡Ja, ja, ja! ¡caíste en mi trampa Blancanieves!, ahora yo seré la más hermosa del reino.
La bruja se marchó, mientras Pedro poco a poco se empezaba a apagar. Una voz que procedía de todas partes repetía constantemente.

-¡Pedro, Pedro, Pedro!.
Era la voz de la anciana de la feria que le decía:
-¿Cómo se te ha ocurrido comerte la manzana?.¿Es que no sabías que estaba envenenada?
-¿Cómo podía saberlo?.- contestó casi en las últimas-.
Quizás esto no hubiera ocurrido, si hubieras leído “Blancanieves y los siete enanitos”.

..... Capítulo II