Ese lado de la habitación
Jose Vte. García

 
Todas las noches, la niña, miraba al fondo de la pared y se reía, a veces sonreía timidamente y otras reía a carcajadas, con esa risa entre histérica y contagiosa tan típica de los bebés, luego al cabo de unos minutos, pocos, la niña se quedaba durmiendo, con una expresión placida y una respiración profunda y relajada.

A su madre y a mí, al principio, nos hacía mucha gracia ver como de repente, la niña, se echaba a reir sin mas, poco a poco con el paso de los días, nos empezó a intrigar al no encontrar ningún motivo claro y real para que eso sucediera dia tras dia.

Nuestra niña era un bebé sano y feliz, y desde luego no parecía para nada preocupante la repentina ausencia y alegría que demostraba sin ningún motivo aparente.
El ceremonial se repetía todos los dias, a las ocho tomaba su biberón, nunca quiso tomar el pecho a pesar de la insistencia de su madre, después el baño, que se convertía en un ritual de juegos y risas entre su madre, la niña y yo, una vez limpia y perfumada con ese aroma a jabón Nenuco que desprendía, y que tan buena sensación a hogar dejaba, la acostábamos en su cuna, y tras unas carantoñas entre los tres y algunos jueguecitos, la niña de repente desviaba la mirada al fondo de su habitación, ignorándonos, la miraba fijamente, y al cabo de unos segundos se echaba a reir, sin mas, eso duraba un par de minutos, luego, poco a poco, relajada y confiada, iba cerrando los ojos y se quedaba profundammente dormida, esos minutos transcurrían como si nosotros no estuvieramos allí, desde el momento en que desviaba la mirada hacia la pared, hasta que se quedaba dormida, no reparaba en nosotros, era como si no existiéramos, así es que una vez dormida, la tapábamos con su mantita y la dejábamos dormir.

Al principio, el asunto nos hacía mucha gracia, pero poco a poco, nos empezó a intrigar, no era, en realidad, preocupación, la niña no demostraba ningún mal, ni comía, ni dormía peor, tampoco lloraba mas de la cuenta, mas bien al contrario, parecía dormir mas y mejor por las noches, era sobre todo curiosidad e intriga, que se acrecentaba dia a dia, conforme fueron pasando las semanas.
Pensamos que un pequeño cuadro infantil que adornaba su habitación podría ser la causa ya que se encontraba cerca de donde ella miraba, pero tras retirarlo, las risas diarias no cesaron.

Probamos a darle la vuelta a la cuna, y que la niña durmiera mirando a otro lado de la habitación, pero durante los dias que duró el cambio, dejó de reir antes de dormirse, pero también aumentaron los llantos y las malas noches, le costaba mas dormir, y cuando lo hacía se despertaba, sin motivo aparente, mas a menudo, convirtiendo las noches en auténticas pesadillas, también inexplicablemente empezó a comer menos.

Tras consultarlo con su pediatra, decidimos que lo mejor era volver a colocarla como hasta entonces, mirando hacía "su" lado de la habitación, milagrosa e inexplicablemente, las risas volvieron y los llantos cesaron, podríamos decir que todo había vuelto a la normalidad.

Un dia, de repente, todo cesó, mejor dicho, el dia que cumplió su primer año, dejo de ocurrir, la niña siguió durmiendo placidamente, pero dejó de mirar a la pared para hacerlo, nos miraba a nosotros mientras iba cerrando relajadamente los ojos y se dormía, y ya no lo volvió a hacer nunca más.

Poco a poco, nosotros nos fuimos olvidando del asunto, nos siguó intrigando durante algún tiempo, pero con el paso de los años, y conforme la niña iba creciendo, lo fuimos olvidando, hasta el dia en que cumplió diez años, aquella mañana se despertó y vino a contarnos un sueño que había tenido, "un sueño de verdad", dijo.
En el veía su habitación, su antigua habitación de cuando era bebe, su cuna, sus muñecos y sus balancines colgantes, y como desde un lado de la habitación, aquel que siempre mas le había gustado, y donde ahora depositaba sus mejores y mas preciadas pertenencias en la estantería que allí colocamos, gracias a su insistencia, allí, en ese rincón de la habitación, soñó que se le aparecia su abuelo, y le volvía a dar las buenas noches, nos dijo que era el mismo que estaba en las raidas fotografías en color sepia, que conservábamos.

Se lo contamos, como durante su primer año de vida había estado mirando ese lado de la habitación y que tras sonreir alegremente se dormía placidamente todas las noches.

Nunca más volvió a ocurrir, pero todas las noches, mientras vivió en esa casa, la niña miraba ese lado de la habitación y sonreía.